Ya pasó la conmemoración de aquellos días terribles de Abril, todavía su tiempo histórico está vivito y coleando. Sus actores están presentes y eso evita que esos hechos puedan ser analizados sin que se filtre el sesgo de la polarización política, que a partir de esos días viene marcando el ritmo de los bandos en pugna. De eso no hay que estarse lamentando, ya que lo que sucedió entre el 11 y el 13, produjo un punto de inflexión en la sociedad venezolana, que todavía es muy temprano para pensar que alguien pudiera dar su brazo a torcer con suma facilidad.
De todos modos este pueblo lleva en sus genes el espíritu democrático. Cuando cayó la dictadura en 1958, salió a las calles a celebrar la ida de Pérez Jiménez. Cuando Chávez en 1992 dio el golpe aquel 4 de febrero, fue preso y nadie en el primer momento salió a defenderlo. Cuando fracasó el golpista de Carmona los cientos de miles que un día antes habían marchado contra Chávez, no pidió el regreso del breve dictador, y más aun cuando Chávez propuso la Reforma Constitucional, para incorporarle un paquete de artículos que violaban el espíritu y propósito de la misma, simplemente se la rechazó.
Ahora bien, que hay de fondo en este planteamiento que narran acontecimientos políticos y militares hartos conocidos. La respuesta fuese más sencilla si por parte de los sectores de la oposición, después de diez años de aquella crispación política, hoy salvo contadas excepciones, no anduviesen con la cantaleta del vacio de poder, que todavía es defendida con el videíto de Lucas Rincón y su “la cual acepto”.
No es casual que sea precisamente Teodoro, quien si pepitas en la lengua ande diciendo, que en efecto aquí el 12 de abril hubo un golpe de Estado. A él, junto al Buró Político del todavía clandestino PCV, con Pompeyo Márquez a la cabeza, le tocó la responsabilidad también en unos días de Abril del año 1967, dar a conocer las resoluciones del VIII Pleno de su partido, donde con una gallardía digna de imitar, en estos tan bien tiempos difíciles, acordaban revisar la decisión de haber asumido la vía de la lucha armada y retornar a las luchas pacificas y democráticas.
Tampoco es casual, que sea el propio Capriles el que en estos días haya dicho que “El Gobierno hoy se parece a la oposición de hace 10 años, sin rumbo". Y ese es el punto; porque hacia allá es que hay que encaminar la reflexión y más que la reflexión, la rectificación de una oposición que hace diez años había perdido el rumbo; de tal manera que no le bastó el Carmonazo, sino que en ese arrebato corto placista, los llevó al barranco de los otros errores, como el paro petrolero y el llamado al boicot electoral.
Rectificar es de sabios y Radonski lo sabe, como también sabe que todo este esfuerzo de unidad nacional que hoy encarna, está en la obligación de seguir insistiendo que después de una década, de los caídos en los alrededor de Miraflores, hay un camino para llegar allí y es el que nos conduce al 7 de octubre. Sólo ese hará posible sacar al que teniendo legitimidad de origen, se aprovechó de los dislates de la oposición en el pasado, para intentar con todo el poder del Estado, hacerse del mismo hasta su muerte, con el cuento de su comando anti golpe y que sólo él garantiza la paz y la convivencia democrática de los venezolanos.
