No esperaba tantas reacciones enfáticas cuando se me ocurrió “tuitear” que el cambio insinuado en Zimbabue era modélico para nuestro país. Los datos concurrentes me parecían ilustrativos, y ahora más. Pero como en Venezuela cierto abstencionismo extremo rechaza indignado negociar nada distinto a la expulsión de Nicolás Maduro y entrevé perversidades ocultas tras cualquier flexibilidad opositora, se explica su insólito hostigamiento a la Asamblea Nacional venezolana y su decisión de descartar que la de Zimbabue tenga importancia. Alegan que aquello fue un golpe sin más. La verdad los ciega.
Los “veteranos militares”, aliados de Mugabe desde la épica liberadora de 1980, comprendieron que su permanencia en el poder fracturaba intereses fundamentales comenzando con los del partido oficialista Zanu-pf. Temiendo ser condenados por golpistas -Africa tiene la vista puesta en Zimbabue igual que el mundo en Venezuela- entendieron la necesidad de salvar las formas. Aprovecharon la coyuntura electoral y la explosiva expulsión de Mnangagwa para dar un suave golpe de Estado. Evitaron darle ese nombre y dejaron que la AN tomara el control y determinara el rumbo. Al obtener el Parlamento semejante protagonismo se planteó sin alardes la opción pacífico-constitucional. El júbilo en el hemiciclo y en la calle lo subrayaron.
¡Es una buena señal para Venezuela! Nuestra AN goza de reconocimiento universal y sería el eje de la democratización, premisa para abordar la horrenda crisis alimentaria-humanitaria y volver a la prosperidad destruida por la sedicente revolución. La antipolítica –contra partidos y parlamento- virando hacia la racionalidad política liderada por el Parlamento. He ahí un modelo natural aprovechable, que no hiere orgullos ni se vale de retóricas encendidas, ni insulta ni difama.
La clara mayoría opositora en la AN da pie para lograrlo, previo fortalecimiento de la unidad nacional. Alternativa ésta mejor que darse a jugar con fórmulas anti-políticas: golpes o invasiones foráneas. La invalorable solidaridad que nos dispensa la conciencia universal hace obligante asumir la racionalidad de la política de verdad. Nada de dejar la suerte a las artes adivinatorias.
El escrito de Thays Peñalver, bien redactado, bien argumentado, me indujo a pasar del twitter a TalCual. Thays sugiere no precipitar juicios. Sin desaprovechar los buenos indicios, démosle la razón. Con Parlamento consciente de su oportunidad es factible el desenlace político y pacífico. La AN sería el corazón de la más amplia unidad nacional: postulado al que Víctor Hugo denominaría idea a la que le llegó su momento.
Que Maduro se extravíe, si lo desea, en la anti-política. Me parece verlo ante un espejo animándose con estólidas jactancias:
¡De la AN me encargo yo! ¡Es inculta, no lee a Lenin! ¿Dónde está el poder? En la boca del fusil. ¿Leyes? ¡Mascaradas! ¿Escándalos? ¡Efímeros! ¿Corrupción? La gente olvida rápido. Los nuevos casos solapan los anteriores
¡Ay compadre, te veremos entonando tristes palinodias de arrepentido!
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