Desde este blog, compartiremos los temas mas importantes, en esta era globalizada.
Republica del Zulia
Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
DAMASCO.- Un tribunal sirio condenó en rebeldía este martes al exdictador sirio Bachar al Asad, derrocado en diciembre de 2024 y exiliado en Moscú, a la pena de muerte por varios delitos, incluidos crímenes de lesa humanidad, en la primera sentencia pública contra el líder político que gobernó Siria con mano de hierro durante más de dos décadas.
El juez Fakhr al Din al Uryan, del tribunal penal número 4 de Damasco, leyó la sentencia en la que también fueron condenados a muerte ocho personas más, incluido el hermano de Al Asad, Maher al Asad, y su primo Atef Najib, el único presente en la sesión.
«La contribución del criminal Bachar al Asad a los crímenes fue la de máximo responsable de la toma de decisiones, quien movilizó a las instituciones estatales para cometerlos», dijo el juez.
Por ello, el tribunal declaró culpable a Bachar, que se encuentra en Rusia, del «delito grave de asesinato premeditado e intencional de más de una persona y de niños, así como del delito grave de tortura y detención arbitraria, y de cometer crímenes de lesa humanidad».
Este fallo tuvo lugar en la audiencia contra Atef Najib, el que fue el jefe de la rama de Seguridad Política en Deraa, en el sur de Siria y donde comenzaron las revueltas populares en 2011 que derivaron en una guerra durante 14 años en el país.
«Las investigaciones y los testimonios de los testigos demostraron la participación del acusado Atef Najib en el interrogatorio de varios detenidos tras el inicio de las protestas en Deraa”, declaró Al Uryan, y añadió que la rama de seguridad política que Najib dirigía, “junto con otras ramas de seguridad, asaltó la mezquita Omari en Deraa”.
En marzo de 2011, la mezquita Omari se convirtió en el principal punto de encuentro y el corazón simbólico de las primeras protestas antigubernamentales que desencadenaron el levantamiento nacional sirio. Las fuerzas de seguridad irrumpieron violentamente en la mezquita en varias ocasiones, donde mataron a decenas de manifestantes.
El juez afirmó que estos actos atribuidos a Najib, “según las investigaciones y los testimonios de los testigos, constituyen crímenes de lesa humanidad”, y dictaminó la condena a muerte.
A Najib se le atribuye el inicio del levantamiento popular en Siria tras ordenar la detención y tortura de niños que pintaron grafitis antigubernamentales en la pared de una escuela.
Tras el inicio de las protestas, fue reasignado a Idlib (norte de Siria); luego, desde mediados de 2011, se mantuvo escondido y ese mismo año fue objeto de sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. Fue capturado en una redada de seguridad en Latakia el 31 de enero de 2025.
Además de Bachar, Maher y Najib, el juez también condenó a muerte a otros seis prófugos mencionados en el caso, todos ellos en rebeldía, por el delito de «asesinato premeditado e intencional y tortura con resultado de muerte».
A esta audiencia asistieron el Fiscal General Hasan al Turbeh; el jefe de la Comisión de Justicia Transicional, Abdulbaset Abdullatif, y otros miembros de la comisión, representantes de organizaciones jurídicas y humanitarias internacionales, y familiares de las víctimas.
El juicio, el primero del periodo de justicia transicional en Siria y el primer procesamiento público de un ex alto funcionario de seguridad por la represión de 2011, se inició el 26 de abril en Damasco y desde entonces ha celebrado nueve audiencias.
El presidente sirio, Ahmed al Sharaa, recibe al secretario general de la ONU en su primera visita a Damasco y la primera de un jefe de Naciones Unidas desde el principio de la guerra.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, llegó a Siria este sábado (25.07.2026) en lo que supone la primera visita de un máximo responsable de este organismo desde antes de que estallara la guerra civil en el país. El ministro de Relaciones Exteriores, Asaad al Shaibani, recibió a Guterres y a su delegación en el aeropuerto internacional de Damasco", tras lo que se reunió con el presidente sirio.
"El presidente Ahmed al Sharaa recibe al secretario general de la ONU en el Palacio del Pueblo de Damasco", informó la agencia oficial de noticias siria, SANA, sin dar más detalles del contenido de la reunión. Es la primera vez que Guterres viaja al país desde que está en el cargo y la primera, también de un jefe de la organización en 17 años. "Acabo de llegar a Damasco para una visita de solidaridad. Mi mensaje es claro: la ONU está con Siria en este momento crucial y llamo a la comunidad internacional para que no escatime esfuerzos en apoyar al pueblo de Siria también", afirmó Guterres en X.
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"Sentar las bases para el futuro de Siria"
Durante su estancia de tres días, Guterres tiene previsto reafirmar su apoyo a la transición de Siria, más de un año y medio después de que las nuevas autoridades, encabezadas por Al Sharaa, derrocaran al antiguo gobernante Bashar al Asad tras más de 13 años de conflicto. Guterres y Al Sharaa se reunieron por primera vez en la Asamblea General de la ONU el pasado septiembre, en la primera vez del sirio en la ONU.
Después de la reunión con el presidente, Guterres visitó la antigua y sagrada Mezquita de los Omeyas en Damasco y recorrió la Ciudad Vieja, acompañado por el representante permanente de Siria ante la ONU, Ibrahim Alabi.Imagen: SANA/AFP
Sin embargo, es el primer jefe de la ONU que visita Siria desde la de Ban Ki-moon en 2009, dos años antes del inicio de la guerra civil siria, que se cobró la vida de más de medio millón de personas. Desde que Sharaa asumió el poder, la comunidad internacional ha instado a las nuevas autoridades islamistas a crear instituciones sólidas y eficaces y a establecer un sistema de gobernanza que incluya a todos los componentes de la sociedad siria, un país multiétnico y multiconfesional.
Guterres "hará hincapié en que ahora se presenta la oportunidad no solo de recuperarse del conflicto, sino también de sentar las bases para un futuro para Siria que sea más estable, más inclusivo y más próspero para todos los sirios", aseguró su portavoz, Stéphane Dujarric, antes de la visita. También "reafirmará que el papel de Naciones Unidas es acompañar y apoyar al pueblo sirio en este camino", añadió. El secretario general también tiene previsto visitar la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación, que trabaja en la frontera entre Siria e Israel.
Este 10 de noviembre de 2025, Donald Trump recibe con todos los honores en la Casa Blanca a quien, hasta hace muy poco, figuraba entre los enemigos más buscados de Estados Unidos. Ahmed Hussein al-Sharaa, conocido por su nombre de guerra Abu Mohammad al Jolani, llegó a tener una recompensa de 10 millones de dólares por su captura y aparecía en todas las listas de terroristas internacionales, junto a los jefes del Estado Islámico y de Al Qaida.
Al-Sharaa fue un veterano de la insurgencia iraquí contra las tropas estadounidenses, miembro de Al Qaida en Irak, prisionero en Abu Ghraib y otras cárceles de alta seguridad, y fundador del Frente al Nusra en Siria, organización creada con el respaldo directo de Al Qaida y responsable de algunos de los episodios más sangrientos de la guerra civil siria.
La inteligencia estadounidense lo consideró responsable político y militar de una estructura acusada de atentados suicidas como el de Al Midan en 2012, de los mayores bombardeos de Damasco en 2012 y 2013, de matanzas sectarias como las de Hatla y Zara’a, de la limpieza étnica contra comunidades chiíes, alauíes, cristianas y drusas, y de ataques en Líbano contra civiles chiíes, incluidos unçç doble atentado de Trípoli y el ataque contra la embajada de Irán en Beirut. En 2014 llegó incluso a amenazar públicamente con llevar la guerra «al corazón» de Estados Unidos y sus aliados si seguían bombardeando Siria.
Hoy está en Washington, protegido por el Servicio Secreto y dispuesto a negociar con Trump bajo el amparo del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, quien ha intercedido personalmente por él. Su visita consuma un insólito y calculado giro de imagen: de comandante yihadista perseguido a interlocutor legitimado por las potencias que antes lo combatían.
En 2013, el Departamento de Estado de EE.UU. lo describía en términos inequívocos: «La visión violenta y sectaria de Al Jolani y su Frente al Nusra es incompatible con las aspiraciones del pueblo sirio, incluida la abrumadora mayoría de la oposición, que busca una Siria libre, democrática e inclusiva, con un gobierno que respete la unidad nacional, la dignidad, los derechos humanos y la igualdad ante la ley, sin distinción de fe, etnia o género». Washington advertía entonces que «el extremismo y la ideología terrorista no tienen cabida en una Siria posterior a Al Asad» y llamaba a «todos los sirios responsables» a denunciar a Al Qaida y a sus filiales.
Al Sharaa llegó a EE.UU. el sábado para una visita oficial histórica la primera de un presidente sirio a Washington desde la independencia del país en 1946. Su viaje se produce apenas un día después de que el Departamento de Estado lo retirara de la lista de terroristas, una medida que refleja el cambio de política hacia Damasco tras la caída del régimen de Bashar al Asad. Washington justificó la decisión citando los avances del nuevo gobierno sirio en la cooperación para localizar a estadounidenses desaparecidos y en la eliminación de arsenales químicos.
Según fuentes diplomáticas, EE.UU. planea establecer una base militar cerca de Damasco para coordinar ayuda humanitaria y supervisar las relaciones entre Siria e Israel. El enviado estadounidense Tom Barrack adelantó que el líder sirio podría firmar un acuerdo para integrar a su país en la coalición internacional contra el Estado Islámico, en un intento de consolidar su imagen como socio regional de seguridad y de romper con el pasado yihadista.
El encuentro marca el punto culminante de la transformación de Al Sharaa. La ONU levantó las sanciones contra él días antes de su viaje, y su antiguo grupo, Hayat Tahrir al Sham, fue eliminado de la lista estadounidense de organizaciones terroristas en julio. En la diplomacia norteamericana, esta visita se interpreta como la culminación de un proceso de rehabilitación política y como una señal del interés de Trump y de sus aliados, en especial Arabia Saudí, por integrar a la nueva Siria en el orden regional posbélico.
A su llegada a Estados Unidos, Al Sharaa apareció en un vídeo difundido en redes sociales jugando al baloncesto junto al jefe del Mando Central estadounidense, el almirante Brad Cooper, y con Kevin Lambert, responsable de la coalición internacional contra el Estado Islámico en Irak. La partida fue interpretada como una señal calculada de normalización. El hombre que había combatido contra tropas estadounidenses en Irak y Siria, y que había liderado una facción designada como terrorista, aparecía ahora riendo y compartiendo cancha con los mismos mandos que dirigieron la guerra contra su organización.
Fue detenido por las fuerzas estadounidenses en Irak Acusado de formar parte de Al Qaida y de participar en la insurgencia contra la ocupación, incluido el uso de explosivos. Lo arrestaron mientras colocaba una bomba y, tras convencer a las autoridades iraquíes de que era un local utilizando un nombre falso, pasó más de cinco años como preso en distintos centros de detención, entre ellos Abu Ghraib, Camp Bucca, Camp Cropper y Camp Taji, sin que se conozca proceso judicial ordinario contra él.
El anterior encuentro entre Trump y Al Sharaa tuvo lugar el 14 de mayo de 2025 en Riad, durante la gira regional del presidente estadounidense por Oriente Próximo. Fue una reunión cerrada, sin prensa, auspiciada por el príncipe heredero saudí y sirvió para anunciar el levantamiento de las sanciones de EE.UU. contra Siria, un gesto celebrado por las monarquías del Golfo que buscan invertir en la reconstrucción del país tras más de una década de guerra civil.
Trump describió entonces a Al Sharaa como un «tipo apuesto, duro, con un pasado fuerte» pero con «una oportunidad real de estabilizar Siria». A petición de Arabia Saudí y Turquía, el presidente estadounidense accedió a eliminar su nombre y el de su gobierno de las listas de sancionados, y lo animó a adherirse a los Acuerdos de Abraham y a normalizar relaciones con Israel. Washington explicó que el objetivo era evitar que Damasco volviera a depender de Rusia o Irán.
Aquel encuentro marcó el inicio de su rehabilitación internacional. La imagen de Al Sharaa cambió con rapidez: de comandante rebelde y exyihadista a socio posible en la seguridad regional. Desde entonces, Siria empezó a recibir delegaciones económicas árabes y europeas y se abrió una vía diplomática que culmina ahora con su visita oficial a la Casa Blanca.
Hay una ciudad al suroeste de Siria donde es común escuchar por sus calles a la gente hablando en un español con un acento entre árabe y caribeño, donde hay una Avenida Bolívar y se come arepa.
Ese lugar es Sweida.
En estas semanas fue noticia después de que una serie de enfrentamientos entre drusos y beduinos sunitas provocara el despliegue de las fuerzas militares bajo el gobierno de presidente interino Ahmed al Sharaa, a las que se les acusó de llevar a cabo una masacre en un hospital.
Esa matanza fue luego el motivo expuesto por Israel para bombardear hace un mes el cuartel del ejército sirio en Damasco y otros objetivos en el sur del país.
La ciudad es la capital de los drusos, una comunidad étnica y religiosa de habla árabe y con prácticas y creencias propias, cuya fe se originó como una rama del islam chiita.
Y aunque los drusos se reparten en los territorios de Líbano, Israel, el Golán ocupado y Siria, hay un país de América Latina donde tienen fuerte presencia: Venezuela.
Es debido a esta migración que en Sweida un 20% de la población proviene del país caribeño. Por eso entre la comunidad se la conoce como Venesweida o «la pequeña Venezuela».
«La migración árabe en Venezuela está registrada desde el fin del siglo XIX. Aunque hay un periodo en que se les registra como «turcos» porque viajaban desde el Imperio Otomano», explica por teléfono a BBC Mundo Enrique Alhamad, presidente de la Federación de Entidades Árabes de Venezuela (FEARAB) mientras se dirigía precisamente rumbo a Siria.
Entre esas migraciones de árabes llegaron los drusos, principalmente desde Siria, y se instalaron en Venezuela hasta el día de hoy, como en el caso de Alhamad, a la quinta generación.
«Siento a Sweida como mi casa»
De los aproximadamente dos millones de árabes entre palestinos, libaneses y sirios que FEARAB tiene registrados en Venezuela, son drusos entre 500.000 y 600.000.
«La situación geográfica, política y económica de Venezuela hizo que la gente llegara en busca de un mejor futuro. En 1954, mi padre emigró. Iba a Brasil, pero se bajó del barco en La Guaira (en la costa centro-norte de Venezuela)», sostiene Alhamad, quien a su vez nació en Boconó, el estado andino de Trujillo.
Vista aérea de la ciudad de Sweida. Foto: Reuters
A lo largo de los años, a esta primera migración le siguieron viajes desde Medio Oriente al Caribe pero, también, del Caribe a Medio Oriente y ahora, según los cálculos de FEARAB y de la embajada de Venezuela en Siria, alrededor del 20% de la población de Sweida es sirio-venezolana.
«Este es el único lugar de Siria donde se come arepa y caraota negra», me dice Alhamad, y me cuenta que en Sweida no necesitaría hablar árabe, «porque todo el mundo habla español».
Refuerza la idea Basem Tajedine, que me cuenta que «es muy común ver ventas de arepas, de empanadas o que se beba malta».
Este analista venezolano y druso es hijo del exembajador de Venezuela en Libia y Túnez, Afif Tajedine, quien nació en Sweida y fue -según palabras de Basem- quien sugirió al expresidente Hugo Chávez que visitara la ciudad.
Durante la presidencia de este último, los vínculos entre Venezuela y Siria se intensificaron y, según el diplomático jubilado y exembajador de Venezuela en Israel Héctor Quintero, se generó una «unión ideológica-política» entre Chávez y Bashar al Assad, el recientemente derrocado presidente sirio.
Hasta en tres ocasiones Chávez visitó Siria y, en uno de estos viajes, en 2009, llegó a la localidad drusa de Sweida acompañado, entre otras personas, de Nicolás Maduro, quien entonces era canciller.
Allí Chávez inauguró una calle Venezuela, plantó un manzano y puso la primera piedra de lo que iba a ser un centro sirio-venezolano. También, bajo el implacable sol sirio y ante una multitud, dio un discurso de casi hora y media.
«Siento a Sweida como mi casa. Sweida es como Venezuela, Siria es como Venezuela. Y ustedes saben que Venezuela es casa para todo el pueblo sirio», dijo.
Foto: LOUAI BESHARA/AFP via Getty Images
Como Afif Tajeldine, fueron varios los miembros de la comunidad drusa quienes llegaron a posiciones destacadas dentro de los gobiernos chavistas.
El caso más emblemático es la familia El Aissami, donde destaca el ahora caído en desgracia Tareck El Aissami, que llegó a ser vicepresidente del país, ministro de Petróleo y presidente de PDVSA, la petrolera estatal, pero hoy está entre las rejas acusado de corrupción.
La «calle del hambre»
Puede que no todos en Sweida hablen castellano, pero como me cuenta desde Venezuela Neisser Banout Radwan, quien estuvo varias veces en la ciudad siria y tiene familia allí, es muy probable que si en un supermercado hablas en esa lengua, alguien te responda en ese mismo idioma con el característico cantaíto venezolano.
«Hay una calle de moda, Tarikanawuet, muy bonita, con tiendas de ropa de marca. Y toda la calle, la estructura, todo es precioso y sientes que estás en un pedacito de Venezuela, sobre todo cuando estás acostumbrada a ver las partes del país donde hay gente árabe haciendo vida», me explica en una videollamada.
Incluso, cuenta Neisser, que en Sweida hay una «calle del hambre», que es como coloquialmente se le llama en el país caribeño a esa zonas urbanas que están llenas de carritos de comida callejera, usualmente areperas, puestos de empanadas o perrocalenteros, y en el caso de la de Sweida, «igualitica a las de Venezuela pero con shawarma y pura comida árabe».
«Vas para el mercado y consigues harina pan», dice en referencia a la harina de maíz precocido para hacer las arepas.
Foto: OMAR HAJ KADOUR/AFP via Getty Images
Tajaldine resalta que además hay costumbres y cosas que han permeado de la cultura venezolana en Sweida. «Por ejemplo, en Siria no hay día del padre ni día del niño y en Sweida se celebra. O el día de la madre, que en Siria es el 21 de marzo, en Sweida se celebra como en Venezuela, el segundo domingo de mayo».
Para Neisser, hay otras cosas que también son similares a Venezuela, y se refiere en concreto al centro sirio-venezolano del que Chávez puso la primera piedra en 2009. Ella lo vio y cuenta que «eso es puro peladero, ni frisado está el piso. En eso es igualito también que Venezuela, que las obras no se terminaron nunca».
Neisser en su último viaje a Sweida, en 2016. Foto: Neisser Banout Radwan
Neisser nació en Maracay (Aragua), pero sus abuelos migraron desde Siria tras la Segunda Guerra Mundial. Como tantos drusos encontraron en Venezuela un lugar donde refugiarse y prosperar. Aunque después de más de 30 años en el país y con la crisis venezolana, su abuela decidió regresar a Sweida.
Fue en 2016 cuando ella viajó por última vez para verla. En ese momento, Siria estaba en plena guerra; a su vez, en Venezuela había un fuerte desabastecimiento y era común hacer colas a las puertas de los supermercados que podían durar horas para conseguir productos básicos.
«En ese viaje vi cosas que me volvían loca. Tuvimos que llegar a Sweida desde Líbano por tierra porque el aeropuerto de Damasco estaba cerrado por la guerra. Pero, por otro lado, íbamos al mercado y encontrábamos harina pan. En Venezuela estábamos críticos con la comida y ahí se conseguía igual», cuenta aún asombrada.
Y recuerda cómo su abuela, en ese contexto de guerra, la llamaba desde Siria. «Nos preguntaba si comíamos bien. Es muy fuerte vivir esas dos realidades», dice.
«Terrorismo contra el pueblo druso»
Neisser, que normalmente usa las redes sociales como altavoz para hacer comedia activista en favor del colectivo LGTBIQ+, por una vez en estos días se vistió de los colores de la estrella drusa para denunciar lo que tanto ella como el resto de entrevistados califican de «terrorismo puro contra el pueblo druso».
En julio, tras enfrentamientos entre los beduinos y drusos en la provincia, el gobierno del presidente interino Ahmed al Sharaa -que encabezó el derrocamiento del régimen de Bashar al Assad por los rebeldes dirigidos por islamistas en diciembre pasado- anunció que desplegaría las fuerzas del Ministerio del Interior y de Defensa para «restablecer la estabilidad».
Desde la caída de Assad, algunos líderes drusos locales han rechazado la presencia de las fuerzas de seguridad en la ciudad de Sweida. Cuando las fuerzas gubernamentales se desplegaron, los enfrentamientos se intensificaron.
Pronto se acusó a las fuerzas gubernamentales de atacar tanto a combatientes drusos como a civiles, lo que llevó al ejército israelí a intervenir con una serie de ataques aéreos que, según dijeron, pretendían proteger a los drusos.
Aunque hubo un alto el fuego, la situación permanece tensa en la ciudad y el acceso a la provincia sigue siendo difícil.
En el salón de huéspedes de la familia Al-Radwan hubo una masacre. Foto: Reuters
Según la Red Siria de Derechos Humanos, una organización no gubernamental, más de mil personas murieron en esas semanas. Acorde al Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ubicado en Reino Unido, la cifra supera los 1.600. Ambos coinciden que la mayoría de los fallecidos fueron combatientes drusos y civiles.
Hay dos focos principales donde sucedieron las masacres. Uno es el hospital de Sweida, lugar que la BBC pudo visitar y donde habló con testigos. Otro de los sitios donde se reportaron ejecuciones masivas, según reporta Reuters, fue en el salón de huéspedes de la familia Al-Radwan.
«Mi madre me llamó llorando y me cuenta que mataron a nuestra familia, que se metieron en el salón de reuniones de la familia. Fue horrible. Vi los videos y reconocí a tíos, tíos de mi mamá, todos los cadáveres en el suelo y en las paredes las fotos mi abuelo, mi bisabuelo. Es una imagen fea y dolorosa», dice Neisser.
Su tía, que regresó hace unos años a Sweida, logró irse antes y ponerse a salvo. Pero Neisser dice que está aterrada.
«Estamos buscando la forma de sacarla de Siria. Lo último que pude hablar con ella es que estaba bajo resguardo, con más mujeres y niños. Pero es doloroso sentir que no tiene espacio donde pueda estar segura, que se vea obligada otra vez a dejar su país», cuenta.
A Randa Dowiar, otra drusa nacida en Portuguesa, Venezuela, con marido sirio y residente en Siria desde 2018, no le dio tiempo a salir de su casa. Aunque logró salvar la vida.
Hablamos con ella, aún en Sweida pero a resguardo en casa de su hermana.
«Recuerdo voces, muchas balas, sonidos como de tirando cohetes. Entraron en mi casa y empezaron a robarnos todo: dólares, tres carros, otro lo quemaron, abrieron la caja fuerte. Le pusieron un cuchillo en el cuello a mi suegro, a mi cuñado», me cuenta con la voz entrecortada.
Randa Dowiar nació en Venezuela, es drusa y ahora vive en Sweida. Foto: Randa Dowiar
«Cuando entraron, las mujeres nos pusimos un mantel en la cabeza para que no nos vieran el pelo, porque si no, nos matan. A mi hijo, que tiene autismo, le di un remedio para que se quedara callaíto y no molestara. Estuvimos cuatro días encerrados en la casa, mientras ellos entraban y salían. Nos decían que querían sacar todo lo que fuera druso, nos dijeron que éramos malos, que no sabemos lo que es Dios, que solo ellos entienden de Dios; que nos iban a maltratar, acuchillar, a matar. Pero Dios nos cuidó», relata.
Me lo cuenta con sus dos niños al lado, pero ninguno entiende bien lo que dice porque el mayor no habla y el menor solo entiende el árabe.
El gobierno de Venezuela fletó en estos días varios vuelos para sacar a sus nacionales de Siria. Randa se anotó junto a sus hijos, pero su esposo deberá esperar aún más porque su pasaporte sirio está vencido.
«Esto era una ciudad limpia, hermosa. La vida era muy bonita. Ahora tocará de nuevo regresar a Portuguesa», dice.
Y como la propia Sweida, con esa mezcla de dos culturas tan marcada, en los últimos minutos de nuestra llamada se dirige a sus hijos y les dice algo en árabe para luego despedirse de mi con un «Mi amor, aquí estamos a la orden».
*Con información adicional de Juan Francisco Alonso, Ángel Bermúdez y Lina Sinjab desde Damasco.
Pie de foto, Hikmat al Hijri, el líder espiritual de los drusos, es uno de los miles de miembros de esta rama del islam nacidos en Venezuela.
La reciente ola de bombardeos israelíes en Siria ha puesto la atención sobre una de las minorías religiosas del país, los drusos, y en particular sobre su líder espiritual.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) justificaron sus ataques afirmando que querían proteger a los miembros de esta rama minoritaria del islam, la cual representa alrededor del 3% de la población siria.
Por ahora, el objetivo parece haberse cumplido, pues el presidente interino sirio, Ahmed al Sharaa, aseguró este jueves que era "prioridad" de su gobierno proteger a la comunidad drusa, la cual ha sido víctima de ejecuciones extrajudiciales y otros crímenes, según organizaciones como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR, por sus siglas en inglés).
"Afirmamos que proteger sus derechos y libertades es una de nuestras principales prioridades", declaró el mandatario en un discurso televisado.
Y como prueba, el dirigente anunció la retirada de sus soldados y de las facciones beduinas sunitas de la ciudad de Suweida, bastión druso y escenario de unos violentos choques sectarios que dejaron alrededor de 600 muertos, de acuerdo también con el Observatorio.
La salida de las fuerzas sirias se ha producido tras un acuerdo con los líderes de esta minoría, en particular con Hikmat al Hijri, quien en los últimos meses se ha convertido en uno de los críticos acérrimos del actual régimen de Damasco y también es una de las voces más influyentes en el país.
Sin embargo, al Hijri ha negado cualquier pacto y abogó por continuar los combates hasta la "liberación total de nuestra provincia de las bandas", en referencia a las fuerzas gubernamentales.
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Pie de foto, Israel bombardeó el jueves Damasco y otras regiones de Siria para proteger a los drusos de los ataques de las fuerzas sirias y de grupos beduinos.
Venido del Caribe
El líder espiritual de los drusos tiene una profunda conexión con América Latina.
Al Hijri nació el 9 de junio de 1965 en Venezuela, donde su padre, el líder Salman Ahmad al Hijri, trabajaba por aquel entonces, reportó el servicio árabe de la BBC.
Siendo un adolescente, volvió junto a su familia a Siria, donde completó su educación y estudió derecho en la Universidad de Damasco entre 1985 y 1990, según Al Amama, un sitio web dedicado a la comunidad drusa.
Después, en 1993, al Hijri regresó a Venezuela para trabajar, antes de retornar definitivamente a Suweida en 1998 y establecerse en la cercana localidad de Qanawat, centro espiritual druso, informó SyriaDirect, un sitio web noticioso que opera en Jordania y es financiado por el gobierno alemán.
El hoy jeque, quien se crio en un ambiente religioso conservador, ascendió dentro de la estructura religiosa de la comunidad hasta que sucedió a su hermano Ahmed en 2012 en el liderato, luego de que este falleciera en un misterioso accidente.
"El líder, como su fallecido hermano, tiene pasaporte venezolano y es parte de ese numeroso grupo de venezolanos de ascendencia drusa al que yo también pertenezco", aseguró a BBC Mundo el exdiputado venezolano Adel El Zabayar.
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Pie de foto, El jeque al Hijri mantuvo una postura cercana con el régimen del derrocado Bashar al Assad, por lo cual es criticado hoy por sectores de la comunidad drusa.
De aliado a crítico de gobiernos
Hikmat al Hijri, quien es el líder espiritual de los drusos desde 2012, mantuvo una postura cercana con el depuesto régimen de Bashar al Assad, recordó el servicio árabe de la BBC.
"Bashar, tú eres la esperanza de la nación, del panarabismo y de los árabes", llegó a decir en 2012, reseñó SyriaDirect.
Ya en plena guerra civil siria, el líder religioso instó a los drusos a tomar las armas y salir en defensa del régimen de Assad.
Sin embargo, un incidente con un general del ejército sirio durante una llamada telefónica en 2021 supuso un quiebre y un distanciamiento con el depuesto gobernante.
Lo que al Hijri calificó como "insultos verbales" desencadenó una ola de protestas en Suweida, las cuales fueron duramente reprimidas.
Tras el sorpresivo derrocamiento de su otrora aliado, el jeque saludó al nuevo gobierno liderado por las fuerzas islamistas de Hayat Tahrir al Sham (HTS), aunque "con reservas".
No obstante, una serie de sangrientos enfrentamientos ocurridos en los últimos meses parecen haber roto los puentes entre las nuevas autoridades nacionales sirias y el líder de los drusos.
"No hay entendimiento ni acuerdo con el gobierno de Damasco", dijo al Hijri a mediados de marzo, calificando de "extremista en toda la extensión de la palabra" y de "solicitado por la justicia internacional" al actual Ejecutivo sirio.
"Las masacres contra personas inocentes recuerdan las atrocidades perpetradas por el Estado islámico", remató en esa oportunidad.
Los giros y algunas conductas exhibidas por el líder espiritual le han generado rechazo en algunos sectores de la propia comunidad drusa.
"A pesar de la convicción de que el régimen de Assad fue responsable del asesinato de su hermano apoyó a ese régimen, se sometió a sus órdenes y no se opuso a las masacres y violaciones que cometió", denunció el periodista Samer al Fares a SyriaDirect.
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Pie de foto, En unos de sus múltiples viajes a Siria, Hugo Chávez visitó la localidad de Suweida, bastión de los drusos.
Una tierra próspera y segura
El caso de al Hijri es uno de tantos, pues desde finales del siglo XIX y hasta bien entrado el XX, miles de drusos, junto a sirios y libaneses, se instalaron en Venezuela atraídos por su bonanza económica.
"Mi padre llegó a Venezuela en la década de 1950 por razones económicas. Así como lo hicieron miles de otros inmigrantes italianos, portugueses y del sur de Europa, los cuales escapaban de la miseria que sobrevino en esos países después de la Segunda Guerra Mundial", afirmó El Zabayar, exlegislador por el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
"Él (mi padre) era un campesino y en esa época Siria era muy inestable, pues se sucedían golpes de Estado a cada rato y la economía no marchaba bien. En cambio, Venezuela ofrecía prosperidad y estabilidad", agregó El Zabayar, quien fue presidente de la Federación Árabe de Venezuela.
Sin embargo, el exdiputado chavista admitió que lo económico no fue la única razón de peso para que los drusos escogieran emigrar al país suramericano.
"Otro elemento atractivo de Venezuela es que es uno de los países donde no ha habido confrontaciones por razones religiosas. Aquí todos eran recibidos con los brazos abiertos", remató.
Los drusos en Siria han sido víctimas de persecución y violencia por parte de otros grupos religiosos y étnicos a lo largo de la historia.
Antes de que se iniciara la ola migratoria venezolana, se estimaba que en el país había 300.000 y 500.000 drusos o descendientes de drusos, lo cual convertía a esta comunidad en una de las más numerosas fuera de Medio Oriente.
Además de la capital, Caracas, las zonas petroleras y la caribeña isla de Margarita fueron algunos de los sitios donde se concentró este colectivo.
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Pie de foto, Tarek El Aissami, quien llegó a ser vicepresidente y presidente de Pdvsa, es miembro de la comunidad drusa venezolana.
De la mano del chavismo
Con la llegada de Hugo Chávez al gobierno en 1999 miembros de la comunidad drusa escalaron en Venezuela hasta alcanzar posiciones de poder, siendo el caso más emblemático el de la familia El Aissami.
Tarek El Aissami llegó a ser ministro del Interior y gobernador durante la gestión del fallecido Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro ocupó la presidencia de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la vicepresidencia económica. Hoy, sin embargo, está tras las rejas acusado de corrupción por la Fiscalía venezolana.
Por su parte, la hermana del exfuncionario, Haifa, fue fiscal y embajadora de Venezuela ante la Corte Penal Internacional (CPI).
Pero así como la presencia drusa es patente en Venezuela, también lo es la venezolana en Siria. Y una prueba es que Suweida, el principal bastión de esta minoría religiosa al sur de Damasco, es apodada "la pequeña Venezuela" o "Suweidazuela".
"Casi 20% de la población de Suweida tiene origen venezolano", aseguró El Zabayar, quien comentó que en la localidad abundan los locales de comida o donde se pueden adquirir productos venezolanos.
En 2009, durante uno de los varios viajes que realizó a Siria, el fallecido Chávez visitó la localidad drusa.
"Siento a Suweida como mi casa. Suweida es como Venezuela, Siria es como Venezuela y ustedes saben que Venezuela es casa y hermana de Siria", declaró en esa ocasión el entonces gobernante bolivariano.
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Pie de foto, Al Hijri con otros drusos en una imagen tomada en diciembre de 2024.https://www.bbc.com/