La victoria cantada del partido Syriza en Grecia, hace una semana, y la marea antisistema que representa Podemos en España y que se reflejó en su numerosísima manifestación de calle del pasado fin de semana madrileño, señalan tanto el desencanto de la gente con los partidos políticos tradicionales, como la imposibilidad de estos (de ahora y de antes) de lograr en la práctica que la gente de abajo se sienta protegida del "horror económico"; así como del enriquecimiento desigual que muestran las naciones y que Thomas Piketty describe tan bien en su obra El Capital en el siglo XXI. Los descontentos y los indignados son multitud y siempre hay quien quiera prometer justicia y prosperidad para todos sin tener con qué, lamentablemente.
En el caso griego, el problema de base, además de una casta política corrupta e irresponsable que optó por endeudar al país antes de hacer las reformas y hablarle claro a la gente, es que cuando se decidió a hacerlo hace 4 años, por presión de la Unión Europea y de los acreedores, quienes lo hicieron no parecían tener la autoridad moral suficiente para exigirle sacrificios a la gente (un poco como sucedió con CAP II aquí), y se abrieron las puertas para los populistas de siempre que prometen lo que gusta oír a todos con tal de llegar al poder. Ya se verá luego cómo financiar ese desmontaje de la odiosa austeridad. Por lo pronto la Unión Europea se ha negado a cualquier promesa que les dé alas a los populistas de otros países víctimas de los dolorosos procesos de "saneamiento económico". Para estos el mensaje tiene que ser que el camino al cielo está lleno de dolor y sacrificios.
El problema es que como bien apunta Piketty, no se ha encontrado un modelo económico que genere tantas riquezas y crecimiento como el capitalista, pero la repartición de sus beneficios tiende estructuralmente a favorecer al capital y, mientras menos crezca un país, más desigual se torna la división. Si a ello agregamos que las nuevas tecnologías van a generar cada vez menos empleo bien remunerado, tendremos un atisbo de lo difícil que resulta prometer cambios radicales y a la vez ser honestos. Porque los griegos van a descubrir pronto que pertenecer a la zona Euro y abandonar el sacrificio no son dos proposiciones que caben en la misma frase. Nuestro "Bolívar Fuerte" es claro resultado de políticas equivocadas que sin embargo contaron con petróleo para financiarlas.
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