De Havel he rescatado sus llamativas referencias a lo que fue el totalitarismo impuesto por el partido comunista de Checoslovaquia: un régimen absolutista cruelmente represivo pero, en cierto momento, dado a encubrir sus actos haciendo perversamente del conflicto, consenso.
La "domesticación" del fuero interno se proponía acostumbrar a la gente a vivir en la mentira. No se pedía propiamente creer en ella, claro que no, pero se buscaba que el ciudadano corriente aceptara la falacia y terminara tolerándola como parte imborrable del paisaje.
-El hombre no está de ninguna manera obligado a creer en las justificaciones del poder precisaba Havel- pero debe comportarse como si las creyera, o cuando menos tolerarlas en silencio.
De esa manera, me permito acotar, uno puede encajar en la abrupta realidad, convivir con los gobernantes y sus cancerberos, vivir la mentira, sin considerarse un mentiroso.
-La mentira y el homicidio impersonales insistía Havel- son dos géneros del arte político que los Estados totalitarios manejan perfectamente

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