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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, febrero 04, 2019

¿Es inminente la salida de Maduro? riesgos y perspectivas Por Carlos Hermoso

Este asunto del imperialismo y la cuestión venezolana, copa la escena planetaria. Estamos frente a un evento en el cual se desarrollan de manera clara las políticas imperialistas. La tesis de cobijarse con un imperialismo para enfrentar otros, cobijarse bajo un bloque para enfrentar otros, ha salido cara. Pero sigue subyaciendo. De lado y lado.

Siempre ha sido así. El chavismo, para salir airoso frente a la presión estadounidense, se entregó al proyecto chino. Además, la relación con Rusia, coronada con la compra de equipo militar que supone el cambio de buena parte del parque, es una señal de que se cambia de dependencia.

Brics, bloque que se convirtió en su oportunidad como el más ambicioso del mundo. Se ha ido debilitando a raíz de las contradicciones entre China e India a propósito de la ruta y la franja china, que favorece e integra a Pakistán, nación enfrentada a India en asuntos diversos. También, la salida del PT de la conducción de Brasil debilita al bloque en cuestión. Inicialmente con el golpe de Estado institucional contra Dilma Rousef, seguido el presidio al que fue sometido Lula, que trajo como corolario el triunfo de Bolsonaro, claramente identificado con los intereses estadounidenses, desplazan a Brasil al lado estadounidense. Lo que conduce a China y Rusia a aferrarse a los espacios conquistados. Así, coincide la necesidad imperiosa chavista de mantenerse en el poder con la aspiración del bloque liderado por China.

Son varios los episodios en los cuales se presenta la contradicción que se realiza hoy en Venezuela. Siria ciertamente fue intervenida por fuerzas apadrinadas y financiadas por EEUU. Asesores estadounidenses se encargaron de la formación de grupos armados. Junto a determinaciones políticas y económicas diversas, la cosa derivo en una devastadora guerra. Pero no se pueden negar las luchas del pueblo sirio contra la dictadura de Bashar Al Assad. Antes, los libios luchaban contra el despotismo de Mohamar Ghadafi. El bombardeo estadounidense y europeo, impusieron una salida que permite el reparto de ese país entre las potencias que participan en el derrocamiento de Gadafi. Todavía no se logra la unificación del Estado libio. La tragedia humana resultó mayor a la “ayuda” prestada para el derrocamiento del tirano.

Vale el escrito de Ruben Blades del 1 de febrero a tales efectos. Sin pérdida alguna da cuenta de la situación venezolana reivindicando el asunto de la soberanía, rechazando la injerencia estadounidense.

“Toda mi vida he expresado mi posición de no apoyar intervenciones en los asuntos internos de otro país. Por años he expresado abiertamente mis críticas a los Estados Unidos, por sus actos fariseos y sus contradicciones, y por el daño que ha causado a terceros históricamente, amparado en la supuesta búsqueda de la satisfacción de miopes intereses nacionales. Su actual presidente es el mejor exponente posible de lo peor que esa gran nación tiene para ofrecer al mundo e, igual que muchos, lo considero la mediocridad más grande y peligrosa que jamás haya sido vista en la historia de la política norteamericana, por no decir mundial. Nadie puede acusarme de ser un partidario de Donald Trump y sus estupideces. No estoy de acuerdo, no apoyo, no aplaudiré ni justificaré una invasión de Trump a Venezuela. Mi Panamá ya experimentó la horrible experiencia de una invasión, acto que dejo profundas heridas en la Nación, que aun no cicatrizan.

“El problema de Venezuela debe ser resuelto por Venezolanos, no por “marines”, ni “cosacos”, ni cubanos.

“No caigan en la trampa de pillos que se disfrazan de socialistas. Lo que hacen no es socialismo: es corrupción sustentada por un populismo insostenible, para satisfacer sus propios intereses egoístas. El escenario no es muy diferente al de los anteriores, cuando Adecos o Copeyanos corruptos saqueaban al país en nombre de una democracia ficticia y se hacían pasar por defensores del interés nacional”.

Es una historia muy vieja. En nuestro continente podemos remontarnos a Hernán Cortez, quien aprovechó las contradicciones internas del imperio azteca. Las comunidades sometidas por los aztecas con justa razón deseaban la abolición de quienes los exprimían. Igual hizo Pizarro contra los incas. Aprovechando la debilidad que supone para una fortaleza, las contradicciones en su seno, son aprovechadas por el invasor para luego someterlos a todos.

Estas experiencias, sin embargo, no suponen la negación de un hecho objetivo, prevalece la coincidencia de derrocar a Maduro.

La cuestión es cómo atender ese tipo de circunstancia con sentido nacional y popular. Cómo sacar provecho de la contradicción imperialista sin quedar atenazados por un imperialismo que busca sacar provecho. Más cuando la presión internacional luce en los actuales momentos como la determinación principal para la salida de Maduro y sus mafias. Mientras, el movimiento popular no cuenta con una dirección política que parece no estar ganada a adelantar la rebelión.
La crisis, la dirección

La fractura del bloque de poder, que no es dualidad del poder, es el fruto de una crisis política derivada de un proceso cuyas determinaciones en última instancia son de naturaleza económica. La coincidencia que se produce entre la ambición de Chávez por afianzarse en el poder y la aspiración china por penetrar el área de influencia estadounidense, el patio trasero del entonces imperialismo hegemónico, derivó en la implantación de un régimen despótico hoy agotado.

Así, definitivamente, la crisis política venezolana evidencia aquello que los de arriba no pueden seguir gobernando a la vieja manera. Los de abajo tampoco quieren seguir siendo gobernados así. Evidencia pues que se trata de una crisis revolucionaria. Es una crisis que deja a Maduro sin la fuerza como para desconocer a Guaidó.

El presidente interino, por su parte, es reconocido por una cantidad importante de países. Por dos bloques imperialistas y algunos de los países bajo su influencia en América Latina. Cuenta con la fuerza que brinda la movilización de millones de venezolanos enfrentados al régimen. Protagonismo ganado por la fuerza, contundencia, espíritu de lucha y con la sangre regada por cientos de venezolanos caídos en desigual combate, que parece no ser reconocido por quienes han asumido la conducción en el terreno político.

Sin embargo, la eficacia política parece centrada en la presión internacional. Lo que da pie a dejar subalterna la participación popular que apenas sirve como telón de fondo de un camino estratégico centrado en lo anterior. Lo que anuncia el perfil dominante del cambio alcanzado ante la salida de Maduro.

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