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domingo, mayo 10, 2026

LA LUZ DE REVERÓN Por Douglas Zabala



Armando Julio Reverón Travieso, nació el 10 de mayo en Caracas en 1889. En los días del nacimiento de este ilustre pintor, Venezuela aún sentía la influencia del guzmancismo, con Juan Pablo Rojas Paúl en la presidencia. En ese contexto, la educación artística formal apenas se consolidaba con la Academia de Bellas Artes de Caracas abriendo camino a escasas promociones de jóvenes talentos.

 

 

Cada 10 de mayo, desde 1983, a propósito que desde el gobierno de Luis Herrera Campíns y siendo Luis Pastori el ministro de Cultura, se emitiera el decreto que establecía el Día del Artista Plástico en honor al natalicio de Armando Reverón y en homenaje a quienes en Venezuela con lienzos y pinceles, expresan su arte.

 

Mucho se ha dicho sobre este mágico pintor venezolano, pero fue el poeta cantor Alí Primera quien lo dibujó para el pueblo con versos que capturan su esencia: “Amarillo de su mango, azul de su litoral. Con rojo de sol poniente, pincelada al despertar”.

 

A los 19 años, Reverón ingresa a la Academia de Bellas Artes, donde conoce a Manuel Cabré, futuro pintor del Ávila. En 1911 viaja a España para continuar su formación en Barcelona y Madrid. Al regresar, se establece en La Guaira, donde imparte clases privadas de pintura.

 

En los carnavales de 1918 conoce a Juanita Mota, su musa y compañera inseparable. Desde su Castillete, creado en 1921 con sus propias manos en Macuto, crea un estilo único, influenciado por la luz del sol y materiales poco convencionales.

 

La obra de Reverón suele dividirse en tres etapas fundamentales. En el período azul que va desde 1919 hasta 1924. Durante este tiempo, Armando, explora atmósferas sombrías y oníricas en obras como La cueva y Fiesta en Caraballeda, donde predominan los azules profundos del paisaje nocturno.

 

Luego viene el período blanco, que según los estudiosos de la obra de Reverón la inicia en el año 1924 y concluye en 1934.  Según me ha contado uno de mis amigos pintores, ese fue el periodo de mayor producción, en el que, deslumbrado por la intensa claridad del trópico, pinta obras como El rancho (El caney) o Uveros, descomponiendo las formas para atrapar la luz más que la realidad visible.

 

Finalmente, el período sepia (1935-1954) surge tras sus crisis nerviosas; abandona el óleo y pinta sobre papel o telas con pigmentos creados de la naturaleza, utilizando incluso palos quemados como pinceles. Su obra comprende más de 450 pinturas y 150 dibujos, además de inquietantes muñecas de trapo y esculturas textiles.

 

En 1933, su obra salió del Castillete rumbo al Ateneo de Caracas y luego a París, donde fue premiado en la Exposición Internacional de 1937. Décadas después, Alí Primera le rindió homenaje en su canción: “Reverón titiritero, Reverón el muñequero. Reverón pintor del pueblo, con pinceladas de sueños”.

 

En nuestro suelo patrio han nacido y se han forjado innumerables artistas plásticos de reconocida trayectoria nacional e internacional, destacando Jesús Soto, Federico Brandt, Alejandro Otero, Mercedes Pardo, Francisco Narváez, Cesar Rengifo, Cristóbal Rojas, Carlos Cruz Diez, Manuel Cabré, Arturo Michelena, y Jacobo Borges, entre otros.

 

Hoy, en el Día del Artista Plástico, rindo tributo a nuestros pintores  Edgar Queipo, Ángel Peña, Henry Bermúdez, Ender Colina, Ender Cepeda, Robert Arcaya, Luis Bermúdez, Luis Cueva; y por supuesto, a quienes han guardados sus pinceles, Manuel Vargas, Francisco Bellorín, Emerio Lunar, Paco Hung y Gabriel Bracho.

 

A todos ellos y a todos los artistas plásticos rindamos homenaje con la fuerza y belleza que merece. ¡Que viva el arte! ¡Que viva la Luz de Reverón!

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