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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
jueves, octubre 21, 2021
Hacia un país sin “fantasmas económicos” Henkel Garcia
La realidad que se presenta en Venezuela es una dinámica exacerbada al extremo, donde siempre son los mismos grupos quienes disfrutan de los privilegios económicos que el sistema crea. “Es un mecanismo que castiga con pobreza e inamovilidad social a la mayor parte del país, mientras pequeños sectores se enriquecen bajo distintas modalidades, algunas legales y honestas, pero muchas otras no tanto”. ¿Hasta cuándo es viable que algunos venezolanos se hagan la vista gorda y se limiten a vivir de espaldas a la situación actual del país?, ¿solo con un cambio político de envergadura se eliminarían los “fantasmas económicos”?
Por distintas vías me llegó un artículo de Andrés Otero publicado en El Nacional, titulado “Los fantasmas económicos”. Las ideas allí plasmadas pudiesen ser duras, hasta polémicas. Sin entrar en discusión sobre algunas de las cifras allí mencionadas, quiero concentrarme en la idea central del artículo: Venezuela es hoy un país con una economía de poco tamaño, pero en el que un pequeño sector de la población sí tiene capacidad de consumir (y generar riqueza) y que, para unos cuantos, eso basta.
Lo primero que quiero decir es que no es extraño que un sector de la población pueda tener mejor situación económica que otra. Esa realidad es muy distinta que la que presenta Venezuela, en la que esa dinámica es exacerbada al extremo y además hace que siempre sean los mismos grupos quienes disfruten de los privilegios que el sistema crea. Es un mecanismo que castiga con pobreza e inamovilidad social a la mayor parte del país, mientras pequeños sectores se enriquecen bajo distintas modalidades, algunas legales y honestas, pero muchas otras no tanto.
Es más, es posible que el Gobierno siga flexibilizando la economía, que esta crezca algo más durante 2022, pero será insuficiente para disminuir de forma significativa la cantidad de “fantasmas económicos”; también será insuficiente para que esos sectores puedan seguir creciendo de manera sostenida.
“Nos queda 25% de la economía per cápita que teníamos hace 8 años, y el 30% de la que teníamos en 1998. Es mucho el camino que recorrer, lo cual requerirá cambios profundos”
Como venezolanos sería impropio estar de acuerdo con lo que pasa, no es viable que nos hagamos la vista gorda y nos limitemos a hacer vida, a convivir con la situación actual. Sería cuestionable desde lo ético y lo moral, pero además, no sería lo mejor si estamos pensando en nuestro bienestar personal, familiar, o del país entero.
Si realmente queremos una Venezuela distinta, con pocos, muy pocos fantasmas nos va a hacer falta mucho más. Nos queda 25% de la economía per cápita que teníamos hace 8 años, y el 30% de la que teníamos en 1998. Es mucho el camino que recorrer, lo cual requerirá cambios profundos.
Por ejemplo, existe un consenso sobre la necesidad de financiamiento externo (principalmente del lado de la inversión) para una recuperación económica franca y sostenida. Por otro lado, se habla de la necesidad de una nueva institucionalización, no solo para abrir las posibilidades de que esa inversión llegue, sino para que podamos tener unas bases sólidas para el convivir nacional. Esto es solo para nombrar un aspecto de corte institucional de una lista larga de carencias por superar. Pero cabe una pregunta que he hecho en otras ocasiones: ¿Es posible todo lo enumerado sin un cambio político de envergadura?
Los fantasmas no desaparecerán mientras ese cambio no se dé. Yo no quiero fantasmas, no es digno que lo sean. Quiero venezolanos de carne y hueso que puedan desarrollarse plenamente como individuos y que ese proceso nos lleve a ser una gran nación.
Los fantasmas no desaparecerán mientras ese cambio no se dé. Yo no quiero fantasmas, no es digno que lo sean. Quiero venezolanos de carne y hueso que puedan desarrollarse plenamente como individuos y que ese proceso nos lleve a ser una gran nación.
Los fantasmas no desaparecerán mientras ese cambio no se dé. Yo no quiero fantasmas, no es digno que lo sean. Quiero venezolanos de carne y hueso que puedan desarrollarse plenamente como individuos y que ese proceso nos lleve a ser una gran nación.
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