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sábado, noviembre 06, 2021

América Latina está en medio del reto de Biden para recuperar terreno perdido ante China. Por José Luis Carrillo



Las recientes visitas a Ecuador y Colombia de Antony Blinken, secretario de Estado de EE. UU., indican que la Casa Blanca está viendo con renovado interés a la subregión al tiempo que busca frenar la creciente influencia del gigante asiático


La competencia entre las dos principales economías del mundo ha iniciado un nuevo capítulo a partir de la decisión del gobierno de Joe Biden de impulsar un plan económico para hacer crecer su economía y ganar la carrera a su rival, China, capítulo que tiene a América Latina en el centro de la disputa en vista que el gigante norteamericano aspira recuperar terreno perdido ante su rival asiático.

La administración de Donald Trump impulsó una guerra comercial con China, lo que llevó a ambos países a imponer una serie de aranceles a sus bienes y servicios y disputar encarnizadamente los mercados. Biden, a su vez, ha decidido mirar hacia las posibilidades de su propio país para buscar el crecimiento económico, y parte de esta iniciativa también contempla volver a hacer de América Latina su más cercano aliado comercial.

El pasado 28 de octubre, y durante un discurso pronunciado en la Casa Blanca, Biden anunció un ambicioso «marco económico histórico», para competir con China.

«Tenemos un marco económico histórico que creará millones de puestos de trabajo, hará crecer la economía, invertir en nuestra nación y nuestra gente, convertir la crisis climática en una oportunidad y que nos pondrá en el camino para ganar la competencia económica por el siglo XXI contra China y todos los demás países importantes del mundo», expresó el mandatario norteamericano.

Esto lo hizo luego de haber enviado en el mes de octubre delegaciones económicas y políticas a países de América Latina. A principios de ese mes, el asesor adjunto de Seguridad Nacional para la Economía Internacional, Daleep Singh, encabezó un grupo interinstitucional que visitó Colombia, Ecuador y Panamá con el objetivo de explorar proyectos de inversión en obras públicas en los que Estados Unidos pueda contrarrestar la influencia China en la región.

Según afirmó en esa oportunidad la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Emily Horne, la visita demostró el compromiso del presidente Biden de fortalecer los lazos de EE. UU. con América Latina y reducir las enormes brechas en infraestructura física, digital y humana ampliadas por la pandemia de covid-19.

Poco después, específicamente el 20 de octubre, el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, cumplió una gira por América Latina, que le llevó a reunirse con el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso y, seguidamente, con el mandatario de Colombia, Iván Duque.

Estas visitas permiten deducir que EE. UU. está mirando con renovado interés a América Latina y lo hace dándose cuenta de que su competencia con China se ve amenazada por la fuerte presencia que el gigante asiático está teniendo desde hace unos 10 años en la región. Con lo que la estrategia no se circunscribe solo a lo comercial sino que es parte de una estrategia geopolítica.

Entre los temas abordados por Blinken con los Jefes de Estado de Ecuador y Colombia figuran el «persistente problema de Venezuela», que se refiere a la posición de EE. UU. de considerar ilegítimo el gobierno de Nicolás Maduro; así como la ola migratoria hacia el norte, que ha llevado a cientos de habitantes de países suramericanos a llegar hasta la frontera de EE. UU. con México y también, y muy especialmente, la rivalidad con China.

El discurso de Biden del 28 de octubre confirmó que el nuevo acercamiento de EE. UU. con América Latina —región que, salvo por la férrea política de Trump contra los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, pareció fuera del radar de la administración estadounidense— está enmarcado en un plan de grandes dimensiones que el nuevo inquilino de la Casa Blanca espera sea aprobado por el Congreso de su país y que permita a la potencia norteamericana evitar el quedar rezagada ante el crecimiento de China.

*Lea también: Entre hermetismo y confidencialidad avanzan las inversiones con la Ley Antibloqueo

Analistas internacionales consultados por TalCual, coinciden en señalar que existe un renovado interés por parte de EE. UU. en América Latina y que el mismo está enmarcado en el deseo de la potencia norteamericana de crecer económicamente y frenar a su vez el crecimiento chino. Comentaron los elementos de esta nueva estrategia norteamericana y las posibilidades de recuperar el tiempo perdido.

Rescate de doctrina Monroe

Para Carmen Beatriz Fernández es muy evidente que, ante ese agresivo interés que ha mostrado China en la subregión, se ha despertado el interés de EE. UU.

«Está claro que a EE. UU., geopolíticamente hablando, no le interesa que China adquiera tanto poder y está consciente de que tiene obvias ventajas competitivas por un tema de proximidad geográfica en América Latina. Así que la lógica de los movimientos de Blinken es retomar la doctrina Monroe: América para los americanos», explicó Fernández.

En su opinión, no hay dudas de que, «en términos del poder blando de la diplomacia» a EE. UU. les interesa mucho retomar su ascendencia sobre la región y evitar que China siga expandiéndose dentro de un territorio que fue afín al país norteamericano a lo largo del siglo XX.

«China viene demostrando gran interés en la subregión desde hace más de una década y con grandes inversiones a través del Banco de Desarrollo de China. Ante esto, EE. UU., que por un tema geopolítico tendría que tener un mayor interés, ha venido actuando muy tímidamente y no pareciera haber habido cambios desde que se estrenó la administración Biden» indicó.

Sostuvo que, al iniciarse el mandato del demócrata se esperaba que hubiese una postura más clara sobre lo que iba a ser la política exterior de EE. UU., pero que no la ha habido porque el mundo cambió las prioridades geopolíticas en gran medida producto de la pandemia por la covid-19.

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1 comentario:

  1. Sostuvo que, al iniciarse el mandato del demócrata se esperaba que hubiese una postura más clara sobre lo que iba a ser la política exterior de EE. UU., pero que no la ha habido porque el mundo cambió las prioridades geopolíticas en gran medida producto de la pandemia por la covid-19.

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