Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, agosto 18, 2014

Chinos en todas partes / HARRY BLACKMOUTH

Según la revista The Economist, Venezuela vive un momento muy especial de su historia: Tanto el gobierno como la oposición están sumidos en la parálisis. Pero hay algo que sí se mueve en Venezuela.

De acuerdo a un comentarista del Financial Times, el gobierno de Beijing se agita con brío, en su proyecto de cumplir un rol similar al de la Unión Soviética en Cuba durante la época más feroz del embargo estadounidense.

Es curioso que para oponerse al imperio norteamericano, dos gobiernos izquierdistas de América Latina, como los de La Habana y Caracas, soliciten la ayuda de otros imperios. Pero tampoco es cuestión de rasgarse las vestiduras. En todas las épocas de su historia los gobiernos latinoamericanos se han visto obligados a pactar con imperios, o con sus representantes.

Aunque los generales de la Gran Colombia realizaron heroicos esfuerzos para luchar contra el imperio español, sólo cuando los británicos derrotaron a Napoleón en Waterloo y dieron de baja a algunos centenares de oficiales, pudieron las huestes de Simón Bolívar aprovechar la experiencia de esos fogueados combatientes en su intento de causar el ocaso de los godos en nuestras tierras.

La historia de América Latina durante el siglo XX ha impedido tener una buena opinión de los líderes de Washington, tan proclives a propiciar golpes de estado liderados por militares derechistas o por dictadores mesiánicos. (Cuando alguien le reprochó a Franklin Delano Roosevelt su apoyo a "ese hijo de perra de Rafael Leónidas Trujillo", Roosevelt le recordó a su interlocutor que era "nuestro hijo de perra").

Y la disposición de varios gobiernos de América Latina de abrir el juego, es muy plausible. Sólo falta decidir si esos imperios alternativos permiten defender mejor la soberanía y a sus habitantes que el coloso del Norte.

LA FRACTURA  Venezuela ofrece a los economistas y sociólogos una excelente ventana para examinar sus teorías. La superestructura marcha por un lado, y la infraestructura por el otro. Al nivel de la superestructura, la clase política sufre de artritis, tanto en el gobierno como en la oposición. A nivel de la infraestructura, el país está al borde del barranco y aunque el presidente Nicolás Maduro ofrece una gran esperanza por la conversión de Venezuela en un estado vasallo de China, hay signos desalentadores.

The Economist dijo que aunque la calma ha retornado a Caracas y a otras ciudades de Venezuela luego de varios meses de enfrentamientos entre "jóvenes opositores, escuadrones antimotines y pistoleros del gobierno", el descontento sigue siendo profundo.

La inflación continúa impertérrita ­es la más alta del mundo­, la escasez de productos esenciales es inconmovible, y el colapso de los servicios públicos y del crimen sigue viento en popa. Además, las tensiones persisten, no sólo entre el gobierno y la oposición, sino en el seno del gobierno y de la oposición.
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