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domingo, abril 26, 2026

La Casa de la Moneda de EE. UU. compra oro de un cartel de Colombia y lo vende como ‘estadounidense’



A medida que los precios del metal se disparan, las salvaguardas de la industria se han roto.

Cada año, la Casa de la Moneda de Estados Unidos vende más de mil millones de dólares en monedas de oro de inversión. Cada una lleva estampado un icono como el águila calva, que significa la garantía del gobierno, exigida por ley, de que el oro es 100 por ciento estadounidense.

“Tener una moneda o medalla producida por la Casa de la Moneda es conectar con los principios fundacionales de nuestra nación”, declara la Casa de la Moneda.

Pero una investigación de The New York Times ha descubierto que el programa gubernamental de venta de oro se basa en una mentira. En realidad, la Casa de la Moneda es el último eslabón de una cadena que lava oro extranjero, en gran parte extraído ilegalmente, para un mercado insaciable.

La Casa de la Moneda compra oro procedente de una mina de un cartel de la droga colombiano. Fabrica monedas de la Dama de la Libertad con oro procedente de casas de empeño mexicanas y peruanas y de una mina congoleña que pertenece en parte al gobierno chino, según muestran los registros. Parte del oro de la Casa de la Moneda procede de una empresa en Honduras que excavó un cementerio indígena para extraer la mena que había debajo.

Vista aérea de un paisaje desnudo salpicado de pequeños estanques y lagos teñidos de rojo, verde y azul. A lo lejos se ve algo de vegetación y edificios.
Los mineros del oro han talado los bosques y praderas a lo largo del río Nechí, en Colombia. Los charcos de colores brillantes que salpican la zona están contaminados por la minería.

En 1985, el Congreso prohibió a la Casa de la Moneda fabricar lingotes de oro extranjero, con el fin de evitar que el proceso se viera involucrado en violaciones de los derechos humanos, principalmente en la Sudáfrica del apartheid. La Casa de la Moneda ha incumplido esa ley, tanto bajo gobiernos demócratas como republicanos y a pesar de advertencias internas.

Ahora, incluso la moneda de oro de 24 quilates del presidente Donald Trump, que conmemora el 250.º aniversario de Estados Unidos, podría proceder de un flujo de oro no estadounidense procedente de distintas y numerosas fuentes.

La Casa de la Moneda, el nombre más importante del mercado mundial en cuanto a monedas de oro de inversión, es un ejemplo de cómo se han derrumbado las salvaguardas del sector. Los precios del oro rondan los 5000 dólares la onza, unas cuatro veces el precio de hace una década. Esto supone un enorme incentivo para que las organizaciones delictivas y los operadores clandestinos exploten el oro de forma descuidada, destructiva y arriesgada.

Los inversores compran oro como protección contra la inestabilidad. Casi todos los atentados terroristas, guerras y crisis financieras del último cuarto de siglo han alimentado un frenesí de compra de oro.

Sin embargo, a medida que los precios suben cada vez más, los compradores ricos en realidad están ayudando a crear la misma inestabilidad contra la que intentan protegerse.

La minería del oro financia la brutal guerra civil de Sudán y la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El aumento de los precios del oro ha ayudado a Venezuela e Irán a atenuar los efectos de las sanciones financieras. El cartel más grande de Colombia, el Clan del Golfo, trafica con oro además de cocaína, y utiliza esas ganancias para mantener el control mediante asesinatos y ataques con bombas. Los mineros ilegales deforestan y contaminan la Amazonía, lo que ocasiona el envenenamiento de sus habitantes con mercurio. Grupos terroristas, entre ellos algunos vinculados a Al Qaeda, también se están involucrando en el negocio del oro.

Tres personas se agachan y trabajan en aguas turbias.
Los trabajadores de las minas ilegales soportan largas jornadas y condiciones tóxicas.
Una mano muestra una pequeña cantidad de metal plateado en un dedo mientras pasa agua turbia por un canal de madera.
El mercurio, como en esta gota mezclada con oro, es altamente venenoso.

Cuanto más fácil sea vender este oro en las bolsas legítimas del mundo, más fácil será hacer la guerra, sostener una autocracia, lavar dinero o destruir el medioambiente. El oro de los carteles de la droga que acaba en la Casa de la Moneda de Estados Unidos es un ejemplo de ese proceso en acción.

Los principales actores del sector hablan de líneas claras entre el oro legal y el delictivo. Se supone que comprarlo de una fuente acreditada, como la Casa de la Moneda, garantiza que no se beneficien los delincuentes, los terroristas y los contaminadores. En realidad, la Casa de la Moneda ha mirado hacia otro lado durante décadas mientras entraba oro de dudosa procedencia en su planta de West Point, Nueva York.

Hemos rastreado cientos de millones de dólares en oro extranjero que ha entrado en la cadena de suministro de la Casa de la Moneda en los últimos años. Esto incluye oro de segunda mano, cuya procedencia es difícil o incluso imposible de determinar, y oro procedente de países como Colombia y Nicaragua, donde la industria está vinculada a grupos delictivos.

Cuando nos pusimos en contacto por primera vez con la Casa de la Moneda, un portavoz dijo que su oro procedía íntegramente de Estados Unidos, como exige la ley. Cuando les comunicamos nuestros hallazgos, la Casa de la Moneda dijo que su oro procedía “principalmente” de Estados Unidos.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, cuyo departamento supervisa la Casa de la Moneda, dijo que investigaría las prácticas de adquisición de oro.

“Esta revisión se enfoca en garantizar que los proveedores de oro de la Casa de la Moneda de Estados Unidos cumplen la ley y satisfacen estrictamente sus obligaciones, y que la Casa de la Moneda toma todas las medidas posibles para seguir salvaguardando enérgicamente nuestra seguridad nacional y mantener la integridad del mercado”, dijo en una declaración escrita.

Para que el oro extranjero extraído ilegalmente se convierta en una moneda American Eagle, suceden dos actos que parecen propios de la alquimia.

En primer lugar, el oro ilegal se convierte en legal.

En segundo lugar, se convierte en estadounidense.

Para ver cómo funciona este truco de prestidigitación, viajamos al corazón del territorio del Clan del Golfo, en el noroeste de Colombia. Un trayecto de seis horas desde Medellín nos llevó por la vertiente norte de los Andes hasta las tierras bajas tropicales.

A las afueras del pequeño municipio de Caucasia, un letrero anunciaba que habíamos llegado a un rancho ganadero que es “administrado por el fondo para la reparación de las víctimas, aporta a la reconciliación y la Paz en Colombia”.

Dos trabajadores en una zona con aparatos industriales.
Maquinaria para la minería en Caucasia, en el noroeste de Colombia.
Gente trabajando en una fosa de barro llena de agujeros y con agua marrón en el fondo.
Una excavación en busca de oro en La Mandinga, una mina controlada por un cartel. El trabajo es ilegal y destructivo para el medioambiente.

Estaba claro que el gobierno colombiano había perdido el control hacía tiempo. La señal al lado del camino estaba carbonizada. Un anciano criaba gallos de pelea. Por todas partes, los trabajadores estaban desmontando la tierra, con lo que incumplían abiertamente la prohibición de la minería.

Los mineros llaman al rancho La Mandinga, el nombre de un espíritu maligno.

https://www.nytimes.com/es/

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