Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
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domingo, febrero 08, 2026

Neuro Villalobos: Humor y comicidad en la política



El miedo nos aparta de las derrotas. . . Pero también de las victorias.

Vivimos un período histórico que exige de la dirigencia política empinarse por encima de intereses minúsculos para pensar no sólo en las próximas elecciones, sino también en las próximas generaciones. Se requiere una unidad política de Estadistas que sepan interpretar los signos de los tiempos para pasar de la patria mítica de la cual nos habló Ana Teresa Torres, a la patria posible y soñada por las nuevas generaciones de venezolanos.

Se trata de dejar el pasado a los rencorosos y resentidos que haciendo una falsa interpretación de la historia pretenden insertarla en una disparatada concepción  ideológica en el presente. Ignoran que esa patria mítica, como dice la autora citada, [surge de la memoria colectiva y de la necesidad de los pueblos, no es una argucia ideada por algunas mentes clarividentes sino la respuesta de una sociedad a varias circunstancias, y dentro de un conjunto de diferentes referentes culturales.[

los nuevos tiempos imponen construir el presente factible con los hombres y mujeres con que contamos, con sus capacidades y anhelos, con una visión de país como la expresada en la Constitución Nacional vigente, y programas de gobierno dirigidos a satisfacer necesidades muy sentidas y siempre postergadas de las grandes mayorías del país en el corto plazo, y que permitan remover las deficiencias y vicios estructurales de la gestión política venezolana en el mediano plazo.

El candidato o candidata de la unidad, ubicado en este contexto, que encarne la propuesta alternativa democrática, debe cumplir con el perfil exigido por la sociedad y que se reflejan en las encuestas serias. En todo caso debe ser un candidato o candidata de amplia visión, de sólida formación, que interprete cabalmente las esperanzas y expectativas de las grandes mayorías, y que tengan el propósito sincero de dar cumplimiento a las soluciones ofrecidas. La búsqueda y selección de ese candidato ideal debe comenzar desde ahora, no obstante deben abstenerse las nulidades engreídas que se creen aptos para todo. No olvidemos que los ansiosos y desesperados generalmente van a parar al cementerio de los políticos o ponen la cómica.

Entendemos que para gobernar hay que tener un poco de humor. Es saludable, forma parte de la tolerancia que todo gobernante debe mostrar ante el señalamiento de sus errores y la mordacidad de la crítica. El régimen chavista no soporta ningún reproche u opinión adversa, cree que todo lo está haciendo bien porque la corte de serviles que tiene se parece a ciertos perritos que observamos en lo carritos [por puesto[ que existen en la ciudad.

En un país donde la claque militar ya no manda divisiones ni batallones sino que dirige negociosÑ que no cuenta cañones ni fusiles sino el dinero mal habido, donde los gobernantes se ríen de su pueblo, es el colmo del sarcasmo y de lo extenso y profundo de la descomposición moral que corroe el alma nacional. Existen cómicos que cuando fracasan se refugian en la política, pero hay políticos que no cejan en su empeño de poner permanentemente la cómica. La política es cosa seria aunque tolera el humor.

La burla oficial frente al reclamo de su incompetencia por los ciudadanos forma parte de la gran tragedia nacional. Eso no puede formar parte del humor ni de la comicidad, para eso existen los dos espectáculos de masa por excelencia, el deporte y el teatro, aunque no debemos confundir el humor con la comicidad.

nevillarin2gmail.com

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lunes, enero 12, 2026

Caricaturista venezolano compartió ilustraciones de la audiencia de Maduro: "La justicia anhelada y palpable"


El pasado 5 de enero quedó grabado en la memoria de los venezolanos no solo por los titulares internacionales, sino por el testimonio ilustrado del caricaturista venezolano Jorge Torrealba, quien asistió a la primera audiencia federal de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Nueva York.

El artista compartió a través de sus redes sociales una serie de ilustraciones que capturan la atmósfera de un momento que define como "una carga emocional enorme".

"Ese día fue muy difícil para mí. Sentí una carga emocional enorme. No solo estaba allí como artista, estaba allí como venezolano. Mientras dibujaba, sentía la presión de estar viviendo un momento histórico, de tener frente a mí a la persona que ha causado tanto dolor a nuestro país", expresó en Instagram.

A través de un carrusel de imágenes, Torrealba narró la secuencia de la comparecencia. Una de las ilustraciones muestra las piernas de Maduro arrastrando "cadenas andantes", simbolizando los años de sufrimiento bajo un "poder delirante".

El artista capturó los ojos del acusado, afirmando que este "miró fijamente" a los presentes en la sala en medio de un "silencio abismal memorable". Los dibujos muestran a los asistentes en la sala, expectantes por observar lo que parecía impensable: ver a las figuras principales del gobierno bajo custodia judicial estadounidense.

El caricaturista, de 35 años de edad, se retrató a sí mismo junto a sus iguales, sosteniendo su lápiz como herramienta de memoria, asegurando que el enojo de las víctimas no se intimidó por la presencia del gobernante oficialista.

La figura de un juez, apenas visible sobre el estrado y escoltada por la bandera de Estados Unidos, representa la "justicia anhelada y palpable" que finalmente se materializó ese 5 de enero. Una escena describe el momento en que se abrieron las "puertas y ventanas" del lugar que aguardaba a Maduro, mostrando a un oficial de seguridad dando paso a la posteridad legal del caso.

El caricaturista concluyó su relato visual afirmando que este trabajo es una memoria compartida y una forma de asegurar que el país no olvida. "Gracias a todos los que me han escrito, a los que han sentido este momento como propio. Esto también es para ustedes".


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domingo, octubre 19, 2025

Carta a la diáspora Por Laureano Márquez


Queridos paisanos:

Dirigirles un mensaje esperanzador, en estos tiempos, no es un asunto sencillo. Detrás de cada compatriota al que le ha tocado ausentarse de su tierra, de sus afectos y, en definitiva, de la odisea de su vida se tejen numerosas historias conmovedoras y circunstancias íntimas de diversa naturaleza. El término diáspora alude a dispersión, a lejanía de todo aquello que constituye la esencia de lo que se es. El sentimiento que mejor la expresa es el de la nostalgia.

La palabra nostalgia suele definirse como «la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida». Es que la reminiscencia de esos primeros años de infancia y primera juventud en los que se forjó nuestro carácter, del lugar en el que dichos años transcurrieron, de los amigos, de los seres queridos dejados atrás, de nuestro clima y hasta de los objetos personales que compartieron nuestra cotidianidad, en fin, la reminiscencia de todo aquello que conforma nuestra historia personal produce en nuestra alma un dolor extraño, difícil de explicar, porque, traídos nuevamente a la memoria, prevalecen nuestros momentos felices. En griego, el sufijo algia de la palabra «nostalgia» alude al dolor provocado por algún motivo concreto; de allí «neuralgia», «lumbalgia» y tantos otros dolores físicos.

Así pues, el primer cometido de quien ha tenido que alejarse de su hogar es el de sobrellevar dignamente la nostalgia, lidiar con el dolor de la ausencia de todo lo querido y familiar sin que sea un obstáculo para el nuevo trajinar. Expresiones como: «comenzar de nuevo», «reinventarse» y hasta el tecnológico «reiniciarse» se vuelven habituales entre gentes que cambian de lugar, de oficio, de proyecto vital. Es un proceso que no rompe con la historia personal de cada uno, sino que constituye una manera de reforzarla, porque un ser humano es la sumatoria de todo lo que ha sido, un despliegue de potencialidades que, de alguna manera, estaban allí dormidas, que el tránsito por nuevas latitudes hace despertar y de las que, probablemente, esa persona ni siquiera había caído en cuenta.

Muchas son las maneras de emigrar. Hay quien rompe con todo su pasado y adopta el carácter y modo de ser de su nuevo rumbo, incluyendo las formas del habla, del sitio de acogida, ocultando la propia o el idioma, abandonando el materno, como si su origen lo avergonzara o como si un «nuevo comienzo» implicase la negación de todo su pasado. En el caso de los venezolanos, lo más usual es que la identidad se afiance. En su poema Para una versión del I King, nos dice Borges: «Nuestra vida es la senda futura y recorrida. Nada nos dice adiós. Nada nos deja». Nuestro equipaje es nuestra propia historia y, en la distancia, la esencia de lo que somos se reafirma.

Muchas veces, como diría Aquiles Nazoa, nos reencontramos en las cosas más sencillas que otrora lucían carentes de importancia y hoy nos definen: un viejo budare, el centro de mesa que tejió la abuela, los viejos retratos de cuando las fotografías tenían importancia, un cuaderno con la receta de la hallaca materna, la bandera que transitó las calles y tantas otras cosas que lo que terminan es confirmando la idea de que, cuando un venezolano emigra, se lleva su país en el corazón.

En cada venezolano repartido por el mundo habita la identidad de todo un pueblo. Por ello, entre otras razones de índole moral y espiritual, es menester ser bueno, ser la mejor versión de lo que somos allí donde nos hallemos, porque, además del cuidado del propio prestigio, está en juego el de nuestra patria.

Que la gente de otros lugares diga que los venezolanos son honestos, trabajadores, creativos, buenas personas y gente confiable hace un bien invalorable a la imagen del país, como daño causa que se diga lo contrario. Así, cada compatriota disperso por el mundo ha de considerarse embajador de su tierra, imagen de su pueblo y exponente de los valores de la identidad nacional. Bueno es recordar y seguir el ejemplo de las gentes llegadas a Venezuela de otras latitudes en otros tiempos: cómo guardaron con celo sus tradiciones y las hicieron parte de las nuestras, especialmente en el terreno de la gastronomía; cómo se incorporaron al quehacer académico y cultural del país; cómo enseñaron su idioma a los hijos; cómo fundaron casas para el encuentro con sus paisanos y cómo guardaron sus papeles de origen por un porsia. Fueron esos los documentos que permitieron a sus hijos, luego, cuando la historia cambió, emigrar legalmente a la tierra de sus padres. Por eso siempre recomiendo a nuestros paisanos guardar con celo pasaportes y partidas, porque la tortilla de la historia se voltea con frecuencia y quién quita que en un futuro permitan a sus hijos o nietos volver a construir su destino en una tierra de progreso, esperanza y libertad, como hicieron sus padres o abuelos.

El otro vocablo griego presente en la palabra nostalgia es nostos, que significa regreso. En la literatura clásica, se asocia al viaje de vuelta de Odiseo a su Ítaca natal, luego de largo exilio. La idea de la vuelta a la patria, anhelada en la distancia, está siempre presente en quien emigra: pasar los últimos años, como Odiseo, allí, donde se aprendió a vivir. «Quien se aleja de su casa ya ha vuelto», nos dice Borges en el citado poema.

De modo que emigrar, aunque no lo parezca, es también un largo viaje de vuelta a casa, a nuestra Ítaca, a la que quizá hallemos pobre, como dice Kavafis en su poema, pero eso nada importa para quien retorna pleno de aventuras y vivencias, ya que: «Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia, habrás entendido lo que significan las ítacas».

Originalmente publicado en el diario TalCual

https://www.elnacional.com/

jueves, septiembre 25, 2025

Laureano Márquez: Carta a la diáspora venezolana



De modo que emigrar, aunque no lo parezca, es también un largo viaje de vuelta a casa, a nuestra Ítaca.

Queridos paisanos:

Dirigirles un mensaje esperanzador, en estos tiempos, no es un asunto sencillo. Detrás de cada compatriota al que le ha tocado ausentarse de su tierra, de sus afectos y, en definitiva, de la odisea de su vida se tejen numerosas historias conmovedoras y circunstancias íntimas de diversa naturaleza. El término diáspora alude a dispersión, a lejanía de todo aquello que constituye la esencia de lo que se es. El sentimiento que mejor la expresa es el de la nostalgia.

La palabra nostalgia suele definirse como «la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida». Es que la reminiscencia de esos primeros años de infancia y primera juventud en los que se forjó nuestro carácter, del lugar en el que dichos años transcurrieron, de los amigos, de los seres queridos dejados atrás, de nuestro clima y hasta de los objetos personales que compartieron nuestra cotidianidad, en fin, la reminiscencia de todo aquello que conforma nuestra historia personal produce en nuestra alma un dolor extraño, difícil de explicar, porque, traídos nuevamente a la memoria, prevalecen nuestros momentos felices. En griego, el sufijo algia de la palabra «nostalgia» alude al dolor provocado por algún motivo concreto; de allí «neuralgia», «lumbalgia» y tantos otros dolores físicos.

Así pues, el primer cometido de quien ha tenido que alejarse de su hogar es el de sobrellevar dignamente la nostalgia, lidiar con el dolor de la ausencia de todo lo querido y familiar sin que sea un obstáculo para el nuevo trajinar. Expresiones como: «comenzar de nuevo», «reinventarse» y hasta el tecnológico «reiniciarse» se vuelven habituales entre gentes que cambian de lugar, de oficio, de proyecto vital. Es un proceso que no rompe con la historia personal de cada uno, sino que constituye una manera de reforzarla, porque un ser humano es la sumatoria de todo lo que ha sido, un despliegue de potencialidades que, de alguna manera, estaban allí dormidas, que el tránsito por nuevas latitudes hace despertar y de las que, probablemente, esa persona ni siquiera había caído en cuenta.

Muchas son las maneras de emigrar. Hay quien rompe con todo su pasado y adopta el carácter y modo de ser de su nuevo rumbo, incluyendo las formas del habla, del sitio de acogida, ocultando la propia o el idioma, abandonando el materno, como si su origen lo avergonzara o como si un «nuevo comienzo» implicase la negación de todo su pasado. En el caso de los venezolanos, lo más usual es que la identidad se afiance. En su poema “Para una versión del I King”, nos dice Borges: «Nuestra vida es la senda futura y recorrida. Nada nos dice adiós. Nada nos deja». Nuestro equipaje es nuestra propia historia y, en la distancia, la esencia de lo que somos se reafirma. Muchas veces, como diría Aquiles Nazoa, nos reencontramos en las cosas más sencillas que otrora lucían carentes de importancia y hoy nos definen: un viejo budare, el centro de mesa que tejió la abuela, los viejos retratos de cuando las fotografías tenían importancia, un cuaderno con la receta de la hallaca materna, la bandera que transitó las calles y tantas otras cosas que lo que terminan es confirmando la idea de que, cuando un venezolano emigra, se lleva su país en el corazón.

En cada venezolano repartido por el mundo habita la identidad de todo un pueblo. Por ello, entre otras razones de índole moral y espiritual, es menester ser bueno, ser la mejor versión de lo que somos allí donde nos hallemos, porque, además del cuidado del propio prestigio, está en juego el de nuestra patria. Que la gente de otros lugares diga que los venezolanos son honestos, trabajadores, creativos, buenas personas y gente confiable hace un bien invalorable a la imagen del país, como daño causa que se diga lo contrario. Así, cada compatriota disperso por el mundo ha de considerarse embajador de su tierra, imagen de su pueblo y exponente de los valores de la identidad nacional. Bueno es recordar y seguir el ejemplo de las gentes llegadas a Venezuela de otras latitudes en otros tiempos: cómo guardaron con celo sus tradiciones y las hicieron parte de las nuestras, especialmente en el terreno de la gastronomía; cómo se incorporaron al quehacer académico y cultural del país; cómo enseñaron su idioma a los hijos; cómo fundaron casas para el encuentro con sus paisanos y cómo guardaron sus papeles de origen por un porsia. Fueron esos los documentos que permitieron a sus hijos, luego, cuando la historia cambió, emigrar legalmente a la tierra de sus padres. Por eso siempre recomiendo a nuestros paisanos guardar con celo pasaportes y partidas, porque la tortilla de la historia se voltea con frecuencia y quién quita que en un futuro permitan a sus hijos o nietos volver a construir su destino en una tierra de progreso, esperanza y libertad, como hicieron sus padres o abuelos.

El otro vocablo griego presente en la palabra nostalgia es nostos, que significa regreso. En la literatura clásica, se asocia al viaje de vuelta de Odiseo a su Ítaca natal, luego de largo exilio. La idea de la vuelta a la patria, anhelada en la distancia, está siempre presente en quien emigra: pasar los últimos años, como Odiseo, allí, donde se aprendió a vivir. «Quien se aleja de su casa ya ha vuelto», nos dice Borges en el citado poema. De modo que emigrar, aunque no lo parezca, es también un largo viaje de vuelta a casa, a nuestra Ítaca, a la que quizá hallemos pobre, como dice Kaváfis en su poema, pero eso nada importa para quien retorna pleno de aventuras y vivencias, ya que: «Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia, habrás entendido lo que significan las ítacas».

@laureanomar

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viernes, agosto 22, 2025

Del humor político, por Laureano Márquez P.


X: @laureanomar


Es un tema recurrente en las reflexiones serias sobre el humorismo evaluar los alcances del humor de corte político. Mucho se ha discutido sobre el tema. Para comenzar, quizá la primera distinción a establecer es que en este asunto no es lo mismo el humor de los políticos que el humor sobre ellos o sobre la política misma. En el primer caso, encontramos múltiples ejemplos de políticos que han hecho uso del humor como recurso tanto para conectar con sus seguidores, como para descalificar o combatir a sus adversarios.

Un ejemplo reconocido en la historia universal es el de Winston Churchill, de quien existen múltiples anécdotas que así lo certifican, como aquella de un miembro de su bancada que en pleno debate en la Cámara de los Comunes se levantó para pasarse al bando opositor mientras el premier hablaba. Churchill, al ver el gesto de protesta, exclamó: «esta es la primera vez que veo a una rata nadar hacia el barco que se hunde».

También en la historia de Venezuela abundan los ejemplos, como el notable caso de Andrés Eloy Blanco, quien siempre tenía a mano una salida ingeniosa cargada de humor ante las más controversiales situaciones políticas.

De esa gracia hizo uso con frecuencia cuando le correspondió ser presidente de la polémica asamblea constituyente del año 1946. De él dijo el doctor Caldera, a la sazón su adversario político en aquellos momentos de dura y hostil confrontación, lo siguiente: «Él influyó, como ninguno, en mantener la unidad orgánica de un cuerpo dividido en fracciones ardientemente opuestas. Y cuando la violencia verbal hacía parecer imposible la permanencia de la minoría en el seno de la Asamblea, él buscaba en los inagotables recursos de su talento la manera de echar, sin aparecer desautorizando abiertamente a sus más apasionados compañeros, un refrigerio sobre el espíritu atormentado de la cámara, que era un eco del espíritu angustiado de la Patria». Aquí el humor político lo que procuraba, como bien señala Rafael Caldera, era la conciliación y por tal razón se refiere con justicia a Andrés Eloy como «el amortiguador de la constituyente».

Cuando entramos en el segundo aspecto: el humor sobre la política o los políticos, la cosa se complica un poco más y son muchas las posiciones discrepantes sobre la utilidad y finalidad de esta manifestación del humorismo. Los autores que han examinado el tema suelen estar de acuerdo en el hecho de que el humorismo político crea nuevas significaciones sobre los problemas que tienen que ver con los asuntos colectivos, también en la idea de que prevalece un contenido crítico que expresa el descontento social.

*Lea también: Los influencers de Dios, por Laureano Márquez P.

No significa esto que toda manifestación de esta forma de humor sea exclusivamente de abajo hacia arriba, es decir de los que no tienen poder hacia quienes los detentan, sino que también puede suceder al revés: el humor político puede estar al servicio de los poderosos en contra de los débiles, para desanimarlos o descalificarlos. Esto, muchas veces, más que como humor suele manifestarse como burla que justifica la marginación.

Lo curioso del humor político es que según la forma en cómo se manifieste puede servir tanto de mecanismo de control del poder frente a los ciudadanos, como de resistencia y vehículo de protesta y reivindicación social. En el primer caso funcionaría como «válvula de escape» del descontento social, sin alterar el orden político, mientras que en el segundo la misión sería, de alguna manera, la de subvertir dicho orden para animar a la gente a transformarlo.

Algunos teóricos, como Gregor Benton, niegan toda posibilidad de que el humorismo político tenga alguna eficacia política. Según él los que luchan por la libertad tienen que hacer cosas más serias que reírse de su enemigo, que el humor político es tan transitorio como las risas que produce.

Claro que todos estos puntos de vista pueden ser evaluados en la medida en que se expresan en sociedades en las que se tolera el humor político. De alguna manera la persecución y censura que esta manifestación artística sufre en sistemas totalitarios o no democráticos hacen complicado evaluar su alcance, aunque quizá dicha persecución es el más claro y contundente reconocimiento de su poder y alcance.

Tal vez, el rol más importante del humorismo político, más que el de ser promotor de transformaciones políticas, es el de mantener viva en el corazón de la gente la esperanza de que tales transformaciones son posibles y de que corresponde a todos nosotros, que somos por definición animales políticos, propiciarlas con nuestras acciones, y en definitiva, de que un mundo más justo, libre y amoroso es posible.

Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.

https://talcualdigital.com/

Caricaturas de este viernes 22 de agosto de 2025




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jueves, agosto 14, 2025

Laureano Márquez: Del humor político



Es un tema recurrente en las reflexiones serias sobre el humorismo evaluar los alcances del humor de corte político. Mucho se ha discutido sobre el tema. Para comenzar, quizá la primera distinción a establecer es que en este asunto no es lo mismo el humor de los políticos que el humor sobre ellos o sobre la política misma. En el primer caso, encontramos múltiples ejemplos de políticos que han hecho uso del humor como recurso tanto para conectar con sus seguidores, como para descalificar o combatir a sus adversarios. Un ejemplo reconocido en la historia universal es el de Winston Churchill, de quien existen múltiples anécdotas que así lo certifican, como aquella de un miembro de su bancada que en pleno debate en la Cámara de los Comunes se levantó para pasarse al bando opositor mientras el premier hablaba. Churchill, al ver el gesto de protesta, exclamó: «esta es la primera vez que veo a una rata nadar hacia el barco que se hunde».

También en la historia de Venezuela abundan los ejemplos, como el notable caso de Andrés Eloy Blanco, quien siempre tenía a mano una salida ingeniosa cargada de humor ante las más controversiales situaciones políticas. De esa gracia hizo uso con frecuencia cuando le correspondió ser presidente de la polémica asamblea constituyente del año 1946. De él dijo el doctor Caldera, a la sazón su adversario político en aquellos momentos de dura y hostil confrontación, lo siguiente: «Él influyó, como ninguno, en mantener la unidad orgánica de un cuerpo dividido en fracciones ardientemente opuestas. Y cuando la violencia verbal hacía parecer imposible la permanencia de la minoría en el seno de la Asamblea, él buscaba en los inagotables recursos de su talento la manera de echar, sin aparecer desautorizando abiertamente a sus más apasionados compañeros, un refrigerio sobre el espíritu atormentado de la cámara, que era un eco del espíritu angustiado de la Patria». Aquí el humor político lo que procuraba, como bien señala Rafael Caldera, era la conciliación y por tal razón se refiere con justicia a Andrés Eloy como «el amortiguador de la constituyente».

Cuando entramos en el segundo aspecto: el humor sobre la política o los políticos, la cosa se complica un poco más y son muchas las posiciones discrepantes sobre la utilidad y finalidad de esta manifestación del humorismo.

Los autores que han examinado el tema suelen estar de acuerdo en el hecho de que el humorismo político crea nuevas significaciones sobre los problemas que tienen que ver con los asuntos colectivos, y también en la idea de que prevalece un contenido crítico que expresa el descontento social. No significa esto que toda manifestación de esta forma de humor sea exclusivamente de abajo hacia arriba, es decir de los que no tienen poder hacia quienes los detentan, sino que también puede suceder al revés: el humor político puede estar al servicio de los poderosos en contra de los débiles, para desanimarlos o descalificarlos. Esto, muchas veces, más que como humor suele manifestarse como burla que justifica la marginación.

Lo curioso del humor político es que según la forma en cómo se manifieste puede servir tanto de mecanismo de control del poder frente a los ciudadanos, como de resistencia y vehículo de protesta y reivindicación social. En el primer caso funcionaría como «válvula de escape» del descontento social, sin alterar el orden político, mientras que en el segundo la misión sería, de alguna manera, la de subvertir dicho orden para animar a la gente a transformarlo.

Algunos teóricos, como Gregor Benton, niegan toda posibilidad de que el humorismo político tenga alguna eficacia política. Según él, los que luchan por la libertad tienen que hacer cosas más serias que reírse de su enemigo, y el humor político es tan transitorio como las risas que produce.

Claro que todos estos puntos de vista pueden ser evaluados en la medida en que se expresan en sociedades en las que se tolera el humor político. De alguna manera la persecución y censura que esta manifestación artística sufre en sistemas totalitarios o no democráticos hacen complicado evaluar su alcance, aunque quizá dicha persecución es el más claro y contundente reconocimiento de su poder y alcance.

Tal vez, el rol más importante del humorismo político, más que el de ser promotor de transformaciones políticas, es el de mantener viva en el corazón de la gente la esperanza de que tales transformaciones son posibles y de que corresponde a todos nosotros, que somos por definición animales políticos, propiciarlas con nuestras acciones, y, en definitiva, que un mundo más justo, libre y amoroso es posible.

@laureanomar

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martes, agosto 05, 2025

El chiste del día: Maduro insiste en que Venezuela tiene la economía "que más ha crecido en América Latina"


Cortesía

Nicolás Maduro afirmó este lunes 4 de agosto que el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela creció un 7,1% durante el primer semestre de 2025, una cifra que, según dijo, coloca al país como la economía de mayor crecimiento en América Latina.

lapatilla.com

Durante una transmisión de su programa Con Maduro+, Maduro sostuvo que “Venezuela es la economía que más ha crecido en América Latina”, y atribuyó ese supuesto resultado a las políticas del “Gobierno Bolivariano”, asegurando que se ha logrado “estabilizar la producción nacional y atraer inversiones”. A pesar de las reiteradas referencias al crecimiento, estudios independientes han puesto en entredicho las cifras proporcionadas por el régimen chavista.

Desde hace años, el BCV mantiene un esquema irregular de publicación de estadísticas macroeconómicas, lo que impide verificar de forma independiente las cifras difundidas por el Ejecutivo.

Mientras Maduro celebra un crecimiento económico sin evidencia pública, distintos sectores del país denuncian la persistencia de salarios mínimos congelados, inflación no controlada, precariedad en servicios básicos y bajos niveles de productividad industrial.

El contraste entre el discurso oficial y la situación en la calle mantiene el escepticismo sobre la realidad económica que enfrenta Venezuela.

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domingo, agosto 03, 2025

Los influencers de Dios


futuro

Se han reunido en el Vaticano 1.200 influencers que tienen como misión propagar la fe mediante las redes sociales. Misioneros digitales, podríamos decir. En los tiempos pretéritos los religiosos que difundían la fe navegaban grandes trayectos para evangelizar en los más remotos lugares del orbe, afrontando numerosas penurias. Los Jesuitas llegaron lejos, al corazón de América, con sus misiones del Paraguay, un intento de integración cultural cuya huella se mantuvo luego de su expulsión y seguramente algo tuvo que ver en la prosperidad del naciente país, la que alarmó a sus vecinos y causó inquietud a los poderes económicos del imperio inglés. Por todo el continente americano misioneros llevaron la lengua, propagaron la fe, interpretaron los idiomas aborígenes que aún se conservan, salvaron en lo que es hoy los Estados Unidos a muchos indígenas del exterminio con sus misiones. No se trata, sin embargo, de una actividad del pasado remoto, en los tiempos modernos hemos encontrado figuras relevantes en el ámbito de la acción misionera como la Madre Teresa de Calcuta en la India o la hermana Isabel Solá, asesinada en Haití, solo por nombrar dos, una muy conocida y la otra casi anónima.

En estos tiempos de inteligencia artificial, redes y tecnología, por lo que la noticia que comentamos revela, la misión evangelizadora se ha colocado a la altura de las innovaciones comunicacionales. Entre los más destacados influencers está, por ejemplo, el sacerdote brasileño Fabio de Melo, con 26 millones de admiradores en Instagram. Se presenta como sacerdote, cantante, compositor y ha sido nominado dos veces al Grammy Latino. Hay de todo, pues, en la viña digital: divulgadores de la religión a través del arte sacro e incluso un sacerdote que une fe y fitness, combinando consejos espirituales y deportivos, seguramente bajo el principio de mens sana in corpore sano. No le vaya a suceder a este pastor lo que aconteció en el viejo chiste de un circo que llega a un pueblo y buscando la aprobación del párroco fueron a hacerle una demostración en el templo. Allí estaban los malabaristas dando saltos mortales cuando entraron un par de ancianitas a confesarse y al ver el espectáculo dieron media vuelta para irse. El sacerdote fue a su encuentro y cuando las inquirió en la puerta de la iglesia acerca de por qué se iban, una de ellas salió al paso diciendo: «padre, es que usted, últimamente, está poniendo unas penitencias muy duras».

El papal León XIV les dirigió un mensaje. Habló de «redes de amor, redes en las que se pueda poner remedio a la soledad, redes que liberen, redes que abran espacio al otro más que a sí mismos, redes que nos hagan redescubrir la belleza de mirarnos a los ojos, redes de verdad». Allí estaban los 1.200 influencers grabando con sus celulares el mensaje del pontífice, seguramente para colgarlo en sus redes. Curioso como los signos de los tiempos asumen formas que nos resultan familiares: Jesús escogió, para llevar a cabo su misión, a sencillos pescadores cuyo instrumento de trabajo eran, casualmente, las redes, con la promesa de convertirlos en pescadores de hombres. Dijo el papa a los asistentes que no sintieran agobio por el número de seguidores. No podría uno estar más de acuerdo: al influencer más grande de la historia universal le bastaron apenas doce.

@laureanomar

https://laceiba.substack.com/

miércoles, julio 30, 2025

Laureano Márquez: Infidelidad concierto Coldpaly

 


La privacidad ha muerto, todo será grabado y expuesto. La vida toda se volvió espectáculo.

Si colocas en Google solo «infide…», sin terminar la palabra, lo primero que te aparece ya de una es «infidelidad concierto Coldplay», poniendo en evidencia el nivel de difusión que ha alcanzado el acontecimiento.

El concepto de actualidad noticiosa ha mutado tremendamente. En la medida en que el tiempo se acelera, más efímero es el impacto de las informaciones. Por poner un ejemplo: la noticia de la caída de Constantinopla en 1453 nos acompañó como primicia durante siglos y, aún hoy, algunos nostálgicos no podemos olvidar el día en que la magnífica iglesia de la Divina Sabiduría fue convertida en mezquita. En los tiempos que esprintan (ya aquello de «en los tiempos que corren», se quedó corto), el impacto de una noticia es directamente proporcional a su banalidad. Un bombardeo en el que mueren miles puede que nos conmueva unos segundos, un minuto, quizá, si es usted una persona particularmente sensible, pero la infidelidad de Andy Byron CEO de Astronomer y Kristin Cabot, directora de recursos humanos de la misma empresa, ha prevalecido más de una semana con millones de visitas, memes, mimos, TikTokcadas, etc.

Por si alguien en el planeta o algún extraterrestre extraviado que lea este artículo no está al tanto, en el concierto de Coldplay del pasado 16 de julio, un Kiss Cam (¿sabía usted que eso existía? Es una cámara para captar besos en conciertos, estadios, etcétera y ponerlos en pantalla gigante, porque hay gentes que solo puede quererse si los están viendo millones de personas) sorprendió a la mencionada pareja abrazados o, como se dice en criollo, «acaramelados». No sigo el relato porque ya el planeta entero sabe lo que aconteció.

Lo primero que este servidor quiso averiguar es qué hace la empresa Astronomer, de la que el señor Byron era CEO (ya renunció). Encuentro esto en Internet: «Astronomer es una startup dedicada a DataOps, una disciplina emergente que se especializa en optimizar la gestión y el flujo de datos dentro de la empresa». Visto así, en vez de renunciar, este hombre lo que merecería es un ascenso pues la optimización del flujo de datos de su vida personal se ha hecho global en instantes y también el nombre de su empresa, que se le antojaba a uno aeroespacial.

Lo que llama la atención de todo esto es que, en pocos segundos, luego de que los protagonistas se ocultaran del inesperado enfoque de la cámara, ya el planeta entero conocía la identidad de los personajes. Ya los habían investigado por las redes, revelando la identidad del CEO, la de su esposa, la de sus hijos, y la de la señora que lo acompañó al concierto y su cargo, el nombre de su perro, entre muchas otras informaciones personales. Esos segundos de virilidad (humorismo accidental: puse «viralidad» y el corrector automático lo cambio por «virilidad», así que lo dejé) marcaran su vida de ahora en adelante, su matrimonio, su destino profesional, su cotidianidad cuando vaya al supermercado. Es realmente terrorífica la manera como funciona este tiempo. Nuestras vidas se han convertido en un capítulo de la popular serie futurista Black Mirror.

Hemos perdido toda capacidad de empatía (curioso que en griego esta palabra significaba «pasión»). Se nos da tan bien el papel de jueces, de ver la paja en el ojo ajeno, que el morbo priva sobre la humanidad. Por otro lado, en estos tiempos donde se legisla tanto sobre la llamada «protección de datos», nunca había estado tan desprotegido el ser humano en su intimidad. La privacidad ha muerto, todo será grabado y expuesto. La gente, en vez ocuparse de rezar un Padre Nuestro en un vuelo atormentado por amenazantes turbulencias, prefiere sacar el teléfono y grabar con detalle los que podrían ser sus últimos instantes (supongo que con la creencia de que el teléfono sobrevivirá). Las informaciones más escalofriantes vienen acompañadas de imágenes, sin aviso ni protesto. La vida toda se volvió espectáculo. Vivimos en un incesante duelo a garrotazos en los que el garrote es nuestro teléfono móvil.

Pongo Byron en Google y lo primero que me sale ya no es el poeta romántico inglés, sino Andy Byron. O tempora o mores.

@laureanomar

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lunes, julio 28, 2025

El Colisionador de Hadrones, por Laureano Márquez P.


El Colisionador de Hadrones

X: @laureanomar


Leo la noticia y lo primero que la vista detecta de pasada es «consolidación de ladrones». «Nos fregamos», me dije, ahora con los ladrones consolidados, qué le queda a la gente decente. Pero no, la cosa es más trascendente. Se trata de una noticia registrada en todos los medios importantes del planeta nuestro, sí, este planeta, que debe ser –como dicen que dijo Bismarck de España– el planeta más poderoso del universo, porque lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y no lo consigue.

La noticia tiene que ver con el misterio de nuestro origen. Todo lo que lo rodea es tan maravillosamente improbable que no podemos creer que estemos aquí, cuando tendríamos que estar en el no ser absoluto. ¿Por qué existimos?, es la gran pregunta. Y más allá: ¿por qué existe un ser que es capaz de entender que existe y tratar de razonar sobre su lugar en el vasto universo? Cuando uno empieza a atar las infinitas «casualidades» que configuran nuestra existencia, se llega a un punto en que las palabras no son suficientes y solo nos queda el asombro ante esa confluencia de la que hablaba Kant entre el infinito exterior y el de nuestra propia alma.

 El Gran Colisionador de Hadrones es un túnel larguísimo que está en la frontera entre Suiza y Francia. Tiene casi 30 kilómetros de longitud, está forrado de hormigón y los físicos lo usan para poner partículas a colisionar. El asunto es muy complicado para que lo pueda explicar alguien que se fue por humanidades porque siempre lo rasparon en física, ante su incapacidad de comprender por qué en vez de amasada en un mesón, la masa tenía que ser acelerada en el tiempo y el espacio.

El asunto es que con los experimentos que allí hacen un grupo de candidatos al Nobel, intentan explicar el origen de este universo por el que transitamos. La investigación la hace el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) cuya misión es estudiar las partículas que conforman el universo y las fuerzas que las gobiernan.

Al parecer, al comienzo de todo, en el momento del «big bang», hubo una colisión entre materia y antimateria –revela el descubrimiento del CERN–, en el choque, ambas tendrían que haberse aniquilado, dejando como resultado una nada «nadísima». Pero no fue así, parece que la materia ganó por unos miligramos a la antimateria y a partir de allí todo lo que somos, lo que sabemos y lo que desconocemos. Este reciente descubrimiento había sido formulado muchos siglos antes de una manera, sin duda menos rigurosa desde el punto de vista científico, pero más poéticamente comprensible:

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
4Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas».

Las explicaciones sobre nuestro origen serán siempre incompletas y es allí donde tiene cabida el misterio. A los seres humanos nos sucede como aquella conocida anécdota de San Agustín, quién paso largos días con sus noches meditando ardientemente en la comprensión del misterio de la Santísima Trinidad. Paseando por la playa una mañana, se topó con un niño que con una concha marina recogía agua del mar y la vertía en un hueco hecho en la arena. San Agustín le preguntó: «¿qué haces aquí muchacho?». El niño respondió que quería meter toda el agua del mar en el agujero. Como San Agustín le advirtió que tal cosa era imposible, el niño respondió: «Antes sucederá que yo traslade toda el agua del mar a este agujero, que tú consigas penetrar con tu mente el misterio de la Santísima Trinidad».

¿Llegaremos algún día a la comprensión científica de Dios? ¿Es posible para nuestra mente alcanzar aquel punto en el que las explicaciones de la física del universo no encuentran una justificación precedente?

*Lea también: El mago de la cara de vidrio, por Laureano Márquez P.

Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.

domingo, julio 13, 2025

Laureano Márquez: El mago de la cara de vidrio



El verdadero lugar de nacimiento es aquel

donde por primera vez nos miramos

con una mirada inteligente;

mis primeras patrias fueron los libros.

Marguerite Yourcenar

 

No es apropiado decir que el reciente fallecimiento de Eduardo Liendo (1941-2025) deja un vacío en la literatura nacional, muy por el contrario, la deja colmada de su fructífera labor creativa en el ámbito de las letras con sus novelas, cuentos y ensayos. Una larga y provechosa vida dedicada a construir mágicos sueños en las cabezas de sus lectores.

Quien suscribe, supo de él por allá por el año 1977 cuando nuestro profesor de castellano y literatura, Carlos Moriyón –como establecía el programa educativo de la época–, nos asignó la lectura de su obra El mago de la cara de vidrio (1973). Recuerdo la huella que la novela causó en mí, convirtiéndose en mi primera patria literaria. Eran los tiempos en los que la televisión marcaba nuestras vidas con la misma fuerza con que las redes sociales lo hacen hoy y producía en los estudiosos del comportamiento humano similares temores apocalípticos de sujeción, dominación y pérdida de identidad que en la actualidad generan el Instagram y el popular TikTok, entre otros. Cómo era posible que esa pequeña pantalla intrusa que llegaba a nuestras casas (Mr. TV) fuese capaz de arruinar la armonía de la convivencia familiar.

Casi medio siglo más tarde de aquel encuentro virtual de lector adolescente con Eduardo Liendo, él, que ya atravesaba por problemas de salud, me honró con la invitación, por mediación de su hija, Olivia, a escribir un texto para la nueva edición que preparaba el fecundo departamento de publicaciones de la UCAB con motivo de cumplirse cincuenta años de la publicación de la mencionada novela. Reflexionaba entonces sobre su impactante actualidad: «Quien piense que esta novela iniciática y visionaria de Eduardo Liendo es una obra vintage, que alude a dificultades propias de tiempos lejanos ya superados, desconoce la habilidad con la que el mago de la cara de vidrio ha mutado para incrementar sus poderes sobre nosotros, al parecer ya de manera irreversible. Pasó de estar en el centro de la sala, con algunos períodos de receso y control, a colocarse en el centro de nuestras vidas, en el bolsillo de cada uno de nosotros, durante las 24 horas del día. El mago de la cara de vidrio se hizo, poco a poco, con todo lo que había en la casa. Con su desmedida voracidad se tragó el teléfono, la correspondencia, la libreta bancaria, la cámara fotográfica, el periódico, los libros de la biblioteca, el tocadiscos, el almanaque, el reloj de pared y una larguísima lista de etcéteras. Y es que, a pesar de sus engañosas mutaciones, sigue teniendo la misma cara de vidrio de siempre».

La publicación de El mago de la cara de vidrio marca el inicio de una larga y fructífera producción literaria en la vida de Eduardo Liendo, que le hizo acreedor de numerosos galardones, como el Premio de Ficción Literaria por su novela Mascarada, el Premio Municipal de Literatura en 1985 por su novela Los platos del diablo, entre otros. El premio de humor Pedro León Zapata, da cuenta de un rasgo esencial tanto de su obra literaria como de su vida: su profundo sentido del humor, muchas veces expresado en la figura de la ironía. En el año 2015 fue homenajeado por el Festival de Lectura de Chacao. En esa oportunidad, ante la consulta de un periodista que le preguntaba qué era lo que más le gustaba del homenaje, respondió con su habitual ingenio: «¡que no es post mortem!».

Frente a las vidas virtuosas, como la de Eduardo Liendo, más que tristeza por su desaparición, lo que brota en uno es una íntima felicidad por su extraordinaria e inspirada existencia y por la fortuna de haber enriquecido la nuestra con su legado. Los magos son fabricantes de ilusiones que le hacen creer a uno, con el encanto de sus prestidigitaciones, que han desaparecido de la escena, pero no, puede que se hayan ausentado de nuestra vista, pero nunca de nuestros corazones, tocados, como fueron, por la varita mágica de sus sueños.

Eduardo Liendo

@laureanomar

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