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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

domingo, marzo 22, 2026

EL ESPÍRITU DE BARRANQUILLA Por Douglas Zabala



A LOS 95 AÑOS DEL PLAN DE BARRANQUILLA

 

El 22 de marzo de 1931, mientras Juan Vicente Gómez consolidaba su dictadura con puño de hierro desde Miraflores, doce venezolanos desterrados se reunían del otro lado de nuestra frontera en tierras de Barranquilla para firmar un documento que se atrevía a desafiar al régimen más longevo de América Latina.

 

Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Valmore Rodríguez y los demás firmantes del Plan de Barranquilla no solo redactaban un manifiesto político: estaban sembrando las bases conceptuales de la democracia venezolana del siglo XX, aunque sus resultados tardarían décadas en florecer.

 

La dictadura gomecista había consolidado una alianza perversa entre tres fuerzas: el latifundio terrateniente, el caudillismo militar y las corporaciones transnacionales petroleras. La Standard Oíl, la Royal Dutch Shell y el Royal Bank operaban como los verdaderos dueños de la hacienda nacional, mientras Gómez fungía como capataz encargado de mantener el orden represivo que garantizaba sus ganancias.

 

De allí que los firmantes del Plan de Barranquilla señalaron: “Ya las masas venezolanas están armadas de la resolución vehemente de armarse”. Jamás imaginaron que hubo de esperar la salida del poder de Gómez, no derrocándolo sino hasta cuando la muerte se lo llevara como en efecto sucedió.

 

Aquel cometido no se cumplió, pero lo que sí tuvo una histórica repercusión fue el resto del Plan de Barranquilla; ya que fue la primera vez que un grupo de activistas por la democracia, presentaran ante el pueblo un proyecto político y un programa de acción inmediata, donde se tenía por norte tomar el poder y desarrollar la Venezuela del futuro.

 

El ambicioso Plan contemplaba una especie de “Programa Mínimo” donde entre otros objetivos estaban: Hombres civiles al manejo de la cosa pública con exclusión de todo elemento militar; Garantías para la libre expresión del pensamiento; Creación de un Tribunal de Salud Pública; Expedición de decretos protegiendo a las clases productoras de la clase capitalista y Campaña de alfabetización para las masas obreras y campesinas.

 

Pedro Juliac, Pedro Rodríguez, Ricardo Montilla, Mario Plaza Ponte, Simón Betancourt, Carlos Peña Uslar, César Camejo, Juan J Palacios y Rafael Castillo son parte de los firmantes aquel 22 de marzo de 1931 y los mismos que asumieron que ese documento sería el Manifiesto Político de la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI), fundada a los pocos días en la misma ciudad de Barranquilla.

 

Los venezolanos vinieron a saber de forma pública la existencia del Plan sólo cuando en el año 1936 bajo el gobierno de Eleazar López Contreras en el Libro Rojo, saliera publicado que los 12 de Barranquillas eran unos “peligrosos comunistas”. Este plan redactado por Betancourt sería el antecedente político más remoto de los orígenes de Acción Democrática. Los que suscriben este plan se comprometen a luchar por las reivindicaciones en él sustentadas y a ingresar como militantes activos en el partido político que se organizará dentro del país sobre sus bases.

 

En este siglo XXI nuevamente, Venezuela enfrenta una transición donde el respeto a la soberanía popular, ese principio cardinal que los doce de Barranquilla colocaron en el centro de su proyecto, aparece como la única salida posible a la crisis institucional. La exigencia de elecciones presidenciales libres como mecanismo para superar las fallas de la democracia resuena con la misma convicción que en 1931, cuando aquellos jóvenes exiliados entendieron que el poder debe emanar del pueblo y no de las armas ni de alianzas foráneas.

 

Después de casi cien años, el espíritu del Plan de Barranquilla sigue siendo como el rayo del Catatumbo en la tormenta: la democracia plena sigue siendo una tarea pendiente que reclama, como entonces, voluntad política, reencuentro de todos los venezolanos y respeto irrestricto al mandato popular.

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