Esa pasión por conseguir dinero llamada AMBICIÓN, enemiga numero uno del jugador, había hecho que Albertfin fuese contrario al juego del evite y azar hasta la vejez, pero, luego de jubilado, se convirtió en un vicio.
En su adolescencia, le dijo su amigo Antonio “jugate esa dupleta quien quita y te la ganáis” Albertfin no tenia idea de lo que le estaban diciendo “escoges el nombre de un caballo, de ganar, cobraras las apuestas” decía el amigo, mientras mostraba un cartón semiarrugado con un cuadrado donde en la línea horizontal aparecían los nombres de los caballos y en la columna los jugadores ¿Cuánto debo arriesgar? “una tontería” contesto.
Alberfin, escogió al caballo Toro Negro, había visto en la mañana a un toro negro, pelear bravamente cuando lo arrastraban al salón de matanzas del matadero, la carrera comenzó y termino, Toro bravo gano, pero “fue distanciado, molesto al otro” le contestaron. Albertfin no entendía nada de lo que le explicaban, la única lección recibida fue que nunca más jugaría al azar.
Paso el tiempo, llegaron las canas, vejez y jubilación, con ellas su compañera LA SOLEDAD. Albertin, trato de cubrirla dedicando su tiempo libre a hacer aquello que había dejado abandonado:arreglo del hogar, paseos con la familia, atención a los nietos, visitas a amigos y parientes olvidados, viajes al café, tertulias fría en mano. Quedaba mucho tiempo por cubrir, el dinero no llegaba con fluidez y como las necesidades son infinitas, aumentaban.
Llego la AMBICIÓN, comenzó a asistir a Centros de juegos y Bingos, nuevos amigos, al comienzo por pasar el tiempo “buen aire acondicionado , café y algunos pasapalos gratis, a ese precio cualquiera los visita, si tengo y quiero juego o solo paso el tiempo” se decía cada vez que atravesaba la puerta.
Lo que comenzó como entretenimiento fue convirtiéndose en vicio. Un día reflexiono se sentó a echar numeros. Una cantidad elevada de lo ahorrado durante tanto años de trabajo, se había gastado, un porcentaje de los ingresos se esfumaban, lo ganado en el juego estaba lejos de compensar lo perdido y ¿que estaba haciendo con el tiempo que le quedaba de vida, ahora, que este era menor al vivido? se pregunto en uno de esos tantos apagones de luz que pasaba solo en tinieblas, la respuesta llego.
Desde ese día Albertfin ha vuelto a su lugar de partida, dedicándose a escribir, visitar, pasear, compartir con amigos y familias algunas veces suspira por ver de nuevos aquellos cabeza a cabeza o la rueda deteniéndose en las tres figuras premiadas.

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