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Republica del Zulia
Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
El médico infectólogo y profesor del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Julio Castro, confirmó un incremento de los casos de -19, influenza y dengue en el país, de acuerdo con un monitoreo realizado en 14 estados.
El especialista señaló que este repunte coincide con reportes oficiales que muestran un aumento de las infecciones respiratorias y explicó que el comportamiento de los virus cambió después de la pandemia.
Durante una entrevista con Román Lozinski, transmitida por Circuito Éxitos, Castro indicó que actualmente pueden registrarse hasta tres o cuatro picos de circulación viral al año, cuando históricamente estos patrones eran más previsibles.
«Ahorita tenemos quizás tres o cuatro picos al año y que antes históricamente no teníamos», explicó el médico, quien advirtió que ya no es posible anticipar con la misma precisión la aparición de estos brotes.
Castro señaló que factores como la movilización de personas durante las vacaciones y las condiciones de quienes permanecen en albergues pueden favorecer la transmisión de enfermedades.
No obstante, aclaró que la mayoría de los cuadros detectados no presentan características graves y consideró que la situación debe asumirse como «más una alerta que una alarma», especialmente para proteger a los grupos más vulnerables.
El especialista insistió además en la importancia de determinar cuál es la enfermedad que presenta cada paciente antes de iniciar un tratamiento. Un diagnóstico adecuado permite tomar medidas de aislamiento y reducir el riesgo de contagio entre adultos mayores, niños y personas con enfermedades crónicas.
«La forma de protegerlos es saber de qué me infecté yo, porque permite proteger a ellos», enfatizó Castro.
Mientras continúa la atención a las víctimas del devastador terremoto que golpeó el centro norte del país, comienza una segunda etapa que suele recibir menos atención mediática, pero que puede ser igual o incluso más compleja: la emergencia sanitaria.
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El médico Julio Castro sostiene que el desastre sorprendió a Venezuela con un sistema de salud que ya arrastraba años de deterioro estructural, limitando significativamente su capacidad para responder a una crisis de esta magnitud.
Durante una entrevista para el podcast Una Conversa, Castro explicó que el terremoto no creó la crisis hospitalaria, sino que terminó de evidenciar problemas que el país viene acumulando desde hace más de una década.
AQUÍ PUEDEN VER LA ENTREVISTA COMPLETA
La enfermedad crónica del sistema de salud
Para el especialista, describir el estado actual de la salud pública venezolana no puede resumirse en una sola frase.
Recordó que incluso representantes de Naciones Unidas han reconocido que el país enfrentó un evento completamente inesperado con un sistema sanitario “muy vapuleado” y muy lejos de los estándares internacionales que debería tener cualquier nación latinoamericana.
Aunque admite que algunos indicadores habían mostrado ligeras mejoras respecto al dramático período 2018-2019, considera que Venezuela continúa padeciendo una enfermedad estructural que limita seriamente su capacidad de respuesta frente a emergencias de gran escala.
“Sobre una situación crónica llega ahora un terremoto de esta magnitud, y eso inevitablemente estremece toda la capacidad de respuesta del sistema”, explicó.
Tres emergencias distintas al mismo tiempo
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación es la forma en que Castro divide la crisis en tres grandes grupos de atención, cada uno con necesidades completamente diferentes.
El primero corresponde a los pacientes gravemente heridos durante las primeras 72 horas posteriores al terremoto.
Muchos presentan amputaciones, traumatismos severos, lesiones craneales, daños abdominales y casos de insuficiencia renal provocados por el síndrome de aplastamiento. Son pacientes que requieren infraestructura hospitalaria altamente especializada, múltiples cirugías, antibióticos complejos y seguimiento intensivo durante semanas.
El segundo grupo está conformado por miles de pacientes que, sin estar relacionados directamente con el terremoto, dejaron de recibir atención médica porque los hospitales priorizaron las emergencias vitales.
Personas con fracturas menores, intervenciones quirúrgicas pendientes o enfermedades que normalmente habrían sido atendidas tuvieron que esperar mientras todo el sistema concentraba sus recursos en salvar vidas.
A ello se suma una dificultad adicional: muchos de los materiales necesarios para reconstrucciones traumatológicas —placas, tornillos, prótesis y fijadores externos— tienen costos que superan fácilmente los 2.000 o 3.000 dólares, cifras inalcanzables para la mayoría de las familias venezolanas.
El tercer grupo corresponde a las personas desplazadas.
Aquí también distingue dos escenarios: quienes permanecen cerca de sus viviendas dañadas por temor a perder sus pertenencias y quienes tuvieron que abandonar completamente sus hogares para vivir en refugios temporales, escuelas, gimnasios o campamentos improvisados.
Cada grupo enfrenta riesgos completamente diferentes y, por tanto, requiere estrategias específicas.
Los refugios representan un desafío sanitario enorme
Contrario a lo que muchas personas imaginan, Castro sostiene que el principal problema sanitario después de un terremoto no suele estar relacionado con los cadáveres.
Explica que existe un mito ampliamente difundido según el cual los cuerpos generan epidemias masivas, cuando en realidad el riesgo es extremadamente bajo una vez que las autoridades realizan las labores correspondientes de identificación y disposición.
El verdadero desafío aparece cuando miles de personas comienzan a convivir en espacios improvisados.
Refugios que normalmente no estaban diseñados para albergar centenares o miles de personas deben garantizar agua potable, alimentos seguros, baños suficientes, higiene personal y vigilancia epidemiológica.
En estos lugares aumenta considerablemente el riesgo de enfermedades respiratorias, infecciones cutáneas y, especialmente, enfermedades transmitidas por agua o alimentos contaminados.
Para Castro, garantizar agua limpia representa probablemente la medida sanitaria más importante durante las primeras semanas posteriores al desastre.
No solo hay que atender heridos
El infectólogo insiste en que la emergencia no termina con las personas lesionadas durante el terremoto.
Los equipos médicos también deben identificar rápidamente a pacientes con enfermedades crónicas que perdieron acceso a sus tratamientos.
Diabéticos sin insulina.
Hipertensos sin medicamentos.
Pacientes renales.
Cardiópatas.
Asmáticos.
Niños con discapacidad.
Cada uno requiere soluciones específicas para evitar que una condición controlable termine convirtiéndose en una nueva emergencia médica.
También considera indispensable revisar y completar esquemas de vacunación en los refugios temporales, especialmente en niños, para reducir el riesgo de brotes infecciosos derivados del hacinamiento.
La coordinación es tan importante como los recursos
Uno de los puntos donde Castro hace mayor énfasis es en la necesidad de contar con una estructura clara de coordinación.
A su juicio, una crisis de estas dimensiones necesita un responsable técnico que centralice decisiones, coordine recursos y comunique información confiable.
Recuerda el caso del rescate de los mineros en Chile, donde el gobierno designó un gerente especializado para dirigir toda la operación.
En Venezuela, considera que esa figura no ha sido claramente identificada por la opinión pública.
Aunque reconoce que el sistema de Naciones Unidas posee protocolos muy bien establecidos —distribuyendo responsabilidades entre la Organización Mundial de la Salud, UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Internacional para las Migraciones—, insiste en que corresponde al Estado ejercer la gobernanza general de toda la operación.
La ayuda internacional necesita planificación
Castro advierte que recibir ayuda internacional no garantiza automáticamente que esa ayuda sea útil.
Recuerda experiencias previas donde donaciones médicas importantes no pudieron ser utilizadas porque no eran compatibles con la infraestructura disponible en Venezuela.
Por eso insiste en la necesidad de que exista un registro actualizado de necesidades hospitalarias y prioridades logísticas.
Ese inventario permitiría orientar mejor la cooperación internacional y evitar duplicidades o donaciones poco funcionales.
Un hecho positivo poco comentado
Uno de los momentos más llamativos de la entrevista ocurre cuando Castro reconoce públicamente una decisión gubernamental que considera correcta.
Explica que numerosos hospitales privados atendieron de inmediato pacientes en riesgo de muerte sin preguntar por seguros médicos ni capacidad de pago.
Posteriormente, asegura, el Gobierno notificó oficialmente que asumiría los costos de aquellos pacientes que no contaran con cobertura.
Incluso afirma conocer clínicas que ya comenzaron a recibir esos pagos.
El especialista señala que se trata de una práctica que no recuerda haber visto anteriormente y que constituye un precedente positivo dentro de una situación extraordinaria.
La falta de información también es una emergencia
Otro aspecto que preocupa al médico es la escasez de información pública.
Considera indispensable conocer cuántos refugios existen, cuántas personas albergan, cuál es el perfil de esa población y cuáles son las necesidades específicas de cada centro.
También cree necesario exponer progresivamente el número de desaparecidos y establecer metodologías claras para cuantificar los daños.
Sin datos confiables resulta mucho más difícil asignar recursos y coordinar la ayuda nacional e internacional.
La gran lección para Venezuela
Más allá del terremoto actual, Castro cree que el país debe prepararse para futuras emergencias.
Recuerda que Venezuela se encuentra en una zona sísmica y, sin embargo, durante décadas no desarrolló una verdadera cultura de prevención.
Considera indispensable fortalecer los simulacros, entrenar al personal sanitario, elaborar protocolos nacionales de respuesta y construir un manual permanente de gobernanza para situaciones de desastre.
También resalta el extraordinario papel desempeñado por miles de voluntarios que, de forma espontánea, acudieron a colaborar desde las primeras horas.
Ese capital humano, afirma, debe organizarse mejor para futuras contingencias.
Finalmente, expresa una visión optimista.
Está convencido de que la sociedad venezolana aprende más rápido que sus instituciones y que esta tragedia puede convertirse en un punto de partida para impulsar cambios profundos.
“No podemos evitar que ocurran terremotos”, parece resumir el mensaje del especialista, “pero sí podemos decidir si estaremos mejor preparados para enfrentarlos la próxima vez.”
Ese, quizás, sea el mayor aprendizaje que deja una tragedia que aún sigue escribiendo sus capítulos más difíciles.
El Centro de Salud Integral Dr. Salvador Allende.Foto: Bloomberg
La campaña de Estados Unidos para cortar los ingresos que llegan a las arcas de La Habana está dejando a innumerables personas de los barrios más pobres de Caracas y de otras zonas sin acceso a la atención sanitaria.
A finales de abril, muchos pacientes que acudieron a un centro médico del este de Caracas se vieron obligados a marcharse. Los servicios que necesitaban ya no estaban disponibles. Los especialistas se habían ido.
El centro, que lleva el nombre del expresidente chileno Salvador Allende, forma parte de la red Barrio Adentro, un programa puesto en marcha por el difunto Hugo Chávez en 2003 para proporcionar atención médica gratuita en comunidades pobres y atendido en su mayor parte por personal cubano. Ese modelo, en el que Venezuela proporcionaba petróleo subvencionado a cambio de médicos, se está derrumbando.