Así, o casi, es como se veían las casas de las urbanizaciones petroleras hace tres décadas.
Las urbanizaciones donde vivían los trabajadores petroleros en la Venezuela de la primera bonanza del crudo eran como pequeñas villas mágicas donde nada era inalcanzable.
Había clubes sociales, escuelas, hospitales, centros culturales; los fines de semana la gente jugaba bolos y comía hamburguesa con malteada; todo estaba incluido: servicios, bienes, vigilancia; fumigaban todos los días a las 6pm; era como un viaje a otro país; una dosis de desarrollo en un país subdesarrollado.
Ahora, sin embargo, las 20 urbanizaciones en la costa oriental del Lago Maracaibo, estado de Zulia, que albergan más de 10.000 personas -ya no necesariamente familiares de trabajadores petroleros- están abandonadas o, por lo menos, deterioradas, con casas destruidas, calles rotas y postes caídos.
En los 60 y 70, cuando los precios del petróleo estaban disparados, Venezuela era el mayor productor del mundo, en parte gracias a la alianza del Estado con diferentes compañías extranjeras -sobre todo de Estados Unidos- que construyeron urbanizaciones para sus trabajadores locales y extranjeros.
Son la minoría, pero muchas de las casas de las urbanizaciones petrolera están así, abandonadas.
Hoy -después de tres décadas de estancamiento, alta inflación y, algunos dirían, "malos gobiernos"- Venezuela no está entre los primeros 10 productores más importantes del mundo y su industria petrolera, que es propiedad del Estado desde 1976, está de capa caída.
Este año la producción ha caído 10,5% comparado con 2015, según cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y los ingresos del país se desplomaron 41%, de acuerdo al gobierno.
La crisis general de la industria petrolera venezolana -que para muchos expertos tiene su origen antes de que empezara la crisis económica actual- se refleja en estas urbanizaciones petroleras en el oeste del país, donde la riqueza de los petrodólares es solo un recuerdo que describen los más viejos.
Cómo Venezuela pasó de la bonanza petrolera a la emergencia económica
Como en Estados Unidos
Las urbanizaciones, que están literalmente a metros de los pozos petroleros, siguen la estética de esos barrios estadounidenses donde todas las casas, organizadas en milimétricas y amplias cuadras, parecen iguales.
Las hay grandes, pequeñas y enormes: cada trabajador vivía en el tipo de vivienda y urbanización que exigía su rango.
Pero prácticamente a nadie se le negaba el porche con un jardín al frente de la casa, donde podían pasar en una mecedora la calurosa y húmeda tarde zuliana.
Algunas casas incluso mantienen ese colorido jardín decorado con gansos o patos de plástico y sillas de metal blanco en espiral con un cojín de flores.
Muchas de las casa intentan mantener la arquitectura original, de corte estadounidense, pero en medio de una crisis y sin ayuda de PDVSA, dicen los residente, "es cuesta arriba".
Muchas casas están pintadas con los rosados y pasteles típicos de la arquitectura de medio siglo estadounidense, aunque pueden estar desteñidos o cambiados por rojo.
Y los residentes se quejan de que no hay seguridad ni mantenimiento; que los parques de recreación parecen de una película de terror y las raíces de los árboles han tumbado casas que siguen ahí, despedazadas.
Algunos residentes atesoran los automóviles que quedaron de esas épocas: un Chevrolet Corvette, un Ford LTD.
Los guardan en esos estacionamientos a un lado de la entrada que muchos, en Estados Unidos, usaban como cancha de básquet.
Y acá, en estas urbanizaciones, aún se ven unas cuantas de esas cestas pegadas a la casa. Pero oxidadas, o sin red.
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