Se calcula que entre 700.000 y 900.000 personas llegaron hasta el Capitolio para dar la bienvenida en el poder a Donald Trump. En 2009 acudieron 1,8 millones para ver tomar posesión al Presidente Barack Obama. Foto:REUTERS
Donald Trump juró como el Presidente número 45 de Estados Unidos, al dar inicio a una nueva era en un país polarizado, al que prometió poner por encima de todo y devolver su antigua grandeza. Ante miles de seguidores, ex presidentes y miembros del Congreso, el empresario presentó una visión sombría sobre una nación de hombres y mujeres olvidados y disparó su crítica más fuerte contra las élites.
"La ceremonia de hoy tiene un significado muy especial, porque no estamos meramente transfiriendo el poder de un gobierno a otro, o de un partido a otro: estamos transfiriendo el poder de Washington DC y devolviéndoselo a ustedes, el pueblo estadounidense", dijo el republicano en medio de una leve lluvia.
La retórica sonó similar a la que utilizó durante la campaña, una de las más divisivas e incendiarias que se han vivido en EE.UU. "Durante mucho tiempo, un pequeño grupo en nuestra capital ha cosechado los frutos de gobierno, mientras que el pueblo ha tenido que pagar los costos. Washington ha florecido, pero la gente no ha compartido esa riqueza. Los políticos prosperaron, pero los puestos de trabajo se han ido y las fábricas cerraron. El establishment se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de nuestro país. Las victorias de ellos no han sido sus victorias", dijo el Presidente.
"El tiempo de palabras vacías ha terminado", agregó, en un discurso que duró alrededor de 16 minutos, uno de los más breves de la historia de las investiduras estadounidenses.
Poco antes de hablar y al mismo tiempo que se registraban varias protestas en la capital, Trump levantó su mano derecha y posó la izquierda sobre una Biblia usada por Abraham Lincoln (1861-65) y sobre una de su familia, repitiendo el juramento de 35 palabras ante el presidente de la Corte Suprema de Justicia, John Roberts.
"Yo, Donald Trump, juro solemnemente que ejerceré fielmente el cargo de Presidente de Estados Unidos y que pondré toda mi capacidad para preservar, proteger y defender la Constitución", afirmó. A su lado estaban su señora, Melania, y el resto de su familia.
"EE.UU. primero"
El mensaje populista y proteccionista de Trump -un multimillonario sin experiencia política- daba señales del cambio de liderazgo que vivirá el país. "A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestro país. Desde este momento será solo EE.UU. primero. Cada decisión sobre comercio, impuestos, inmigración, política exterior, se hará para beneficiar a los trabajadores y a las familias estadounidenses", enfatizó.
Lo escuchaba Barack Obama, el Mandatario al que acusa de haber echado a perder el país y cuyo legado se apresta a desmontar. Para ello cuenta con un Congreso liderado por su Partido Republicano. Más temprano, el demócrata, junto a su señora Michelle, recibió a Trump y Melania en la Casa Blanca, y juntos se dirigieron al Capitolio, una tradición de las investiduras. El día se inició con un oficio religioso.
Frente a la multitud en el National Mall, el parque de los monumentos del país, Trump prometió alentar un "nuevo orgullo nacional".
"Para muchos de nuestros ciudadanos, la realidad es muy diferente: madres y niños atrapados en la pobreza en nuestras ciudades remotas; fábricas oxidadas dispersadas como lápidas en el paisaje de nuestra nación; un sistema educativo lleno de dinero, pero que deja a nuestros jóvenes y hermosos estudiantes privados de conocimiento; crimen, pandillas y drogas que se han llevado demasiadas vidas y le han robado a nuestro país demasiado potencial. Esta matanza estadounidense se detiene aquí y en este momento", sentenció, ante un palco lleno de figuras políticas de ambos partidos, con la excepción de medio centenar de congresistas demócratas que no asistieron, en protesta.
El neoyorquino, que con 70 años es el Presidente de mayor edad al asumir el cargo en la historia del país, llega al gobierno con el menor índice de aprobación de un nuevo Mandatario en las últimas tres décadas: un 40%, según varios sondeos.
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