Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras la caída de Hitler, el Ejército Rojo había ocupado Hungría. Los soviéticos se dieron cuenta de que no contaban con las simpatías de la población, y como, por otra parte, no querían, al menos en un primer momento, tener ningún conflicto con los Estados Unidos, el Kremlin proclamó su voluntad de dar nacimiento a una verdadera democracia.
En noviembre de 1945 se organizaron las primeras elecciones libres, que estuvieron controladas por una comisión aliada dirigida por el mariscal ruso Voroshilov. En ellas participaron las formaciones que durante la guerra habían constituido el Frente Nacional de Independencia: los comunistas, los socialdemócratas, el Partido de los Pequeños Propietarios y el Partido Campesino. El Partido Comunista, dirigido por un súbdito de Moscú, Mátyás Rákosi, sólo obtuvo el 17% de los votos; la mayoría, el 57%, fue para el de los Pequeños Propietarios. Pese a la victoria de estos, Moscú obligó a que se constituyera un Gobierno de coalición, en el que cuatro de los 18 ministerios, entre ellos el de Interior, fueron ocupados por los comunistas.
Con el objeto de eliminar a los opositores políticos, Rákosi puso en marcha una maniobra que él mismo denominó "táctica del salami". Consistió en provocar una especie de caza de brujas dentro del Partido de los Pequeños Propietarios; uno a uno, los personajes más relevantes del mismo, tildados de fascistas, fueron expulsados por la dirección. En 1947 tuvieron lugar las siguientes elecciones, en las que el Partido de los Pequeños Propietarios obtuvo sólo el 15% de los votos.
Un año después, los comunistas obligaron a sus aliados socialdemócratas a fusionarse con ellos en un Partido Obrero. Los recalcitrantes fueron expulsados. A los siguientes comicios se presentaría una lista única. El 15 de mayo de 1949 Hungría se transformó en una República Popular que, presidida por Rákosi, quedaba bajo el poder de Moscú.
Pero Rákosi aún no estaba satisfecho. Dentro de los comunistas, László Rajk, reconocido por la población húngara como un héroe opositor al nazismo, encabezaba un sector que defendía una mayor identidad nacional e independencia de Stalin. Rákosi había odiado siempre a Rajk porque éste era un personaje mucho más popular y gozaba de las simpatías de los comunistas húngaros, así que decidió utilizar de nuevo su táctica del salami, esta vez para limpiar su propio partido de simpatizantes de aquél. Quince días después del triunfo electoral, László Rajk y todos los que podían hacer sombra al todopoderoso Rákosi fueron acusados de espionaje y encarcelados. Tuvieron lugar los juicios y procesos amañados, con autoinculpaciones realizadas bajo engaños y presión, propios de las terribles purgas estalinistas. Condenados a muerte, Rajk y cuatro de sus fieles fueron ejecutados.
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