En el aspecto político el gobierno viene perdiendo sus batallas con una población que incrementa el rechazo a sus medidas. Los sectores más radicales del PSUV, al margen del peso real que tengan en la cúpula, están presionando para bloquear todos los caminos de sustitución electoral y pacífica, a pesar de que el gobierno agotó sus posibilidades de continuidad.
El árbitro de los desenlaces, la institución que proporciona viabilidad a todos los escenarios potenciales, la Fuerza Armada, actúa con relativa prudencia. No parece muy inclinada a militarizar en forma absoluta al régimen. Parece buscar papel en la crisis. El que definitivamente jugará es un enigma sobre el que razonablemente se pueden hacer apuestas encontradas.
Los Decretos de Maduro tienen el mismo sesgo dictatorial que el de Carmona. Una intención melliza los une: disolver la AN. Para lograr sus objetivos fundamentales, no hacer referendo revocatorio ni elecciones de gobernadores en el 2016, requiere debilitar o sacar del juego al parlamento nacional. Pero el costo que tendría que pagar es alto. Entre otros, perder seguidores, radicalizar el conflicto interno en el PSUV o producir una aceleración de su caída.
Una de las características persistentes en la situación actual es el desfase del discurso y la acción de las fuerzas democráticas de cambio, con los temas del lenguaje de la calle y con las protestas que encadenan a la gente al circuito cotidiano de la subsistencia. Son dos mundos, el de la política y el de los golpeados por la crisis, que pueden tener un mismo propósito, pero que no logran conectarse y nutrirse mutuamente.
La protesta directamente política es un acto de concentración de los integrantes de una vanguardia. La protesta por las medicinas, los alimentos, los salarios y la inseguridad es un acto de dispersión de los integrantes de una ciudadanía desesperada y aplastada por una sensación de impotencia.
Si se encarara colectiva y unitariamente una reflexión sobre las incertidumbres que se mueven como antesalas de los futuros probables, tal vez podría encontrarse un modo, una estrategia y un discurso que sean aceleradores del cambio de régimen, con o sin revocatorio para este año. La deriva a evitar es que al país le arrebaten los dos conejos, un escenario que todos estamos obligados a considerar y aponer toda la inteligencia en impedir que ocurra.
¿Por qué la MUD tiene baja capacidad de convocatoria a pesar del respaldo de una abrumadora mayoría que la acompaña en la oposición social a Maduro, a su gobierno y a su modelo? Una hipótesis, contraria a quienes sostienen que las elecciones son el suicidio de un verdadero cambio, es que la gente quiere ponerle fin a esta situación a través del voto. Una herramienta que le permita castigar al oficialismo sacándolo del gobierno y minimizar los riesgos de violencia.
Habría que pensar también si el esfuerzo por crear un horizonte político a las demandas por hambre, se está complementando con el interés de las vanguardias de convertir en prioridad los temas de los que desgastan su vida en las colas, invierten tiempo en pescar una medicina o no tienen cómo pagar una matrícula escolar a sus hijos.
Los partidos deben continuar enfocados en la convocatoria del referendo revocatorio y definir sus posiciones ante otros escenarios. Pero no deben olvidar la importancia de vigorizar su justificación y utilidad social cuando buena parte nos estamos reduciendo a pelear, incluso entre nosotros, por el pan.
@garciasim
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