La conmemoración de los 57 años del 23 de enero de 1958, fecha en que nace la democracia en Venezuela después de décadas de gobiernos autocráticos, es ocasión propicia para reflexionar sobre nuestro actual sistema político. Según el proyecto Polity IV, ampliamente conocido en las ciencias políticas, la evolución de la magnitud de democracia en Venezuela desde 1951 hasta el presente puede clasificarse en tres etapas: a. En la etapa 1958-1969: el indicador de democracia toma un valor de seis sobre siete puntos y el de autocracia toma valor 1. b. En una segunda etapa de 1970-1990: Venezuela registra niveles de autocracia de cero y de democracia de siete. c. En una tercera etapa de 1991 hasta el presente: la calidad de la democracia comienza a decaer, sin que suba apreciablemente el nivel de autocracia hasta el año 2007, cuando este indicador salta a cuatro puntos sobre siete y el nivel de democracia cae. A partir de entonces los índices de democracia presentan un descenso acentuado, como lo manifiestan las recientes mediciones.
El país ha ido transitando desde una democracia electoral a un régimen híbrido (no es democracia ni tampoco dictadura), con tendencia a un mayor deterioro de la calidad de la competencia democrática, lo que ubica a nuestro sistema político cerca de un autoritarismo hegemónico. Según estas mediciones hechas por politólogos internacionales, desde 2007 los valores reflejan una baja democratización cada vez más evidente. Así, los niveles actuales de autocracia y los bajos niveles de democracia en Venezuela son comparables a los registrados para el período 1951-1958.
Hemos retrocedido entonces durante los últimos 57 años. Según otros índices internacionales de democracia, como el reporte de Freedom House (2012), en una escala de uno a siete, siendo uno el máximo rango, Venezuela tiene rango cuatro en derechos políticos y cinco en libertades cívicas, mientras que entre 1973 y 1993 tuvo rango uno. En relación con los indicadores mundiales de gobernabilidad del Banco Mundial, que compara países de cero a 100, siendo este el más elevado, Venezuela cayó en todos los seis indicadores de esta medición. Estamos por debajo del promedio para América Latina.
Mientras tanto, estudios como los de Latinobarómetro revelan que los venezolanos no parecieran estar satisfechos con los niveles actuales de democratización del país. El apoyo a la democracia en Venezuela está por encima del promedio para América Latina. Venezuela es también el país donde el porcentaje de ciudadanos que hipotéticamente preferirían un régimen autoritario es el más bajo, así como en el porcentaje de personas indiferentes entre dictadura y democracia. Los venezolanos, entonces, deseamos y tenemos el derecho a vivir en una auténtica democracia. El sistema político actual está en medio de una transición marcada por las fuerzas opuestas de las dos grandes partes en las que está dividido el país. Pero en un país genéticamente democrático como el nuestro ya es hora de impulsar un cambio radical al actual estado de cosas, signado por una orientación marxista, centralista, personalista y autocrática. Es este entonces el mejor homenaje a quienes hicieron posible que el 23 de enero de 1958 la democracia surgiera en Venezuela y alcanzara logros que nadie puede negar. Es este el gran reto del año 2015: recuperar la democracia que hemos perdido.
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