Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, septiembre 09, 2013

De botas claveteadas / AMÉRICO MARTÍN

Vaclav Havel, ese personaje extraordinario de la historia; poeta, dramaturgo, enorme luchador por los derechos humanos, perseguido por el régimen comunista de su país, más tarde presidente de Checoslovaquia y de la República Checa. Ese tenaz y sobrio bregador político, era ­previo a todo- un pensador, un excelente pensador. Tenía una manera muy personal pero fecunda de hablar de aquellos problemas cruciales que han dado origen a densas definiciones. Él trataba varios de ellos en forma no menos densa aunque sí más coloquial, como conversando plácidamente en una tasca, cerveza y ­desgraciadamente en su caso- cigarrillos de por medio. La tragedia estuvo en que el tabaco lo deslizó a la tumba, víctima de un cáncer que en el momento culminante le reventó el colon.

De Havel he rescatado sus llamativas referencias a lo que fue el totalitarismo impuesto por el partido comunista de Checoslovaquia: un régimen absolutista cruelmente represivo pero, en cierto momento, dado a encubrir sus actos haciendo perversamente del conflicto, consenso.

La "domesticación" del fuero interno se proponía acostumbrar a la gente a vivir en la mentira. No se pedía propiamente creer en ella, claro que no, pero se buscaba que el ciudadano corriente aceptara la falacia y terminara tolerándola como parte imborrable del paisaje.

-El hombre no está de ninguna manera obligado a creer en las justificaciones del poder ­precisaba Havel- pero debe comportarse como si las creyera, o cuando menos tolerarlas en silencio.

De esa manera, me permito acotar, uno puede encajar en la abrupta realidad, convivir con los gobernantes y sus cancerberos, vivir la mentira, sin considerarse un mentiroso.

-La mentira y el homicidio impersonales ­insistía Havel- son dos géneros del arte político que los Estados totalitarios manejan perfectamente

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