
Los latinoamericanos hemos vivido una dispendiosa fantasía, luchando contra la mano invisible de un mercado desconocido, mientras nos debatimos en las garras visibles de Estados opresores, concentradores, centralizadores, corruptos, militarizados que impiden a toda costa que estas hermosas y feraces tierras prosperen y crezcan.
Vivir en las entrañas de sociedades donde el Estado es el monstruo capaz de controlarlo todo significa que gran parte de la población sobreviva en la indigencia, en pobreza sin esperanzas. Son los Pueblos Tristes que tanto duelen en la voz de Otilio Galíndez.
El Estado desdoblado en institución extractiva y totalitaria exuda los rasgos de ese ADN particular. Lo primero, revive sin mucha teoría la Planificación Centralizada, que d,cide la existencia humana en todos sus registros. el trabajo, la producción, el consumo, la cultura, el arte, los deportes, cuál tipo de zapatos usar, qué aprender y sobre todo, impone fronteras al pensamiento y creencias. En los últimos 20 años (aproximadamente 2003-2024), más de 400 medios de comunicación han cerrado en Venezuela, siendo las emisoras de radio las más afectadas (cerca de 285), seguidas por periódicos (87), canales de TV y medios digitales, según reportes de ONG como Espacio Público, en un contexto de restricciones a la libertad de prensa. Esto explica el afán exterminador hacia cualquier medio de comunicación como ha ocurrido entre nosotros. El disfraz del Estado totalitario como institución demoledora es una cacareada superioridad moral, la falaz representación de todos, los pobres victimizados en una suerte de práctica religiosa, oferta de trueque de paraísos a cambios de votos, inmovilismo y subordinación ante maniobras destructoras. Cualquier historia o recuento sobre los Estados latinoamericanos hasta hace muy poco tiempo, con escasas excepciones, mostraba nuestra poblaciones seducidas por el fraude socialista, caso de El Salvador, Argentina, Bolivia, Chile, venerando a quienes los han maltratado históricamente, tiranos y corruptos, en versión del síndrome de Estocolmo, verbigracia Perón, Evita y Cristina en Argentina.
Sin rubor alguno, podemos constatar una gran oportunidad para Venezuela: haber abandonado la creencia en la mano visible del Estado. Mes tras mes los sondeos lo repiten, el apoyo al socialismo se reduce a porcentajes ínfimos, alrededor de 10%. La gente experimenta que mientras más se aposenta el Estado en su existencia, más triste, miserable y sin esperanzas es la vida, ha sufrido el aplastamiento de la mano visible del Estado en el salario, educación, salud, política, pero no en sus íntimos pensamientos. Aun sabiendo que disentir puede costar hambre, prisión y muerte.
“La erosión salarial en Venezuela es extrema, causada por la hiperinflación y la devaluación constante, dejando al salario mínimo oficial (fijado en 130 bolívares desde 2022) con un valor simbólico (menos de 0,50 dólares) a finales de 2025, incapaz de cubrir la canasta básica, lo que ha llevado a una precariedad laboral masiva, dependencia de remesas y emigración de millones de trabajadores buscando mejores ingresos, a pesar de los bonos gubernamentales que no generan beneficios laborales.”
Cualquier idea de cambio, reforma, corrección de fracasos ha sido juzgada como traición a la patria. Patria transmutada en un territorio envenenado por los genes de un socialismo fortificado con el espurio uso de las armas de la República. Es traición denunciar los desafueros, opinar, tratar de corregir. Nuestros últimos procesos electorales han sido la gran evidencia especialmente porque han constituido no la representación de sectores ilustrados y clase media, sino porque han expresado la opinión de los sectores populares totalmente convencidos del fracaso del socialismo y de la posibilidad de vivir mejor con base en donativos populistas.
Paradójicamente, no ha sido traición a la patria entregar las Fuerzas Armadas a países extranjeros, ceder el territorio y riquezas a grupos delincuenciales extranjeros como el ELN o aliarse con terroristas que explotan al mundo con su violencia, Hezbolá y Corea del Norte. Financiar a dictadores socialistas, carniceros de sus pueblos, medrando a expensas del perfecto idiota latinoamericano que hasta ahora había abundado en nuestros pueblos.
En este tránsito o despertar los venezolanos no estamos aislados, buena parte de la humanidad visualiza el final del nefasto ciclo socio histórico que ha condenado esta región del mundo. Eliminar la mano visible del Estado es la gran tarea, abrir las puertas y rescatar el derecho de propiedad de los venezolanos, su posibilidad de decidir y convertirse en actores o sujetos de su propia historia.
Venezuela goza hoy de esta ventaja comparativa incomparable en el mundo, sus intelectuales, estudiantes, profesionales, obreros, amas de casa, vecinos y ciudadanos en cualquier circunstancia de sus vidas, saben que el dominio de la mano visible del Estado impide que haya justicia, anula el Estado de derecho, coarta el desarrollo de capacidades, vocaciones e intereses, oscurece la posibilidad de soñar y crear. Decreta la muerte de la imaginación. Todo lo que ha existido hasta ahora es proyección del Estado y los grupos que han controlado esta gran máquina exterminadora, el verdadero Matrix de esta época histórica.
Nuevas puertas se abren, podemos seguir en la peleíta, defender desde el teclado a los que aspiran ejercer su derecho a votar, impedir la destrucción de todo el que se asoma y asume compromisos, impulsar esfuerzos, denunciar nuevos traidores con todas nuestras neuronas, convencidos de que el universo se puede expandir en esta tierra de gracia, además de salir de poderes opresores y sus combos, es posible construir una sociedad de gentes responsables de sus actos, con proyectos de vida y levantar instituciones que incluyan, respalden e inviertan en un Mejor Venezolano.
Basta de negativismo, si el llamado mantra se cumple en determinada secuencia, lo importante es avanzar hacia la luz, estratégica y flexiblemente, sorteando trampas, corrigiendo errores, acertar en rutas que permitan que la luna no amanezca más alumbrando “Pueblos Tristes”.
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