El objetivo prioritario de las fuerzas de cambio debe ser la lucha por la vigencia de la Constitución. Ello significa rescatar derechos confiscados como el del voto, la libertad de expresión, la seguridad personal o la existencial posibilidad de comer.
Mantenerse en el ámbito del respeto a la Constitución mientras el gobierno se coloca fuera y contra ella, es la principal fortaleza de la MUD. Es el elemento que más consolida la solidaridad internacional y el que proporciona una poderosa base de legitimidad.
La otra gran fortaleza es que el Presidente no sólo desacata la Constitución sino que destruye al país y nos impone condiciones de vida insoportables.
El conflicto entre gobierno y sociedad puede desenvolverse en el plano de la violencia, que es el escogido por la cúpula gubernamental o puede desarrollarse por una vía pacífica, democrática, constitucional y electoral que es la opción de la MUD.
Una lucha compleja, difícil y riesgosa en cuya vanguardia, con distintos grados de participación, están los partidos democráticos, organizaciones de los derechos humanos, los estudiantes y los restos del movimiento popular, colegios profesionales y venezolanos dentro y fuera del país. Esa vanguardia debe actuar con máxima amplitud para promover una insurgencia cívica que construya un nuevo consenso nacional, abra espacios a una transición y genere las condiciones para que sectores o instituciones del aparato de Estado dominante, retornen al camino constitucional. Eso implica calle, diálogo y presión internacional en todas las modalidades posibles.
Hay que convencer al país que desde visiones diferentes, en algunos aspectos hasta encontradas, pueden compartirse acciones unitarias, no sólo en el terreno electoral sino también en ayudar a la gente a resistir y no perder la esperanza en el cambio, a promover luchas por aspectos sobre los que hay consenso como una educación libre de currículos ideológicos, a enfrentar la represión y las intrigas del gobierno para golpear a los dirigentes de la oposición y de la resistencia. No es hora para exclusiones. El Estado totalitario está fabricando una gran olla para acabar con la Asamblea Nacional, ilegalizar partidos y no hacer elecciones.
Toda la oposición, desde radicales a moderados, comparte no dialogar con el gobierno mientras no cumpla los compromisos que el Vaticano ha sintetizado en las cuatro acuerdos: canal humanitario, libertad de presos políticos, respeto a la AN y cronograma electoral.
No introduzcamos artificialmente una división entre dialoguistas y rupturistas.
El primer paso unitario puede ser exigir la convocatoria de las elecciones de Gobernadores, sin excluir otras posibilidades para salir de la crisis electoralmente.
Transformemos la unidad plural en insurgencia cívica, democrática y constitucional, en lucha, en diálogo con la gente y acuerdos para avanzar hacia otro país..
@garciasi
http://www.notitarde.com/
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