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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, enero 25, 2017

‘Kompromat’ y el peligro de sembrar dudas en una democracia Por AMANDA TAUB

Una semana antes de que Donald Trump tomara posesión, salió a la luz un reporte no verificado que hacía afirmaciones salaces sobre el nuevo presidente estadounidense. Desde entonces, se han debatido las ramificaciones de que se comience a usar el kompromat en la política de Estados Unidos.

Kompromat es un término compuesto por las palabras “comprometedor” e “información” en ruso. Por lo que los debates a menudo han enmarcado esta práctica como poco más que una forma política de extorsión, en particular relacionada con Moscú.

De hecho, el kompromat es más que una forma de generar información dañina: es un intento más abarcador de despertar escepticismo público y manufacturar confusión de maneras que no solo atentan contra un individuo, sino contra toda una sociedad.

Aunque esta práctica tiende a asociarse con los rusos, es un rasgo común de los países autoritarios y semiautoritarios en todo el mundo.

Al erosionar la idea de una realidad compartida y al propagar la apatía y la confusión entre un público que aprende a desconfiar por igual de líderes que de instituciones, el kompromat socava el poder que tiene una sociedad para exigir la rendición de cuentas y asegurar el funcionamiento adecuado del gobierno.

La niebla de la desinformación

Cuando Katy E. Pearce, profesora de Comunicaciones de la Universidad de Washington, en Seattle, comenzó a estudiar el acceso a la tecnología en Azerbaiyán, esperaba enfocar su investigación en cómo este podría convertirse en una herramienta positiva para promover la libertad política. Sin embargo, cambió su enfoque tras encontrarse con el temor generalizado hacia las maneras en que el gobierno podría utilizar la tecnología como arma de represión.

“Esta idea surgía repetidamente cuando entrevistaba a la gente”, dijo. Para el régimen, el kompromat es “una manera muy barata y fácil de demostrar su poder y acosar a las personas de una manera muy evidente”, agregó.

Thomas Rid, profesor de estudios de seguridad del King’s College de Londres, escribió en Twitter que las campañas de desinformación a menudo “han mezclado deliberadamente detalles precisos y falsos” para sembrar desconfianza y confusión.

Y, si los medios noticiosos y los personajes públicos divulgan mentiras, pierden su credibilidad como fuentes confiables de información. “No hay verdad fiable de la cual depender”, dijo Pearce. “Cada información que obtienes es posiblemente verdadera y posiblemente falsa”.

Degradar esa confianza puede ser profundamente dañino. Mientras estaba en Rusia en 2015, me sorprendió cómo muchas de las personas que conocí veían el mundo a través de una óptica que comencé a llamar lo “prudentemente hipotético”. Reaccionaban a toda la información, ya fuera de fuentes oficiales o rumores de terceros, como si pudiera ser verdad. Pude darme cuenta de que era un impulso de autoprotección, una manera de prepararse para cualquier resultado posible en un mundo impredecible y poco fiable.

Había atestiguado lo mismo en Guatemala varios años atrás. Ahí, en vez de kompromat, se usa el término “campaña negra” para referirse a las mentiras propagadas y a los chismes obscenos usados para desacreditar a opositores. El resultado fue el mismo que si se llamara kompromat: la confianza pública había sido tan erosionada que las mentiras eran igualmente capaces de destruir a los honestos que rehabilitar a los criminales.

Leer mas: http://www.nytimes.com/es/2017/01/22/kompromat-y-el-peligro-de-sembrar-dudas-en-una-democracia/

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