En los últimos meses se han dado a conocer una serie de anuncios en materia económica con el fin de poder convivir con una economía que sigue igual de enferma que en décadas anteriores: Una economía mono exportadora petrolera. Es preocupante analizar décadas de historia económica reciente y observar que no hemos aprendido de lecciones anteriores.
Basta analizar la década comprendida entre 1974-1983 (ver artículo de opinión de mi autoría “Venezuela 1974-1983: Una trayectoria para reflexionar” publicado por el diario El Impulso el lunes 5 de Septiembre de 1983).
En diciembre de 1973 comenzó un período de boom petrolero en nuestro país, entre 1974 y 1977 dado el incremento de los ingresos petroleros, el gasto público aumentó; conllevando a la vez un incremento en el gasto de consumo e inversión del sector privado. En ese período crecieron importantemente los sectores comercio y construcción como respuesta al aumento de la demanda.
Dado que el crecimiento de la demanda era superior al crecimiento de la oferta nacional de bienes y servicios, se inicia un proceso de inflación en el país que fue encarado con una política de controles de precios y la apertura a los bienes importados dada la disponibilidad de divisas producto de los altos precios petroleros.
A partir de 1977, la balanza de pagos comienza a reflejar signos de deterioro y comienzan las señales de un déficit fiscal, dada la rigidez del gasto público y el descenso de los ingresos petroleros. Esta circunstancia conllevó a un incremento del endeudamiento, principalmente externo. Dado los desequilibrios generados, en 1978 se implementa una política fiscal restrictiva, reforzada en los años 1979 y 1980 lo que frenó el crecimiento de la economía. Paralelamente, se eliminan temporalmente los controles de precios, lo que reflejo una inflación represada que se manifestó con fuerza entre el segundo semestre de 1979 y 1980. La reducción de la liquidez monetaria producto de la restricción del gasto público iniciado a finales de 1978, no contuvo el crecimiento de los precios internos ya que parte de la inflación se debió a incremento de costos de producción.
Una mejora temporal de los precios petroleros, aminoró el desequilibrio del sector fiscal y externo, en 1980.
Lamentablemente, la restricción del gasto público afectó negativamente las expectativas de inversión y por ende el nivel de empleo, aún incrementando nuevamente el gasto público, como sucedió en 1981.
Comienza un proceso de salida de divisas del país. En la primera mitad de 1982, se debilita el mercado petrolero y se reinicia nuevamente la reducción del gasto público que influye sobre el crecimiento de la economía.
A principio de 1983 se implanta un control de cambio que trajo, como consecuencia un incremento de la liquidez monetaria y reducción de tasas de interés.
Los correctivos idóneos para sanear la economía, vigente tanto hoy como en aquellas épocas, que son la diversificación de las exportaciones, eliminación de subsidios indirectos, devaluación de la moneda y tipo de cambio único con libre convertibilidad, el saneamiento de las finanzas públicas, y la racionalización eficaz del gasto público no fueron considerados. Tanto hoy como ayer se optó por los controles de cambio y de precios, y por el endeudamiento.
La historia de estanflación de los posteriores años también la conocimos. Hoy nuevamente asistimos al inicio de una nueva etapa que se asemeja mucho a la vivida después de 1983… La lección no se aprendió.
Autor. Johnny Zafra R
http://www.petroguia.com/

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