El pasado 14 de julio se celebró el 80mo. Aniversario de la publicación del artículo de Arturo Uslar Pietri intitulado "Sembrar el petróleo"(diario AHORA, 14 de julio de 1936). El autor de Las lanzas coloradas contaba 30 años y había sido designado jefe de la oficina de estudios económicos y fiscales del Ministerio de Hacienda, cuyo titular era su amigo y jefe, el economista Alberto Adriani, de 38 años de edad.
El Programa de Febrero inicia la siembra del petroleo
La emblemática metáfora, que ha llegado a representar la aspiración de la sociedad venezolana para que la riqueza petrolera, administrada por el Estado, se convierta en creación de infraestructuras, empleo y formación de capital en las actividades no petroleras, se situaba en el epicentro de la preocupación del equipo de gobierno del presidente Eleazar López Contreras, quien iniciaba aquel año de 1936, un sinigual proceso de reformas democráticas en las vetustas instituciones políticas, sociales, económicas y financieras del país, instituidas por el Programa de Febrero, en cuyo diseño trabajó el propio Adriani.
Poco antes, desde su retiro voluntario en su pueblo natal, Zea, Estado Mérida, en 1930, el estadista merideño había comenzado a escribir artículos y dictar conferencias acerca de los efectos nocivos de la excesiva dependencia petrolera sobre la agricultura y la naciente industria manufacturera venezolana. Desde 1926, el petróleo había desplazado al sistema agroexportador como primer componente del producto interno bruto (PIB) y como fuente de ingresos fiscales y de divisas. Durante los tres siglos anteriores, la producción agropecuaria, principalmente la del cacao y el café, representó alrededor del 60% del PIB.
El joven ministro, lamentablemente fallecido aquel año, fue quien dio textura intelectual a los conceptos que hoy los tratadistas denominan Enfermedad Holandesa y Maldición de los Recursos. Adriani sostenía que la apreciación (sobrevaluación) del bolívar (o el abaratamiento del dólar estadounidense), como consecuencia de los elevados ingresos de divisas petroleras, daría lugar al debilitamiento y posible estancamiento de las actividades económicas de bienes transables, como la agricultura y la industria (Enfermedad Holandesa). El mundo sufría la ruinosa Gran Depresión y los países competidores de Venezuela, además, efectuaban calculadas devaluaciones de sus monedas para proteger sus industrias agropecuarias y manufactureras y preservar la competitividad de sus exportaciones, mientras nuestro país se empecinaba en mantener un bolívar fuerte.
El breve artículo de Uslar Pietri quiso recoger la inquietud central de su mentor Adriani. La historia le dio la razón. Su contenido no ha perdido vigencia, aunque su significación debe adaptarse a la sociedad cibernética de hoy. La III y IV Revolución Industrial toman cuerpo y Venezuela sigue pensando en términos rentísticos. La globalización y la Revolución Tecnológica del siglo XXI nos han colocado ante el desafío de forjar la sociedad del conocimiento y la innovación.
Vivimos la era de la codificación del genoma humano. La digitalización de los procesos productivos, la robótica, la impresión tridimensional de objetos, las bio-tecnologías, la bio-medicina y los vehículos autónomos hacen anacrónico el concepto extractivista del desarrollo. Hoy, el desarrollo sustentable ya no depende de la tenencia de recursos naturales, sino del talento humano. La siembra del petróleo sería hoy posible si Venezuela adoptara una estrategia de desarrollo centrada en el talento humano.
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