La confianza es clave para cualquier interrelación humana, y el funcionamiento de la economía no es la excepción. Ésta se desarrolla fundamentalmente a través del mercado, en el que se dan una serie de interacciones entre personas, quienes poseen información distinta sobre un mismo hecho. Así, unos y otros recurren al intercambio partiendo de la información disponible que tienen del otro, por ejemplo cuando se compra un producto se tiene una información parcial de éste, de la misma manera como cuando una organización contrata a alguien ésta no conoce todos los detalles personales de dicho individuo. En ambos casos, hay una dosis importante de confianza.
En las sociedades modernas un sustituto importante de la confianza son las instituciones. Estas cumplen con el rol de regular las interrelaciones sociales (incluyendo las económicas) a partir de una serie de acuerdos. Así, aquél que vende un producto que dice tener ciertas características debe cumplir su oferta, de lo contrario debería haber leyes que lo sancionen; de la misma manera como aquel trabajador que aseguró tener ciertas competencias, si resulta que no las tiene la contraparte podría recurrir a la ley para prescindir de sus servicios por ejemplo. De esta manera, en la medida que las instituciones funcionan mejor y existe mayor confianza en ellas, la confianza entre las personas para llevar adelante interrelaciones económicas se hace menos relevante.
El problema de la confianza es que es muy sensible, una vez que ésta se rompe es muy difícil recuperarla. Esto aplica tanto en las relaciones personales como en las acciones de un Gobierno. Una vez que los actores económicos han perdido la confianza en un Gobierno se hace muy difícil promover la inversión, y con ésta el desarrollo productivo. Para contrarrestar esta pérdida de confianza serán necesarios mensajes claros y coherentes a lo largo del tiempo, demostrar con hechos lo que se dice, ofrecer mayores garantías institucionales, y sobre todo tener la paciencia necesaria para que la confianza se vaya recuperando, ésta no se gana por decreto.
En el caso concreto de los recientes cambios en el Gabinete, aún el mensaje no parece estar muy claro, aunque ya el solo hecho de tocar el punto más sensible de la gestión actual como es el tema económico parece indicar que al menos éste se encuentra dentro de la agenda prioritaria. La incógnita surge en relación al rumbo que seguirá la política económica, para lo cual es fundamental que pronto los nuevos responsables de ésta planteen de manera clara los lineamientos fundamentales que seguirán.
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