“Maduro arrugó con el Papa”, leímos en un mensaje con mordiente en las redes sociales. Ciertamente, como recordó la declaración de la Mesa de Unidad, “una audiencia con el Papa implica un trabajo diplomático de meses”, para luego cancelarla “por una otitis y virosis” Y se preguntan: “¿Quién o qué le prohibió viajar?”. Lo de la “otitis”, es decir inflamación del oído que impide escuchar, debe ser cierto, porque la sordera de Maduro tiene que ser colosal para no escuchar el enorme clamor popular y nacional -incluyendo millones de quienes votaban por Chávez- en favor de un cambio profundo. La reacción de ironía popular incluye a quienes piensan que el papa Francisco llevaba la misión de “destapar los oídos” de Maduro, que éste lo sabía y por eso “arrugó”.
El papa Francisco puede cumplir un rol parecido al que tuvo para facilitar la mediación entre Cuba y EE UU. Dos cosas son obvias en el clamor internacional: la libertad de los presos políticos y exigir el compromiso del gobierno para realizar, sin nuevos trucos ni obstáculos, las elecciones parlamentarias. Eso incluye cesar el juego del CNE en no fijar la fecha. También no seguir inventando “conspiraciones y guerras” para intentar justificar una suspensión del evento electoral. Y aceptar una presencia y observación internacional efectiva. Eso reclama Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, EE UU, toda la Unión Europea, Uruguay, Perú, la ONU. Los casi 100 ex presidentes de medio mundo y de todo el espectro político: de izquierda, socialistas, socialdemócratas, de centro, de derecha. Incluso el silencio de Cuba es una forma de sumarse o al menos de no obstaculizar. Francisco y la Iglesia se disponen a ayudar en ese camino de paz.
Tal parece que Maduro no quiso escuchar todo eso de labios del Papa lo que equivaldría a tener que hacer compromisos, entre ellos una presencia y mediación internacional. Eso es preocupante. Se comenta mucho que en el gobierno se discute si aceptar hacer esas elecciones, aceptar el resultado electoral, es decir, perderlas y aceptar el inicio de una transición hacia el cambio democrático. O “jugarse a Rosalinda” impidiendo esas elecciones. Esa opción igual puede llevarlos a la derrota sin la ventaja de la primera que los mantiene como una fuerza política importante para buscar luego el regreso en democracia. Nadie espera que anuncien que “no hay elecciones”, así, “en seco”. Los que defienden esa opción estarían auspiciando hechos de violencia pero culpando a “la oposición” para justificar el asunto. O provocar la crisis con la suprema provocación de ilegalizar a una parte de la oposición.
La presión nacional es fuerte. Bajan y bajan en las encuestas. Sube como la espuma el anhelo de cambio. La Mesa de Unidad y los partidos tienen claro que es el momento de firmeza y serenidad, es decir, seguir luchando sin caer en las tentaciones que desea el gobierno para provocar violencia. Quien está ganando no inventa atajos. La presión internacional es cada vez mayor porque en todo el mundo ven claro que la solución electoral, democrática es la única y nada justificaría los trucos para suspenderlas. Todo les ha fracasado. Los cuentos de “la guerra económica” son tan ridículos que hasta en la ONU y la OIT les dijeron que no siguieran con eso. El cuento de “la invasión inminente del imperio” no se lo tragó nadie y por eso Maduro tuvo que retroceder a fondo en la Cumbre de Panamá.
Haber suspendido la audiencia con el Papa es muy mal síntoma. Un error grande que los aísla mucho más. Como error es la campaña de agresiones contra Felipe González, reconocido y respetado en todo el mundo como un líder progresista, de la izquierda democrática, con autoridad política por su talante democrático y su historial de estadista. Los insultos y descalificaciones contra todo el que reclama por los DD HH solo sirven para desnudarlos como totalitarios e intolerantes. Ojalá reflexionen.
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