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Republica del Zulia
Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
domingo, febrero 05, 2017
Diálogo y cambio - SIMÓN GARCÍA
La MUD debe ir al diálogo. Pero antes el gobierno debe cumplir los acuerdos que adquirió en la primera fase. No puede aceptarse el borrón y cuenta nueva. Dejar de lado esta exigencia sólo podría ser posible si el gobierno materializa avances mayores en el tema de las elecciones, de medidas de enfrentamiento a la crisis de hambre, de libertad de los presos políticos y respeto a la misión de la AN. En ese caso habría que pasar a considerar aquellas demandas del gobierno que contribuyan a palear la calamidades que viven los venezolanos y frenar la profundización de la crisis económica.
El choque de trenes, el golpe de Estado de cualquier procedencia, la implosión social no son desenlaces deseables, porque no constituyen soluciones sino nuevas manifestaciones de las crisis, que aportarán más calamidades para la gente y menos estabilidad social para el país. El pensamiento extremista, el que repolariza y aumenta la belicosidad, está muy activo en los dos polos del conflicto. Desecha el diálogo porque es el comienzo de un acuerdo, de una salida pacífica y electoral que es contraria a la consolidación de una hegemonía excluyente. El pensamiento extremista no tolera al adversario ni considera posible la convivencia entre proyectos políticos rivales. Tiene una lógica bélica.
Al afirmar que el diálogo entre partes políticamente opuestas es una forma de lucha, indicamos que puede contener momentos de choque, de confrontación entre visiones opuestas y de consensos parciales. Es un recurso poderoso para atraer a los que desean superar la política gubernamental de odio y división para involucrar positivamente o neutralizar actores cuya presencia es necesaria para llevar a cabo los acuerdos. Se trata de instituciones tan diversas como la Iglesia o las Fuerzas Armadas, para mencionar apenas dos.
La zona de encuentro, rodeada de prejuicios y de tensiones reales, entre fuerzas y proyectos en conflicto durante casi dos décadas, tiene que tomar la dimensión de un compromiso histórico para dejar definitivamente atrás el ciclo del rentismo y la política populista. Dos pilares de una nueva gestión pública de reconstrucción progresista del bienestar y la democracia en el país.
El diálogo debe convertirse en una negociación que tenga como marco el respeto a la Constitución. Esa negociación debería iniciar un proceso para que el pueblo legitime con su voto la formación de un Gobierno de Integración Nacional con respaldo de las dos grandes fuerzas en pugna.
El cambio político no será obra de una batalla aislada, de un caudillo o de una parcialidad. Las propuestas sobre cómo recorrer ese camino, con quienes y a cuál velocidad forman parte de distintos cambios internos que ya se están produciendo tanto en la MUD y la oposición, como en el PSUV y su menguante base social de apoyo.
Todavía priva la débil voluntad política para crear relaciones de confianza entre los dirigentes, de competir con sentido unitario y de adoptar reglas de juego que aseguren la eficacia, aun en presencia de divergencias. No podemos pasar de la acumulación de fuerzas a la desacumulación. Pero hay indicios de que hay que cambiar adentro de la MUD para que eso no ocurra.
@garciasim
http://www.talcualdigital.com/
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