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| Duro. El ex presidente Lula da Silva durante una marcha para defender a Petrobras. Hizo un diagnóstico muy crítico del gobierno del PT. / EFE |
Los fiscales del juez federal Sergio Moro, que manejan el proceso por corrupción en Petrobras, advirtieron que la detención de dos grandes empresarios brasileños, Marcelo Odebrecht de la constructora homónima y Otavio Azevedo de Andrade Gutiérrez, no pone en la línea de investigación al ex presidente Lula da Silva. Su figura “no está” involucrada en esta causa, afirmaron. Pero “aliados” del jefe histórico del Partido de los Trabajadores habían declarado, según informes de la prensa brasileña, que el dirigente creía, en cambio, “ser el objetivo próximo” del caso.
La espectacularidad de estas prisiones ocurridas el viernes último impactaron tanto en el gobierno como en todos los niveles de la sociedad brasileña. Odebrecht es uno de los mayores grupos empresarios del país, con una facturación anual de más de 30.000 millones de dólares. La empresa es la principal jugadora en las obras públicas pesadas e industriales de Brasil. Y hasta el viernes, era la única que se había salvado de los sabuesos de Moro, a pesar de que para este magistrado era la que “capitaneaba” el llamado “club de las constructoras” que digitaban las licitaciones a cambio del pago de suculentas coimas a gerentes y directores de Petrobras.
Observado con lupa por la presidenta Dilma Rousseff y sus ministros más allegados, el episodio de las detenciones no parece poner en juego la figura presidencial, que no fue rozada por las causas de corrupción en la estatal brasileña. Pero el hecho sí tiene un fuerte poder de conmoción en la vida política de Brasilia. Especialmente, por tratarse de un momento de inestabilidad gubernamental y de baja popularidad presidencial.
En una reunión ocurrida el miércoles pasado en el Instituto Lula, con religiosos de la Iglesia Católica, el ex presidente admitió que el porcentaje de aprobación de Dilma “está muy bajo” y advirtió que al permanecer en silencio “el suyo parece un gobierno de mudos”. Según Lula, una encuesta encomendada por el PT en el ABC paulista, cordón industrial de donde surgió el propio dirigente, “demostró que el rechazo al partido llega a 75 por ciento. Y Dilma solo alcanza un 7 por ciento de personas que piensan que su gobierno es bueno”.
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