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Los mercados europeos han reaccionado con bastante calma a la victoria electoral de Syriza, en Grecia. Los izquierdistas griegos rozaron la mayoría absoluta en los comocios parlamentarios y en los próximos días constuirán un gobierno estable con los populistas de derecha de la agrupación Griegos Independientes. Pero pese a los estentores de la campaña, Grecia y la comunidad internacional deberán alcanzar acuerdos, primero que todo porque no existen recursos suficientes para llevar a cabo los primeros programas sociales planeados.
Syriza anunció que pondría en marcha este programa social inmediatamente después de las elecciones. Las familias recibirían ayudas financieras para pagar los costos de energía y de vivienda, y el salario mínimo sería incrementado. Además, se contempla evitar las subastas forzosas cuando los griegos no puedan cubrir sus pagos hipotecarios. Finamente, los ganadores en las elecciones griegas quieren poner fin a las privatizaciones.
El peso de la realidad
“El nuevo gobierno pronto se topará con la realidad”, dice Jörg Krämer, economista jefe del banco alemán Commerzbank. En entrevista con DW, afirma que todas las medidas mencionadas tienen un costo, y por el momento las arcas públicas griegas están prácticamente vacías. Muchos griegos no pudieron cubrir sus deudas con el fisco, dice Krämer. “Estimaciones no oficiales del ministerio de Finanzas indican que en enero los ingresos fiscales fueron cerca de mil millones de euros inferiores a lo presupuestado”. Esto dificultará el gobierno el pago de intereses y cuotas correspondientes al primer trimestre del año, por un total de 4.500 millones de euros.
Sin dinero fresco, el Estado griego caería en el impago a más tardar el verano próximo, cuando se cumpla el vencimiento de las cuotas más grandes correspondientes a la deuda pública, advierten expertos. Por ejemplo, en julio Atenas debe pagar 3.500 millones de euros, y en agosto, otros 3.000 millones. “Está claro que Grecia requiere apoyo de un programa de rescate. Y un programa así solo es posible si se cumplen los compromisos adquiridos”, dijo el domingo Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, a la eisora pública alemana ARD.
¿Jugando al póquer?
A primera vista, las posiciones de un gobierno encabezado por Syriza y de la comunidad de la eurozona difieren grandemente. “Por eso no debe descartarse la posibilidad de que una de las dos partes apueste demasiado y cause en las próximas semanas un rompimiento de las negociaciones”, advierte Krämer. Al mismo tiempo, “Syriza podría menospreciar el hecho de que una salida de Grecia ya no pone en riesgo la estabilidad de la unión monetaria”.

Durante cinco años, la zona euro se ha enfrascado en una discusión sobre si la solución de su crisis económica radicaba en una reducción del Estado y la liberalización de los mercados o en políticas fiscales y monetarias más expansivas. Ahora, los frentes de batalla se han vuelto más confusos y la salida menos clara.
ResponderBorrarDesde el inicio de la crisis de la deuda de la zona euro, los países más acaudalados del bloque, liderados por Alemania, han impulsado las reformas económicas, en lugar de las políticas de estímulo, como la principal forma de asistir a las naciones endeudadas para que recobren su salud financiera. Los electores de la zona euro, no obstante, han dejado en claro su fastidio con las penurias fiscales, mientras que el Banco Central Europeo acaba de echar por la borda la ortodoxia monetaria de Berlín. La histórica victoria el domingo del partido de izquierda radical Syriza en las elecciones de Grecia probablemente alentará movimientos populistas en otros países de la zona euro, como España, Francia e Italia, los cuales rechazan la austeridad patrocinada por Alemania. Su crecimiento tanto en la izquierda como en la derecha del espectro político europeo sugiere la amplitud y complejidad del malestar de los votantes.
ResponderBorrarEl partido de extrema izquierda Podemos se ha disparado en las encuestas en España meses antes de que se celebren elecciones. En Francia, el Frente Nacional de extrema derecha está sacudiendo a la clase política con ataques tanto a la austeridad como a la inmigración. El Movimiento Cinco Estrellas de Italia quiere renegociar la deuda nacional. Grecia es el ejemplo más extremo del debilitamiento del apoyo a los partidos de centro derecha y centro izquierda que han dominado la política de Europa Occidental durante décadas. El ascenso de los movimientos anti clase dirigente coincide con el declive económico más prolongado desde la Gran Depresión de los años 30.
ResponderBorrarA su vez, la decisión del jueves pasado del Banco Central Europeo (BCE) de comprar bonos soberanos de la zona euro y otros activos para estimular el crecimiento y la inflación se aparta de la convicción de Alemania de que los bancos centrales no deben imprimir dinero para comprar deuda pública.
ResponderBorrarEl BCE solía respaldar a viva voz el discurso de Alemania sobre los beneficios de las políticas de austeridad, antes de sugerir a fines del año pasado que la zona euro en general se había vuelto demasiado frugal y que Alemania debería gastar más. Últimamente, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha evitado provocar a Berlín sobre la política fiscal al mismo tiempo que la antagoniza con el programa de compra de bonos.
El BCE y Alemania concuerdan en al menos un aspecto: la necesidad de emprender reformas de mercado para hacer más flexibles las economías de la zona euro. De todas formas, convencer al electorado sobre los beneficios de tales cambios es más difícil que nunca.
Economistas internacionales dicen que la zona euro necesita una mezcla juiciosa de estímulo monetario para evitar caer en deflación, reducción del déficit fiscal por parte de los países deudores, un mayor gasto de los países acreedores y amplias reformas en varios países para elevar las perspectivas de crecimiento a largo plazo.
ResponderBorrarAlgunas autoridades europeas recalcan que el bloque necesita una especie de gran pacto que provea todos esos elementos. En lugar de ello, las divisiones en política monetaria y fiscal, así como en cambios estructurales, se han vuelto más arraigadas e ideológicas.
Una pelea a gritos, en lugar de un gran pacto, amenaza con prolongar la agonía de una recuperación lenta y un alto nivel de desempleo.
“Si no logramos un crecimiento más acelerado, la impaciencia que se observa en una serie de sociedades se acumulará, con repercusiones políticas que no podremos controlar,” advierte Paul De Grauwe, profesor de economía política europea en el London School of Economics.