Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
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lunes, agosto 10, 2020

Fernando Mires y su visión de la guerra venezolana. Por César Pérez Vivas

Fernando Mires es un intelectual respetable. Se pueden compartir sus opiniones, se puede discrepar de ellas, pero siempre vale la pena tener presente sus reflexiones en el campo de la ciencia política. Mires ha dedicado tiempo y reflexión a la tragedia que vivimos los venezolanos.  Su obra escrita y su trayectoria nos llevan a leerlo y a ponderar sus opiniones.

Recientemente publicó un trabajo titulado “La Guerra Civil en Venezuela”, donde hace una magnifica precisión conceptual de la política y la guerra para ubicar la situación actual de nuestra sufrida nación. Considera el escritor chileno que vivimos una verdadera guerra civil, aclarando, con pedagógica explicación, la verdadera naturaleza del concepto utilizado, para calificar la situación socio política en la que estamos inmersos.

Nos explica como este concepto ha sido generalmente utilizado para calificar verdaderos conflictos armados entre bandos de un mismo país, enfrentados por el control del poder. “En todos esos casos, el término más correcto debería ser el de guerra interna, para diferenciarlo de las guerras externas entre dos o más naciones. Las guerras civiles, en efecto, nunca han sido civiles sino militares.”Explica el escritor en su trabajo.

Nos recuerda los conceptos fundamentales de la política y la guerra, citando la clásica frase de Clausewitz: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, agregando, que  “por esa misma razón la política también podría llegar a ser la continuación de la guerra por otros medios. La política está contenida en la guerra así como la guerra en la política.”

El respetable escritor estima que en Venezuela hemos abandonado la política para pasar a una “guerra civil” que aún no llega a ser un conflicto armado. Ciertamente estamos inmersos en una situación de esa naturaleza.  Soy de los venezolanos que en muchas ocasiones ha escrito y llamado la atención sobre el riesgo de que podamos terminar sumidos  en una situación de violencia a gran escala.

Reconoce al chavismo como el promotor de este proceso hacia la guerra.  Afirma que esa “guerra civil venezolana” fue comenzada sin duda por el chavismo de Chávez. El chavismo de Maduro no ha hecho sino continuarla y radicalizarla”. Recuerda los hechos del carmonazo y la no participación en las parlamentarias del 2005 como el extravío de la oposición, permitiéndole a Chávez legitimarse en el campo de la política democrática. Valora positivamente el retorno a la lucha electoral a partir del 2006, para terminar condenando la decisión de los partidos de la oposición en la elección presidencial del 20018 y el anuncio de no concurrir a las elecciones parlamentarias, convocadas para el próximo 6 de diciembre de este año.

Al hacer este examen y esta calificación politológica, Mires, coloca en la misma balanza la conducta del régimen de Maduro y el comportamiento de la oposición política. Sin dejar de reconocer  los infantiles errores cometidos en eventos como los del 29 de abril y la pretensión de desalojar a Maduro con grupos contratados para ello, lo cierto es que el estudio aquí comentado, dejó de lado, a mi forma de comprender la situación, la abierta decisión del régimen de perpetuarse en el poder usando la fuerza militar y para militar de que dispone, para desconocer la voluntad mayoritaria de la sociedad venezolana de transitar pacíficamente a un cambio del régimen imperante.

El escritor no le asignó en su trabajo relevancia a hechos extremadamente  graves en el camino a la situación de “guerra civil” en la que estamos.  Cito los más importantes, desde mi perspectiva. El cierre progresivo de la Asamblea Nacional, hasta desalojar de su sede natural a la mayoría de los parlamentarios, imponiendo, fusil por delante,  una directiva de unos diputados coaptados desde Miraflores.  La instalación de un Tribunal Supremo con diputados de la agonizante asamblea del 2015, para proceder a los pocos días, el proceso de desconocimiento del parlamento, que llevo a Maduro a gobernar sin acatar sus  atribuciones y decisiones constitucionales. La confiscación del referéndum revocatorio, usando tribunales locales, sin competencia para conocer estas materias, avalados por un Consejo Nacional Electoral resuelto a impedir el derecho a decidir de los ciudadanos.  La instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, en abierta contradicción al texto de la constitución,  y la aplicación de un fraude matemático para abultar la participación en el ilegal evento.  El  adelanto ilegal e inconstitucional de la elección presidencial, para terminar ejecutando otro fraude, según la propia declaración del competidor Henry Falcón.

El triunfo de la oposición política en las elecciones parlamentarias del 2015 llevaron a Maduro y su camarilla a abandonar definitivamente la política y pasar a esa guerra civil. Maduro aplica una violencia selectiva y recurrente a la oposición política. Ha confiscado el derecho a la protesta. Toda manifestación de la sociedad democrática tiene como respuesta la represión. Tiene establecida una severa censura de prensa. La mayoría de los dirigentes de la oposición política estamos vetados en radio y TV, aun en los pocos medios privados que quedan en el país.

Terminan de nombrar un nuevo CNE totalmente controlado por Maduro. Basados en sentencias absurdas modifican, en total y abierta violación a la constitución, la composición del parlamento. Confiscan la representación de todos los partidos de la oposición, colocando como representantes a personas claramente identificados como operadores al servicio de la dictadura.

Todo este conjunto de tropelías no se pueden considerar como “políticas”, no obedecen a la lógica de la política. Se trata de actos  criminales, propios de quien se siente dueño de una situación, prevalido de una fuerza “armada”,  capaz de imponer por la lógica de la violencia su voluntad, antes que por el camino de la política y el derecho.

Ninguna de estas circunstancias examinó el Dr., Mires en su trabajo. Considera el escritor que para revertir esa “guerra civil” la oposición política debe participar en todo momento en los procesos electorales. No hacerlo es jugar a la guerra.

Y aquí es donde, por lo menos yo, no coincido con el respetable analista. La política, y sobre todo la política democrática tienen principios y reglas fundamentales. Hasta la guerra tiene sus reglas, sus leyes, sus principios. Uno de ellos es el de la proporcionalidad  de los medios utilizados. Una potencia no debería, por ejemplo usar una bomba atómica, para desarrollar una acción bélica.

En nuestra lamentable  “guerra civil” no hay forma de respetar las reglas. No hay forma de que el régimen acate principios fundamentales de la vida política. Y nadie está obligado en ninguna guerra a llevar a “sus soldados” a una muerte segura cuando conoce que su “enemigo” le tiene preparada una celada. Una elección, como la que está montando la dictadura de Maduro, será una batalla, no es la guerra. Si en esa batalla no se respeta regla alguna, si en esa batalla ya aprecias que tienen lista la “celada”, resulta ingenuo concurrir, sin posibilidad alguna de salir con vida.

Ya se presentarán oportunidades donde el régimen no pueda tender una celada tan clara, como la que ya armó. Donde nuestras fuerzas puedan mostrar su vigor. Ya habrá ocasión de decir como Páez, en Las Queseras del Medio: “Vuelvan Caras”.

No avalar el fraude, la celada, la trampa de Maduro, no significa para nosotros renunciar a la política. Porque si algo hemos demostrado, suficientemente,  es nuestro deseo de resolver la controversia en el campo de la política, por medio de  una elección libre. La dictadura se niega a ello. Se aferra a su genética vocación violenta. A la predica que Chávez sembró. “Somos una revolución pacífica, pero armada.” Lanzándose por el camino del armamentismo para someter a nuestra sociedad.

De modo que esta guerra civil venezolana es obra de la naturaleza violenta del chavismo. Son ellos los que le han declarado la guerra a nuestra sociedad para perpetuarse en el poder. Nuestra sociedad desarmada y pacifica ha resistido estoicamente, ha buscado todos los caminos para hacer que prevalezca la política. La dictadura prefiere la guerra. Lo que no se nos puede pedir es que asistamos bucólicamente al paredón de fusilamiento.

La inteligencia latinoamericana, de la cual Mires forma parte relevante, haría un gran servicio a los valores de la paz, la libertad y la democracia en nuestro continente,  denunciando de forma contundente, la perversión de la guerra declarada a nuestra sociedad por Maduro y su camarilla;  sin que ello signifique,  no señalar las falencias y errores cometidos por algún sector o actor de la oposición política. Señalar a nuestra sociedad, a la mayoría de la oposición democrática, como promotora de la “guerra civil” o de la violencia, por actuaciones puntuales de algunos, no es justo, ni se corresponde con realidad en la que vivimos.

https://www.caraotadigital.net/

domingo, agosto 09, 2020

Las elecciones en Bolivia podrían resultar en una verdadera tragedia política | Opinión. por Andres Oppenheimer / ¡CRISIS! Diálogo para fecha de elecciones en Bolivia fracasó estrepitosamente

Hay una tragedia política que se está gestando en América Latina sin atraer mucha atención internacional, pero que debería hacer sonar las alarmas en el mundo democrático: lo que está ocurriendo en Bolivia.

Las elecciones presidenciales de Bolivia del 18 de octubre podrían resultar en el regreso al poder del Movimiento al Socialismo (MAS) del ex presidente populista autoritario Evo Morales. Morales y su partido tienen un historial de fraude electoral, represión política, intimidación a partidos de oposición, corrupción y estrechos vínculos con Venezuela, Cuba, Irán y otras de las peores dictaduras del mundo.

Si el partido de Morales gana las elecciones, lo más probable es que no sea gracias al apoyo de la mayoría de los bolivianos, sino al hecho de que la oposición al MAS está dividida entre media docena de candidatos. El egoísmo y la falta de grandeza de estos candidatos está dividiendo el voto anti-populista.

Entre los principales culpables de esta tragedia se encuentra la presidenta interina de derecha Jeanine Áñez, quien asumió el cargo el año pasado con el mandato de organizar elecciones libres y poco después traicionó su propia promesa de no postularse para el cargo. En la mejor tradición de Morales, ahora está abusando de sus poderes presidenciales para tratar de ganar las elecciones.

La razón por la que las elecciones bolivianas no han causado mucha alarma en el mundo democrático es que la mayoría de las encuestas muestran que el MAS no ganará en la primera vuelta y se vería obligado a realizar una segunda vuelta electoral con el candidato que salga segundo. En ese caso, muchos creen que ganaría el candidato anti-MAS.

Pero ese cálculo puede estar equivocado, porque no tiene en cuenta a los votantes indecisos ni factores relacionados con la pandemia del COVID-19 que pueden inclinar el voto hacia el candidato de Morales, Luis Arce.

Morales tuvo que salir de Bolivia tras su intento anti-constitucional de reelegirse para un cuarto mandato, y declararse ganador en una elección fraudulenta en octubre de 2019. Dos misiones de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos concluyeron que la elección de Morales había estado plagada de irregularidades.

Según una encuesta reciente de la firma boliviana Mercados y Muestras publicada por el diario Página Siete, el candidato de Morales tiene el 24% de los votos, seguido por el ex presidente Carlos Mesa con el 20%, la presidenta interina Áñez con el 15% y otros candidatos con porcentajes menores.

Pero la misma encuesta también muestra que el 20% de los votantes están indecisos. Ese porcentaje probablemente incluye a muchos simpatizantes de Morales que temen revelar su verdadera preferencia a los encuestadores, me dijo uno de los organizadores de la encuesta.

Además, las encuestas muestran que los partidarios del MAS están más motivados a acudir a las urnas pese a la pandemia del COVID-19 que los partidarios de Mesa y Áñez, segun los encuestadores.

Varios analistas de la realidad boliviana me dicen que una victoria del MAS es muy posible.

“Cuando tienes un electorado muy polarizado, en que uno de los polos está totalmente unificado y el otro está dividido en varias partes, gana el que está más unificado”, me dijo Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de Florida y experto en Bolivia.

Para peor, muchos creen que si el MAS regresa al poder, va a ser mas autoritario que nunca. Morales, quien gobernó entre 2006 y 2019, ahora piensa que fue un error de su parte darle a la oposición un espacio incluso limitado para competir en las elecciones del año pasado, dicen.

Es hora de que los candidatos anti-populistas de Bolivia dejen de lado sus ambiciones personales y se unan detrás del candidato que tenga más apoyo popular.

Legalmente, es demasiado tarde para hacer elecciones primarias entre ellos. Pero eso podría resolverse fácilmente contratando una empresa encuestadora que determine quién es el candidato más popular.

Si no se unen, serían responsables de una posible victoria del MAS que llevaría a Bolivia a un gobierno autoritario populista, una mayor represión política y una pobreza aún mayor. Sería una verdadera tragedia política, y lo más triste es que podría ser perfectamente evitable.

https://www.elnuevoherald.com/

sábado, agosto 08, 2020

Los daños colaterales de la operación salida del Rey Juan Carlos. Por Almudena Martínez-Fornés

La partida forzada del anterior Monarca ahonda la división del Gobierno, preocupa a los ciudadanos y desconcierta en el extranjero

La salida de Don Juan Carlos, forzada por el Gobierno, ha desatado una tormenta sin precedentes en la historia reciente y de consecuencias imprevisibles. Por primera vez en la democracia, el Gobierno -paradójicamente, el más débil- ha echado un pulso a la Corona durante meses y ante los ojos de la opinión pública. Y la primera impresión es que, de momento, lo ha ganado, pero que la decisión ha perjudicado a todas las partes. Cinco días después de la partida forzada de Don Juan Carlos, la «operación salida» se presenta como un fracaso.

Si Pedro Sánchez pretendía hacer un guiño a sus socios más radicales, lo que ha conseguido es enardecerlos con una solución que les parece claramente

insatisfactoria y que ha avivado el sentimiento republicano de unos e independentista de otros. Pero la decisión del Gobierno también ha movilizado a los sectores monárquicos, de izquierda y derecha, y ha generado una gran preocupación en los defensores del orden constitucional, que ven como se abre ahora un debate que no existía sobre la forma de Estado. Y este debate se produce en el peor momento, en plena crisis económica, en medio de una pandemia y a la espera de recibir miles de millones de euros en ayudas europeas, justo cuando se necesita más estabilidad institucional.

El Rey no era partidario

Lo que está claro es que el Gobierno era el único interesado en que Don Juan Carlos abandonara el Palacio de La Zarzuela, y que el Rey no era partidario de esta decisión. De hecho, no la incluyó en su comunicado del 15 de marzo, cuando renunció a la herencia de los fondos poco transparentes y retiró la asignación anual a su padre. Además, han tenido que pasar varios meses de presiones por parte del Gobierno -que creó un equipo e incluso utilizó a los medios de comunicación afines- antes de que el Rey la aceptara. Otro hecho significativo es que no fue Don Felipe quien indicó personalmente a Don Juan Carlos que tenía que abandonar La Zarzuela por decisión del Gobierno, sino que lo hizo el jefe de su Casa, Jaime Alfonsín.

En círculos monárquicos se preguntan «qué efecto balsámico» se esperaba con la partida del anterior Monarca y se acusa a Sánchez de haber intentado enfrentar a los dos Reyes, como ocurrió en su día con Don Juan Carlos y Don Juan. Incluso, algunos monárquicos se han alineado con el padre y otros con el hijo. No obstante, Don Felipe y Don Juan Carlos han evitado repetir ese enfrentamiento. Saben que a la Corona no la salva un Rey contra otro. Pero ni siquiera en estas circunstancias se ha puesto en valor la generosidad de Don Juan Carlos, que se ha convertido en el primer español que, en plena democracia, ha tenido que abandonar el país por indicación del Gobierno.

El falso relato de la huida

Al contrario, la ausencia de Don Juan Carlos ha desencadenado más linchamiento, especialmente por parte de los radicales, que han logrado imponer su falso relato de que el viejo Rey «se ha fugado» para huir de la Justicia. Frente a estos maestros de la propaganda, a Don Juan Carlos no le defiende nadie, más que algunos pocos a título personal.

Tras su salida, el silencio se ha hecho mayor. Se han echado de menos las voces de los cuatro presidentes del Gobierno de su reinado que siguen vivos, especialmente las de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, pues los hechos que ahora se investigan ocurrieron durante sus mandatos. Y también ha llamado la atención el silencio de las empresas, muchas de las cuales se salvaron de la quiebra, tras la crisis del 2008, gracias a que Don Juan Carlos, entre operación y operación, aún sacaba fuerzas para avalarlas ante sus contactos internacionales y abrirles la puerta de los grandes contratos.

También gran parte de la prensa, la misma que durante años miró para otro lado y olvidó su papel vigilante, ahora le ha pasado de golpe la factura acumulada de sus silencios.

El «mejor embajador»

La operación salida de Don Juan Carlos ha sido igualmente un fracaso para la imagen de España en el exterior. La comunidad internacional, que lleva 40 años recibiendo a Don Juan Carlos como el «mejor embajador de España», ve ahora con desconcierto como se le fuerza a abandonar su país, cuando todavía no ha sido ni acusado ni juzgado ni oído.

En estas circunstancias, y con muchas interrogantes abiertas sobre la partida del anterior Monarca, los Reyes llegaron ayer con sus hijas a Palma. Poco antes de la llegada, la portavoz del Gobierno balear, la socialista Pilar Costa, afirmó que el Ejecutivo de la socialista Francina Armengol vivirá con «cordialidad» la estancia de los Reyes en el archipiélago y con «la relación institucional que nos corresponde como Gobierno de las Islas», según informa Josep María Aguiló. Esta legislatura gobierna en la comunidad un tripartito conformado por el PSOE, Unidas Podemos y MÉS per Mallorca. Armengol también se refirió el jueves a Don Juan Carlos, y dijo que «las responsabilidades son personales, no de las instituciones». «Como presidenta de Baleares, lo que me preocupa es que las instituciones funcionen y que la democracia funcione», añadió.

Homenaje a Fray Junípero Serra

Los Reyes, que regresarán a Madrid el día 18 de agosto, tienen la agenda cargada de actos durante su estancia en la isla. El próximo lunes, después de que Don Felipe reciba a las autoridades baleares, los cuatro miembros de la Familia Real se desplazarán a la localidad de Petra para visitar la Casa Natal y el Museo de fray Junípero Serra. Los Reyes rendirán homenaje al religioso mallorquín tras los ataques que han recibido sus estatuas, tanto en Estados Unidos como en Palma y en Petra.

El martes, la Familia Real visitará el proyecto socioeducativo Naüm, en el barrio de Son Roca de Palma.A Sánchez se le espera en la isla el miércoles, cuando acudirá a despachar con el Rey en el Palacio de Marivent. Ese día se les podrá ver por primera vez juntos en público tras la salida de Don Juan Carlos. El jueves los Reyes se traladarán a Menorca, donde visitarán, entre otros puntos, un yacimiento arqueológico en Ciudadela y se reunirán con representantes de la Denominación de Origen de queso de Mahón, y la próxima semana se trasladarán a Ibiza.


viernes, agosto 07, 2020

El memorando del censo es otro truco de Trump. No muerdas el anzuelo, Por Janet Murguía(*)

 John Amis/Associated Press

Los latinos no deben dejar que el presidente de Estados Unidos los intimide.

El mes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ordenó por medio de un memorando al Departamento del Comercio hacer todo lo legalmente posible para excluir a los inmigrantes indocumentados del conteo del censo de 2020, que se usa para definir los distritos del Congreso estadounidense. Y, este lunes, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, anunció que el censo, ordenado constitucionalmente, terminaría un mes antes de lo previsto.

La intención evidente de las dos estrategias, y de esfuerzos anteriores del gobierno de Trump para trastocar el censo, es desalentar la participación de las minorías que se inclinan por el Partido Demócrata y sesgar los conteos para redirigir de manera maliciosa el presupuesto federal y la representación en el Congreso hacia los estados que favorecen a su partido, el Republicano.

El presidente no tiene el poder de cambiar la decimocuarta enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que exige contar a todos, independientemente de su estatus migratorio. Sí, hay excepciones, pero son muy específicas: los turistas y empresarios no se consideran habitantes de largo plazo en el país, y, por lo tanto, no se cuentan.

Pero esta excepción no se aplica a los inmigrantes, indocumentados o no, que han echado raíces, emprendido negocios, criado familias y se han convertido en miembros legítimos de sus comunidades; muchos de ellos han sido los trabajadores esenciales que mantuvieron la economía estadounidense funcionando incluso mientras el coronavirus se expandía por el país y quienes han muerto de manera desproporcionada.

Además, hay algunas cuestiones pragmáticas que se tendrían que definir: ¿Cómo se pretende certificar quién es y quién no es indocumentado? ¿El gobierno de Trump tiene la intención de “estimar” el porcentaje de personas que deberían ser descontadas del censo? Eso sería ilegal: una decisión de la Corte Suprema de 1999 prohíbe el uso de muestreo estadístico con el propósito de distribuir escaños en el Congreso.

Trump está deformando una directiva constitucional para obtener beneficios partidistas. Pero ¿qué hay de nuevo? Según las encuestas más recientes sobre las elecciones presidenciales de 2020, Trump se está quedando atrás. Así que está tratando de animar a su base de votantes. Hablar con dureza sobre los inmigrantes indocumentados y pretender que este memorando tiene el peso de una orden ejecutiva podría parecerle impresionante a sus partidarios si no la examinan con atención. Si lo hicieran, podrían ver que es un gesto vacío imposible de poner en práctica.

Incluso si este último truco depende de la decisión de los tribunales y al final es revocado, podría causar un daño real a los estados con comunidades inmigrantes numerosas. El temor provocado por esta acción del gobierno de Trump podría resultar en que los estados que están a favor de los inmigrantes pierdan fondos federales y representación del Congreso, que es, en última instancia, el objetivo de esta gestión.

Si un inmigrante —indocumentado o no— o alguien casado con un inmigrante indocumentado no llena el formulario del censo por temor, no será contado. Esto significaría que niños y adultos que son ciudadanos estadounidenses en ese hogar podrían no ser registrados tampoco. Y, como con los votos, en el censo cada persona cuenta.

Adelantar un mes antes de lo anunciado los esfuerzos para contar a la población de Estados Unidos es una manera más de excluir a las minorías, ya que tienen más probabilidades de ser contadas en persona por los trabajadores del censo. Sin mencionar las consecuencias de largo plazo que provoca tener menos escaños en el Congreso a la hora de distribuir representantes, lo que significa menos poder.

También está la cuestión de los fondos federales. En 2017, según el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad George Washington, 316 agencias federales distribuyeron 1504 billones de dólares a gobiernos locales y estatales, al igual que a organizaciones sin fines de lucro, pequeños negocios y hogares, a partir de las cifras del censo de 2010. Una persona disuadida de participar en el censo se traduce en dinero que no va a las escuelas, hospitales y programas de salud infantil de su comunidad.

Sería un error subestimar los efectos nocivos de los alardes de Trump. La llamada regla de la “carga pública”, impulsada por Stephen Miller, hizo más difícil que los inmigrantes con documentos que reciben cupones de alimentos, vivienda pública y otros beneficios gubernamentales a los que tienen derecho sean elegibles para obtener residencia permanente.

Según el Urban Institute, muchos inmigrantes con derecho legal a recibir beneficios públicos pagados por sus impuestos no accedieron a estos programas por miedo, incluso pese a que, como la mayoría de los beneficiarios, solo necesitaban un poco de ayuda para superar una mala racha.

Pero hay una solución: simplemente no caigas en el truco. Los partidarios de Trump deben darse cuenta de que esta será otra promesa vacía del presidente que se sumará a tantas otras, como la de que México pagaría por el muro fronterizo, que sería fácil alcanzar un crecimiento económico del 6 por ciento, que los recortes de impuestos de 2017 se pagarían por sí solos y que el coronavirus “desaparecería” en el verano.

En cuanto a los inmigrantes, ¡no tengan miedo! Completen el formulario del censo, y háganlo pronto. No le permitan al presidente de Estados Unidos que les impida ser contados y contribuir a sus comunidades. No es que Trump quiera que los latinos dejen de participar en el censo porque no cuentan, al contrario, por que sí cuentan.

(*)Janet Murguía es la presidenta y directora ejecutiva de UnidosUS (anteriormente el Consejo Nacional de La Raza), la organización de derechos civiles de los hispanos más grande de Estados Unidos. @JMurguia_Unidos

jueves, agosto 06, 2020

Juan Carlos Restrepo Piedrahíta: Las guerras que se vienen

Foto de marzo de 1991 cerca de la frontera entre Iraq y Kuwait durante la ocupación iraquí. Hoy, las guerras entre Estados no requieren ejércitos y tanques. / Agencia AFP

Hoy vivimos dos guerras nuevas, la biológica y la cibernética, y podríamos no estar conscientes de ello. ¿Qué pasaría si en estos momentos cuando todos vivimos conectados y trabajamos, nos informamos y hacemos todas las transacciones virtualmente, se afectara nuestra conectividad por un ataque cibernético?

Los estudiosos de las guerras y los temas de defensa tienen claro que las próximas guerras bien pueden ser, o están siendo, guerras biológicas o guerras cibernéticas. El costo de la guerra regular, aquella que demanda costosos equipos como barcos porta aviones, tanques y aeronaves de combate hoy son menos costo-eficientes, y grandes aparatos militares y de inteligencia como los que tienen los Estados Unidos y el Reino Unido son hoy menos eficaces para detener las nuevas formas de agresión de enemigos tradicionales como Rusia, Korea del Norte o Irán. No es que no sean necesarios, pero los arsenales que han mantenido a los tradicionales hegemones hoy no garantizan su seguridad.

Hoy el mundo entero se encuentra en jaque por el SARS-CoV-2 o COVID-19, un virus letal que ha causado ya más de 18 millones de contagios y más de 700.000 muertos (160.000 en Estados Unidos, la mayor potencial global), y que mantiene al mundo encerrado y ad-portas de la mayor crisis económica que haya conocido nuestra generación. Mientras pareciera haber consenso en que el virus se originó en un laboratorio ubicado en Wuhan, China, las circunstancias en que esto ocurrió es difusa, y pareciera haber más esfuerzos de parte de China por ocultar la información que por aclararla. Hay estudios que afirmarían que en dicho laboratorio el virus habría recibido componentes que lo hicieron más peligroso. Los teóricos de la conspiración sostienen que se trata de una acción deliberada de China, y otros afirman que el virus se creó por humanos, y se liberó accidentalmente. Sir Richard Dearlove, un exdirector del servicio secreto británico MI-6 entre 1999 y 2004 valida lo anterior, aunque con oposición de sectores de la comunidad científica. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por su parte lo llama “el virus chino”, y es una razón más que aviva el creciente distanciamiento entre las dos naciones en un año donde Trump se juega su reelección, y su manejo de la pandemia le resta favorabilidad cada día.

miércoles, agosto 05, 2020

Biden no aceptará su nominación en persona debido a la pandemia

Joe Biden no aceptará la nominación presidencial demócrata en el lugar designado para la convención en Milwaukee debido a preocupaciones sobre el coronavirus, informó el miércoles Bloomberg, citando a dos personas familiarizadas con sus planes.

Biden, quien enfrentará al presidente republicano Donald Trump en las elecciones del 3 de noviembre, había planeado viajar a Milwaukee este mes para aceptar la nominación demócrata, pero su equipo de campaña canceló esos planes recientemente, señalaron las fuentes.

El Comité Nacional Demócrata (DNC) dijo que ninguno de los oradores de la convención de 2020 viajará a Milwaukee para evitar arriesgar la salud de la comunidad después de que los funcionarios de salud pública «subrayaron el empeoramiento de la pandemia de coronavirus».

Trump sugiere pronunciar discurso de aceptación republicana desde la Casa Blanca

Trump citó los costos de seguridad de trasladarse para un discurso en una sede de convención. Las leyes, no obstante, prohíben el uso de propiedades públicas con fines puramente políticos.

Los detalles del discurso de aceptación de Biden se anunciarán más tarde, explicaron las fuentes.

«Desde el comienzo de esta pandemia, priorizamos la salud y la seguridad del pueblo estadounidense. Seguimos la ciencia, escuchamos a los médicos y expertos en salud pública, y continuamos haciendo ajustes a nuestros planes para proteger vidas», indicó el presidente del DNC, Tom Perez, en un comunicado citado por Reuters.

http://confirmado.com.ve/

martes, agosto 04, 2020

La dictadura cubana busca patrocinador Por Andrés Villota

Los únicos apoyos que le quedan a la dictadura cubana son Venezuela y Argentina. ¿Es el fin de régimen?
dictadura cubana
La dictadura cubana se queda cada vez más sola. (Foto: Flickr)

Fidel Castro sostenía que Cuba era “el único territorio libre de América”, aunque jamás lo ha sido. Cuba desde siempre ha sido una colonia que supeditó su economía a una fuerte relación de dependencia. La estructura de dominación metrópoli-colonia se mantuvo inicialmente con el reino de España, luego con Estados Unidos, y posteriormente con la extinta Unión Soviética (y desde la debacle soviética, con gobernantes alienados que abusan de los recursos públicos de sus naciones). Esto se suma al superestalinismo implantado por Castro, que jamás le permitió a los cubanos crear un aparato productivo autónomo, sostenible y eficiente.

Cuba, desde el desenlace de la Crisis de los Misiles, en 1962, había perdido importancia estratégica para los soviéticos y pasó a tener un papel de reparto dentro de las dictaduras satélite de Moscú. Una isla arruinada en la mitad del Caribe solo podía servir como centro de adoctrinamiento, entrenamiento y protección para los movimientos guerrilleros y los dictadores comunistas de América Latina y África.

Por esto, Fidel Castro empezó a desarrollar una estrategia para ser percibido como indispensable en la esfera soviética al venderse como persona experta en revolución y comunismo, y para ser considerado por los otros dictadores como el único con el método y el know-how para sostenerlos de manera vitalicia en el poder.

La dictadura cubana monta una estructura de exportación de mano de obra con grupos de cubanos que se dedican a deambular por el mundo creando revoluciones, asesorando dictadores, cuidando a tiranos, traficando con armas, pactando con narcotraficantes, espiando a opositores o adoctrinando jóvenes sin criterio. Todo eso a cambio de divisas para las arcas de la dictadura.

Abiertamente lo hicieron con batallones de militares en Argelia (1963), en Angola (1975) y en Etiopía (1978). Bajo una figura de mercenarios pertenecientes a un ejército regular pero luego, fueron más discretos y lo empezaron a hacer bajo la fachada de consultores, asesores, médicos, profesores, entrenadores de boxeo, técnicos en agricultura o artistas. El uso de los militares cubanos se empieza a institucionalizar como una forma de exportación de mano de obra y de generar remesas que eran recibidas por la dictadura para luego ser, supuestamente, redistribuidas entre el pueblo.

En 1970, Castro sometió a trabajo forzado a reclutas del ejército cubano para poder cumplir con la meta de producir 10 millones de toneladas de azúcar. También usó a casi todos los jóvenes de la isla que fueron esclavizados en campos de concentración. Muchos murieron y otros se automutilaron para poder escapar del infierno de los cañaduzales. La meta jamás se cumplió y la isla quedó sumida en la miseria con el agravante que, el pobre aparato productivo de la isla, había sido arrasado por orden del dictador para focalizar todos los esfuerzos en la producción de azúcar.

En el mundo, los soviéticos estaban en una situación económica cada vez más difícil por el enorme esfuerzo que significaba sostener a todas las dictaduras comunistas en la quiebra, para poder mantener ante el mundo la imagen de “éxito” del modelo comunista, en paralelo, al sostenimiento de costosas guerras dentro del marco de la Guerra Fría, por lo que Fidel Castro tuvo que empezar a conseguir recursos adicionales.

En 1989, cae el Muro de Berlín. Y en ese mismo año la DEA descubre la alianza que tenía Fidel Castro con el Cartel de Medellín. Ante la amenaza de una invasión, Castro dice que todo fue a sus espaldas y para no dejar duda, ordena fusilar al general Amaldo Ochoa, al coronel Antonio de la Guardia, al mayor Amado Padrón y al capitán Jorge Martínez, acusados por narcotráfico y por haber metido en problemas a Cuba con otros países. Otra vez los militares. Es la misma fórmula usada por Venezuela años después para manejar el narcotráfico.

Siendo estudiante de pregrado, le pregunté al canciller de Colombia de ese momento, en una entrevista para la revista de los estudiantes de la facultad, sobre la posibilidad de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba. Su respuesta diplomática no nos anticipó que un año después serían restablecidas. “Es obvio el restablecimiento porque Cuba tiene las llaves de la paz de Colombia”, dijo alguien ese día, cuando salíamos de la Cancillería. Desde ese entonces, Cuba ya se posicionaba en el imaginario colombiano como el poseedor de la fórmula mágica para lograr la paz de Colombia. Una dictadura que por haber creado los movimientos guerrilleros era, también, la única que sabía el secreto para hacerlos desaparecer.

Hábilmente, los cubanos empezaron a comercializar lo único que podían ofrecerle a los tiranos y a los gobiernos de extrema Izquierda del continente: permanencia vitalicia en el poder, planes y servicios de salud en la isla, protección física con contingentes de guardaespaldas, programas de peacemaking y planes de toma del poder. Todos servicios invaluables. ¿O cuánto paga un político por llegar al poder? ¿O cuánto paga un dictador por quedarse en el poder de manera vitalicia? ¿O cuánto paga un tirano para que lo protejan y lo libren de todo mal? ¿O cuánto paga un dictador por tener salud que le permita perpetuarse en el poder? ¿O cuánto pagó Colombia por la “paz” en términos políticos, institucionales, económicos, financieros y sociales, durante 8 años?

La debacle de la Unión Soviética dejó a Cuba sumida en una profunda recesión de la que no salió hasta cuando llegó al poder Hugo Chávez en Venezuela. Lo que trajo una época dorada para Cuba pues dejó de ser colonia y pasó a ser “metrópoli ideológica” con los petrodólares venezolanos. Eran tan grandes las “donaciones” que le hacía Chávez a Cuba que, Fidel Castro, ordenó en el año 2002 acabar con los ingenios azucareros porque, según su sabiduría comunista, el precio del azúcar en los mercados internacionales era “muy bajo”.

Los Castro ejercieron su hegemonía continental, manejando desde la sombra a los gobiernos progresistas de Latinoamérica que, le reportaba enormes ingresos mensuales, justificados en asesores, consultores y misiones médicas. El trabajo de las misiones médicas al igual que la actividad de todos los militares que fungen de asesores y consultores en “seguridad”, genera pagos que ingresan directamente a las arcas de la dictadura. Pero en la mayoría de los casos la remuneración para los cubanos desplegados por el continente, es nula o mínima. Por eso la ONU y Human Rights Watch lo califica de trabajo forzoso (como ocurrió en la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar) o de esclavitud contemporánea.

En el nuevo contexto latinoamericano, Cuba se está quedando sola. Sin los anteriores aliados ideológicos tras el desmonte del progresismo en Bolivia, Brasil, Ecuador, Perú, República Dominicana y Uruguay, los únicos aliados que le quedan son Argentina y Venezuela hoy en la ruina, paradójicamente, gracias a los mismos asesores cubanos que quebraron sus economías por culpa de la súper estalinización que promovieron.

A Cuba solo le queda México y las ciudades o departamentos colombianos gobernados por la extrema Izquierda. Por la pandemia (salvo para el dictador Nicolás Maduro) la prioridad dejó de ser financiar a la dictadura cubana. Y con los ojos de la DEA puestos sobre Cuba por culpa de la presencia de miembros del ELN y de las FARC, seguir financiando a la isla con los ingresos de las economías ilegales dejó de ser una opción. Los días del dictador Miguel Díaz-Canel en el poder, podrían estar contados.


Andrés Villota Gómez es consultor en temas de inversión responsable y sostenible, y es excorredor de bolsa con más de 20 años de experiencia en el mercado bursátil colombiano.

domingo, agosto 02, 2020

EEUU, China y la vacuna contra el COVID-19. POR ANDRES OPPENHEIMER

En esta foto distribuida por la agencia noticiosa china Xinhua, el presidente chino Xi Jinping habla por video con enfermos y trabajadores de la salud en el hospital Huoshenshan en Wuhan, provincia de Hubei, martes 10 de marzo de 2020. XINHUA VIA AP XIE HUANCHI

He aquí una predicción bastante segura: si el presidente Donald Trump sigue adelante con sus planes de usar exclusivamente para los estadounidenses las más de 400 millones de vacunas contra el COVID-19 que ha ordenado su gobierno, la imagen de Estados Unidos en el mundo caerá como nunca antes en tiempos recientes.

Eso es lo primero que se me pasó por la mente al leer que el canciller de China, Wang Yi, anunció que su país ayudará a América Latina a comprar vacunas contra el coronavirus hechas en China.

“El canciller chino destacó que la vacuna desarrollada en su país será un bien público de acceso universal, y que su país destinará un préstamo de $1,000 millones para apoyar el acceso de las naciones de la región al antídoto,” señaló un comunicado de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México el 22 de julio.

Estados Unidos ha ordenado al menos 400 millones de dosis de vacunas COVID-19 como parte de su plan “Operation Warp Speed” de $8,000 millones para poder vacunar a los estadounidenses a principios de 2021. Pero el plan no contiene disposiciones para compartir esas vacunas con países más pobres.

“Históricamente un líder mundial en temas de salud pública global, Estados Unidos ha adoptado un enfoque más doméstico en la pandemia de COVID-19”, dice un informe reciente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington D.C. Mientras tanto, China “está mirando hacia el resto del mundo”, agregó.

Un mapa de “Ayuda Externa de China y Estados Unidos a América Latina en medio de la crisis COVID-19” (https://www.wilsoncenter.org/aid-china-and-us-latin-america-amid-covid-19- crisis) publicado por el Wilson Center, un centro de estudios de Washington D.C., muestra que mientras que China le ha entregado a México entre otras cosas 100,000 kits de pruebas. 725,000 máscaras quirúrgicas y 1,280 ventiladores, Estados Unidos le ha dado a México solo 1,000 máscaras quirúrgicas y 1,000 ventiladores.

Asimismo, China le ha dado a Argentina entre otras cosas 53,500 kits de prueba, casi 700,000 máscaras quirúrgicas y 20 ventiladores, mientras que Estados Unidos le ha dado $300,000 en asistencia médica y 2 millones de dosis de hidroxicloroquina, un medicamento para la malaria promovido por Trump pero cuestionado por muchos expertos.

Es cierto que algunos de los cubrebocas hechos en China son de dudosa calidad. Y también es cierto que China está tratando de tapar sus culpas por no haberle avisado al mundo cuando estalló la epidemia del COVID-19 en Wuhan.

Pero el hecho es que la ofensiva de relaciones públicas de China para reparar su negligencia parece estar dando resultados. Eso va a dañar la imagen de Estados Unidos, y por extensión, su economía.

El asesor de imagen de países británico Simon Anholt, fundador del Ranking Anholt-Ipsos de Marca País, me dijo en una entrevista que “es muy interesante ver cómo China está asumiendo gradualmente el rol de líder de la comunidad internacional”.

La retirada de la administración Trump de instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud y el Acuerdo Climático de París ya ha resultado en una pérdida importante de imagen de Estados Unidos en el mundo, señaló.

Efectivamente, una nueva encuesta de Gallup muestra que Alemania es el país más admirado del mundo, una posición que tenía Estados Unidos antes de la elección de Trump.

Anholt, cuyo nuevo libro “The Good Country Equation” fue publicado esta semana, me dijo que Estados Unidos ocupa ahora el puesto número 7 en el ranking Anholt-Ipsos de Marca País, que se basa en una encuesta de 20,000 personas en todo el mundo. Antes de la elección de Trump en 2016, Estados Unidos era también el número 1 en este ranking.

Esto tendrá consecuencias prácticas. “Si la imagen de Estados Unidos se daña, se daña su industria turística, su inversión extranjera, su capacidad para atraer talentos, sus exportaciones, todo”, me dijo Anholt.

Por supuesto, la primera prioridad de Trump debería ser distribuir las vacunas compradas por Estados Unidos en su propio país. Pero el COVID-19 es un problema global que ningún país puede resolver por sí solo.

Si Trump no elabora un plan para ayudar a los países más pobres, no se avanzará mucho, y el daño a la imagen de Estados Unidos y su economía será duradero.He aquí una predicción bastante segura: si el presidente Donald Trump sigue adelante con sus planes de usar exclusivamente para los estadounidenses las más de 400 millones de vacunas contra el COVID-19 que ha ordenado su gobierno, la imagen de Estados Unidos en el mundo caerá como nunca antes en tiempos recientes.

https://www.elnuevoherald.com/

sábado, agosto 01, 2020

El árido camino de la negociación. Trino Márquez Cegarra / Necesidad de un Acuerdo Nacional para el progreso y la paz en Venezuela

Pareciera existir una relación directamente proporcional entre la lejanía y el grado de extremismo de las posiciones. Mientras más alejadas de Venezuela se encuentran algunas personas, más extremistas se muestran. Da la impresión de que se desayunan con alacranes y almuerzan con una mapanare. Lo peor es que entre algunos profesionales de la política ocurre igual. No son capaces de colarse por los intersticios dejados por el gobierno en su afán de sobrevivir en el cuadro tan adverso que enfrenta.

El G-4, en vez de poner ciertas condiciones razonables para conversar y negociar tal cual sugiere la delegación de Noruega, país que no descansa en su afán de lograr un acuerdo inteligente entre el gobierno y la oposición, inmediatamente descarta cualquier posibilidad, señalando que el diálogo quedó cancelado una vez Nicolás Maduro, en agosto de 2019, decidió levantarse de la mesa de conversaciones, cuando acusó a Juan Guaidó y al resto de la oposición de apoyar las duras sanciones aplicadas por el gobierno de Donald Trump. Maduro adoptó esa postura radical porque sabía que el proceso de diálogo marchaba hacia un acuerdo inevitable: la convocatoria a elecciones libres con supervisión internacional. Este evento marcaría el fin de su mandato y el de la era chavista-madurista. Sería suicidarse en primavera. No quiso asumir ese costo.

Ahora también aspira a seguir engrapado al poder, pero la situación de su gobierno es peor que hace un año.El punto fundamental donde se  apoya Maduro es la fuerza represiva y coercitiva de su régimen. El consenso que todo sistema, por más autoritario que sea, trata de construir, se ha reducido a su mínima expresión. Las sanciones económicas, el derrumbe de la producción y los ingresos petroleros, el retroceso de la actividad económica en medio de la pandemia de la Covid-19 y la imposibilidad de recibir un auxilio sustantivo de sus aliados políticos en el plano internacional, lo  han llevado a buscar reducir las aristas más filosas de su nefasto gobierno.Por eso invita a los noruegos. El único ente autorizado a permitir la entrada al espacio aéreo nacional es el Gobierno. Resulta obvio que sin el beneplácito de Maduro, el avión que trajo a esa delegación no habría podido ingresar a Venezuela.

La reacción tan desafortunada del G-4 la explico por dos razones. La primera es la precariedad, casi inexistencia, de partidos políticos; estos carecen de direcciones nacionales en las cuales se evalúen con serenidad y profundidad los distintos aspectos de un proceso.  En segundo lugar, la excesiva dependencia de las organizaciones políticas internas con respecto de los líderes que se encuentran en el exilio o alojados en embajadas. Tal parece ser el caso de Primero Justicia y Voluntad Popular, cuyas direcciones  domésticas no parecen tener el nivel de autonomía y poder que les permitan tomar decisiones importantes de forma autónoma. Las directrices son trazadas por figuras demasiado alejadas del acontecer diarioe influidas por  factores externos que distorsionan la realidad interna.

El diálogo y la negociación sólo pueden rechazarse cuando uno de los factores en conflicto –sea ejército nacional, partido o grupo- posee tal fortaleza, que el acercamiento al adversario puede interpretarse como un signo inconveniente de debilidad. Ese no es el caso de Venezuela. La oposición se encuentra en extremo disminuida: con partidos raquíticos y organizaciones civiles –sindicatos, gremios, asociaciones y federaciones estudiantiles- menguadas. Por el lado del gobiernoocurre otro tanto: el PSUV se transformó en una maquinaria burocrática alejada de la gente. El baluarte del régimen reside en la creciente capacidad represiva que ha levantado. La maquinaria represiva constituida por fuerzas formales -FANB, FAES, Dgcim, PNB- e informales –los colectivos y grupos irregularescomo las FARC y el ELN, especialmente al sur del país-, representan su mayor fortaleza.

Sin embargo, Maduro y su círculo íntimo saben que, como le gustaba decir a Napoleón, los fusiles sirven para todo, menos para sentarse en ellos. La capacidad de coerción es útil para mantener sometida a una sociedad y sembrar terror, pero no para consolidar el liderazgo, ni disfrutar indefinidamente del poder. Por esa razón tratar de negociar. Allí existe una debilidad que la oposición debería cultivar aprovechando al máximo las pocas fortalezas que posee. La más importante: el apoyo internacional, donde Noruega es una pieza importante.

@trinomarquezc

viernes, julio 31, 2020

América Latina se enfrenta a un retroceso de la democracia durante la pandemia

El coronavirus está perjudicando los sistemas de salud y las economías de la región. También amenaza sus frágiles libertades políticas.
Credit...Adriana Loureiro Fernandez para The New York Times

Elecciones pospuestas. Tribunales marginados. Persecución a los opositores.

A medida que la pandemia de coronavirus arrasa América Latina y el Caribe, al cobrar la vida de más de 180.000 personas y destruir el medio de sustento de decenas de millones en la región, también socava las normas democráticas que ya se encontraban bajo presión.

Desde el centro-derecha hasta la extrema izquierda, los líderes han usado la crisis como excusa para extender sus mandatos, debilitar la vigilancia a las acciones gubernamentales y acallar a los críticos, medidas que bajo otras circunstancias serían descritas como autoritarias y antidemocráticas pero que ahora se presentan como acciones salvadoras, necesarias para detener la propagación de la enfermedad.

“No es un asunto de izquierda o de derecha, es una disminución de la democracia en general en toda la región”, dijo Alessandra Pinna, investigadora para América Latina en Freedom House, una organización con sede en Washington que monitorea las libertades políticas globales.

Actualmente hay cinco países en América Latina y el Caribe con historias democráticas recientes —Venezuela, Nicaragua, Guyana, Bolivia y Haití— donde los gobiernos no fueron electos en elecciones libres y justas o han extendido su mandato. Es la mayor cantidad desde finales de los años ochenta, cuando la Guerra Fría se encaminaba a su final y varios países que se encontraban inmersos en guerras civiles o bajo dictaduras militares hicieron transiciones hacia la paz y la democracia.

Credit...Federico Rios para The New York Times

La mayoría de estos líderes ya manipulaban las reglas democráticas para permanecer en el poder antes de la pandemia, pero aprovecharon las condiciones de emergencia creadas por la propagación del virus para fortalecer su posición.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, detuvo o allanó las casas de decenas de periodistas, activistas sociales y líderes de la oposición que han cuestionado las dudosas cifras del gobierno sobre el coronavirus.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega liberó a miles de presos debido a la amenaza que representa el virus, pero ha mantenido tras las rejas a los presos políticos, mientras que en Guyana, un bloqueo impidió las protestas contra el intento del gobierno de mantenerse en el poder a pesar de haber perdido una elección.

En Bolivia, el gobierno interino ha usado la pandemia para posponer las elecciones, ha recurrido a la ayuda de emergencia para apuntalar su campaña electoral y ha amenazado con prohibir que el principal candidato de oposición postule.

Y en las islas de San Cristóbal y Nieves, el gobierno impuso en junio una cuarentena estricta a sus 50.000 habitantes, durante la campaña para las elecciones generales, lo que obstaculizó los esfuerzos de la oposición para llegar a los votantes y al mismo tiempo evitó que los observadores electorales internacionales viajaran al país.

Fue la primera vez en la historia reciente que a la Organización de Estados Americanos, un grupo regional que promueve la democracia, se le retiró la invitación de observar las elecciones.

Credit...Federico Rios para The New York Times

Aunque la pérdida de la confianza pública en América Latina no es reciente, la erosión de las normas democráticas durante la pandemia llegó en un momento en que el crecimiento económico y el progreso social de la región ya se estaban desmoronando, lo que ha dejado mucha incertidumbre en torno a la capacidad de los líderes democráticos para resolver problemas arraigados, como la desigualdad, el crimen y la corrupción.

En 2018, solo uno de cada cuatro latinoamericanos decía estar satisfecho con la democracia, el número más bajo desde que Latinobarómetro, una encuestadora regional, comenzó a hacer esa pregunta hace 25 años.

El descontento con el sistema político llevó en años recientes a una ola de victorias populistas entre las que se cuentan las de Jair Bolsonaro, quien se encuentra en la extrema derecha, y Andrés Manuel López Obrador, de México, posicionado hacia la izquierda. También condujo a protestas callejeras masivas en varios países latinoamericanos el año pasado.

En este tiempo de convulsión política, la pandemia ha sumido a la región en la recesión más profunda de su historia, lo que ha exacerbado las debilidades en los sistemas de bienestar y salud y puesto en evidencia los muchos modos en que los líderes son incapaces de satisfacer las demandas de la población.

“Todas las cosas que ya los latinoamericanos estaban pidiendo —más igualdad, mejores servicios— han empeorado dramáticamente con la pandemia” dijo Cynthia Arnson, directora de programa para Latinoamérica del Centro Wilson, un centro de análisis en Washington. “El sufrimiento económico es dramático y pone una tensión adicional en instituciones de por sí débiles”.

Credit...Daniele Volpe para The New York Times

Los sistemas de salud de la región, en dificultades, también se han visto perjudicados. Latinoamérica se ha convertido en una zona crítica del virus a nivel global y Brasil, México y Perú se encuentran entre los 10 países con más cantidad de fallecimientos en el mundo. De acuerdo con las Naciones Unidas, se espera que unos 16 millones de latinoamericanos caerán a la extrema pobreza este año, un revés a todos los avances de la región en este siglo.

Además de estos desafíos, la democracia en América Latina también ha perdido el apoyo de Estados Unidos, que después del fin de la Guerra Fría había desempeñado un papel importante en la promoción de la democracia y financió programas de buen gobierno y denunció abusos autoritarios.

Con el presidente Donald Trump, Estados Unidos se ha enfocado principalmente en una política exterior regional destinada a oponerse a los autócratas izquierdistas de Venezuela y Cuba, y en reducir la inmigración al condicionar la ayuda a los países centroamericanos, algunos de los más pobres de la región, a la cooperación en materia migratoria.

El gobierno de Trump también se abstuvo de emitir declaraciones cuando Nayib Bukele, el presidente de El Salvador, ignoró los fallos de la Corte Suprema y usó al ejército para implementar medidas enérgicas en contra de los infractores de la cuarentena establecida durante la pandemia.

El apoyo estadounidense a las iniciativas a favor de la democracia en América Latina se redujo a casi la mitad el año pasado, a 326 millones de dólares, según cifras preliminares compiladas por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por su sigla en inglés).

“En los últimos años, no solo hemos abandonado nuestro papel como fuerza democratizadora en América Latina y en el mundo sino que hemos promovido fuerzas negativas”, dijo Orlando Pérez, politólogo de la Universidad del Norte de Texas. “Nuestra política ahora es: ‘Están solos, Estados Unidos es primero’”.

Credit...Adriana Loureiro Fernandez para The New York Times

En los pocos bastiones democráticos en América Latina, como Uruguay y Costa Rica, los líderes respondieron a la pandemia con eficiencia y transparencia, lo que aumentó la confianza de la gente en el gobierno. En República Dominicana y Surinam, los presidentes en funciones recientemente se retiraron del poder después de perder las elecciones, que se celebraron a pesar de la pandemia.

En muchos casos, los jueces y otros funcionarios públicos han resistido a los ataques contra instituciones democráticas durante la pandemia, dijo Javier Corrales, profesor de estudios latinoamericanos en el Amherst College de Massachusetts. “Los defensores de la democracia liberal en América Latina no han sido derrotados”, dijo Corrales. “Los aspirantes a autócratas no tienen el camino libre”.

Sin embargo, en la mayoría de las naciones latinoamericanas, el coronavirus aceleró el declive democrático ya existente al dejar en evidencia la debilidad y la corrupción de los gobiernos ante la catástrofe.

“Al enfrentarse a una amenaza existencial, los países que aún no tenían sistemas democráticos profundos recurren a tácticas que ayudan a los líderes a consolidar su poder’‘, dijo John Polga-Hacimovich, politólogo de la Academia Naval Estadounidense en Maryland.

Las tensiones políticas que aquejan a la región durante la pandemia podrían ser solo el comienzo de una ola más prolongada de disturbios y autoritarismo, dijo Thomas Carothers, miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “Va a arrastrar a la región a un peor desempeño económico”, dijo. “También significa un peor trato a los seres humanos, su dignidad y sus derechos”.

https://www.nytimes.com/es/