Tan importante como ser la alternativa de poder, es la responsabilidad unitaria de gobernar 76 municipios. Nuestra credibilidad está a prueba. Además de tres estados y el distrito metropolitano de Caracas, por votos gobernamos localmente a más de cuatro de cada diez venezolanos. Capitales y ciudades importantes con vastos sectores populares, pueblos medianos y pequeños, y comunidades más rurales. Nuestros alcaldes son mayoritariamente gente joven, y mucho más nuestros concejales. Las responsabilidades asumidas a nivel local desafían prejuicios y lugares comunes.
Conversé en Porlamar con Alfredo Díaz, alcalde unitario de Mariño. Hablamos de temas nacionales, claro, pero su énfasis estuvo en su tarea de gobierno, los problemas a enfrentar, las soluciones que le exigen. En los últimos dos meses y medio, he podido reunirme en sus respectivos municipios, con 18 alcaldes de seis estados. Cuatro de AD, tres de Primero Justicia y otros tantos en Voluntad Popular, dos de Avanzada Progresista y dos independientes, y uno de Copei, Un Nuevo Tiempo y Causa R.
Sin excepción, cada una con su acento, las reuniones se parecen: Interés en la política nacional y la Unidad, y en seguida pasan a asuntos muy concretos de su trabajo. Es lógico. Fueron electos para gobernar, tienen mandatos frescos, y nosotros somos todos sus fiadores solidarios. El Gobierno central, más partidista que nacional, adolece de falta de sentido del Estado.
Apoyar a nuestros alcaldes, como a nuestros gobernadores es crucial. De ellos depende en gran medida el juicio que de nosotros, legítimamente, se forme la población. La idea más clara de cómo gobierna la Unidad, la dan nuestras realizaciones allí donde nos toca hacerlo ahora mismo. Bien harían nuestros diputados y quienes aspiren a representar al pueblo unitario en la Asamblea, en establecer una alianza muy sólida con esos gobernantes locales. Y viceversa.
Tenemos un programa de apoyo a la gestión municipal, constituimos la Asociación de Alcaldes por Venezuela, haremos lo mismo con los concejales, montamos redes para aprovechar las experiencias. Empezamos con la de hacienda y tributación, y vamos para la de participación ciudadana. Tenemos talleres y programas de formación para ediles.
Las aspiraciones populares son muy concretas. También lo son sus quejas y reclamos que se dirigen a lo económico y social, en una perspectiva que el enchufadismo no entiende y el sifrinismo no capta. Ésa es nuestra responsabilidad.
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