Una vez más, Maduro fue a Cuba a hablar con Fidel para asesorarse, y éste no pudo recomendarle otra cosa, que implantar el racionamiento en la venta de alimentos a través de una tarjeta de restricción al consumo, que pretenden extender ahora a los comercios privados.
Como fracasó la tarjeta de "Abastecimiento Seguro", ahora vienen con el control biométrico.
Indudablemente que el objetivo es el control total, en este caso de los alimentos, para así también tapar la ineptitud en materia de suministro.
El gobierno, en su afán de sacarle provecho a todo, especialmente al hambre del pueblo, se inventó la utilización de máquinas captahuellas para comprar comida e insumos de primera necesidad, los cuales los comerciantes privados están en la obligación de comprarlos al Estado. Causa curiosidad saber quién se va a beneficiar con todo esto, de lo que sí estoy seguro es que el pueblo no será.
Nicolás pretende controlarnos qué y cuánto comemos, y por otro lado, resulta que ahora todos los venezolanos somos sospechosos de ser contrabandistas, tramposos y tracaleros.
Vale la pena recordar que hace exactamente 51 años, Fidel Castro impuso la Libreta de Abastecimiento con el pretexto de enfrentar supuestamente la escasez de alimentos y la especulación de precios, así como de proteger al pueblo del acaparamiento.
Hoy en día las familias cubanas tienen su bodega única para comprar su mesada.
Sin aún llegar a ese extremo, la realidad es que cada día que pasa, nuestra calidad de vida se ve más mermada. Tenemos un país a la deriva. Ya el poder adquisitivo de la mayoría de los venezolanos no le da ni siquiera para comer, mucho menos para acceder a un crédito de un carro y ni hablar de poder adquirir una vivienda.
Ante todo esto urge que el gobierno implemente políticas que estimulen la producción nacional, que reactive el aparato productivo, que puedan abrir fuentes de empleos dignos para nuestra gente y que le dé un parao definitivo a esos jóvenes que no ven futuro en nuestra patria y a esos profesionales que ante el obstáculo de no poder servirle a su país, optan por irse a otras tierras. Esta, lamentablemente, es una de esa lista de venezolanos que hacen largas colas obstinados de tener que calarse muchas otras, para conseguir lo que se pueda y no lo que se quiere y en las cantidades racionadas, producto de este modelo económico fracasado.
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