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| . Foto: W. Yustis |
Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas en la UCV, y especialista en Finanzas Públicas y Gerencia Pública. Profesor en la Universidad Monteávila.
Su competidor Luis Vicente León afirma que “estos son los mejores momentos para la oposición porque estaba mucho peor a principios de año cuando estaba en medio de una guarimba que no iba a ningún lado”. Sin embargo, el público percibe a una oposición enfrentada consigo misma por posiciones irreconciliables. ¿Quién tiene la razón, los analistas políticos o la calle?
-Claramente la calle grita, y cuando hablo de esto es porque el hambre, la desesperanza y la ausencia de un futuro claro y marcado es mucho más poderoso que lo que eventualmente dice un especialista.
-Pero la calle está menos crispada que hace varios meses porque el gobierno, con importaciones masivas, ha comenzado a paliar de manera visible la escasez.
-Sí, pero fíjate: en Venezuela sucede algo que yo denomino el “síndrome de Palomino Vergara”, aquel personaje de Emilio Lovera que era un macho vernáculo que temblaba apenas escuchaba la voz de su mujer. Entre 70 y 80 % del país está molesto por diferentes razones: inseguridad, escasez, inflación, desempleo, polarización política, pero en nuestro ADN político nos enseñaron a evitar el conflicto. Además, debido a la continuidad de los gobiernos populistas, en Venezuela enseñaron a bajar la cabeza para esperar las dádivas del Estado.
¿Eso significa que el populismo -tal como usted lo describe- cercenó las posibilidades de insurgencia de los venezolanos por sus problemas cotidianos?
-Sí. Y si a eso le quitas la capacidad de organización política, el individuo queda minimizado frente al Estado. Indefenso. Con miedo a protestar para no perder los beneficios que recibe.
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