Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

martes, junio 09, 2015

¿Cuánto falta?, por Diego Oteyza

Decir que Venezuela está en crisis se ha vuelto tan redundante que el término ha perdido sentido. La idea de crisis evoca la necesidad de tomar decisiones urgentes, y muchos estarán de acuerdo que ese es el caso en nuestro país; sin embargo, el tiempo no se detiene y lo injusto se va volviendo ordinario. Entonces empezamos a discutir la crisis, su naturaleza y posibles soluciones.

Por un lado es muy fácil defender que hay un gran problema político estructural, cuya principal evidencia es la ausencia de instituciones justas. Pero no es menos cierto que el actual gobierno constituye un problema en sí mismo, y que es un obstáculo para solucionar el problema central y trascendental que ocupa a la sociedad venezolana. Debatir constante y públicamente ambas dimensiones del problema es más que necesario, sin embargo me parece interesante también dar la discusión temporal: ¿Qué tan cerca estamos de salir de la crisis?

Empiezo por mi conclusión en el problema coyuntural: no creo que estemos cerca de salir del Chavismo. Eso no quita la posibilidad de que salga del poder cualquier día de estos como resultado de fuerzas muy difíciles de medir. Pero creer que la crisis económica y social que viven los venezolanos es lo mismo que una crisis del chavismo me parece un error.

En efecto Maduro tiene hoy en día la popularidad más baja del Chavismo en su historia, lo cual no quiero insinuar que es poca cosa. Pero la popularidad desestabiliza en tanto otros entes con poder la consideren importante en un momento determinado. Si todos los poderes (y no me refiero únicamente a los Poderes Públicos) mantienen su apoyo al gobierno, sin importar la popularidad, entonces ésta significa muy poco en términos de generar cambios rápidos. Por otro lado, resulta evidente que hay tensiones dentro del chavismo, pero el riesgo de perder el poder es tan grande para tantos que el incentivo a mantenerse unidos debe prevalecer.

Las parlamentarias representarán una prueba muy importante para la fortaleza del Chavismo, pero hasta ahora siempre ha sabido conservar, por cualquier medio, el poder necesario para seguir sólidamente anclados en el Estado. Veo en muchos un gran optimismo en que el gobierno perderá dichas elecciones, pero a nadie debería sorprender que una vez más usen los inmensos recursos a su disposición, tanto económicos y políticos, para superar exitosamente la prueba. Una muestra actual de esta posibilidad es la facilidad con la que ha logrado perseguir terriblemente a tantos dirigentes políticos opositores.

La problemática estructural tampoco luce prometedora. Una sociedad que camine de forma estable en una dirección que se plantee requiere dos cosas, las cuales se desprenden de la misma frase. La dirección son los objetivos, unos de largo plazo que muchas veces se plasman en la misma constitución, y otros de mediano y corto plazo que se conforman en planes de gobierno.

En Venezuela hemos tratado muchas veces de vender los segundos sin tener los primeros. Carecemos de un proyecto de nación que consideren justo todos los grupos, y que por tanto le den el apoyo que requiere para permanecer en el tiempo.

Por otro lado, la estabilidad la brindan las instituciones, que sirven de barandas que dificultan salirse del camino acordado. Las instituciones de hoy, lejos de cumplir su rol de mediación social, son, en su gran mayoría, herramientas de dominación. Articular un nuevo rumbo nacional es el trabajo natural de los partidos políticos, pero todas las evidencias sugieren que no lo están cumpliendo. Sin ese trabajo no puede haber un cambio deseable y sostenido

Creo más posible estar equivocado en mi conclusión sobre el Chavismo que sobre el mencionado problema estructural. En lo coyuntural los cambios pueden ser impredecibles y muy violentos. Sin embargo, crear un acuerdo nacional entorno a una visión mínima de justicia, requiere un arduo trabajo intelectual y comunicacional que los partidos políticos de hoy abdicaron. Que inicie nuevamente esa actividad debe ser la prioridad política de todos los venezolanos

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