Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

martes, octubre 20, 2026

LA CASA BLANCA EN APURO Por Douglas Zabala



La masa no está pá bollo en la Casa Blanca: Se le vienen encima las elecciones de medio término en noviembre sin avanzar en lo prometido cuando se anunció la transición política venezolana, y esto le pone la arepa cuadrada no solo a Marco Rubio sino al propio Donald Trump.


 La crisis que aquí vivimos sigue moviéndose entre dos relojes que no marcan la misma hora al mismo tiempo. El de los venezolanos marcando el tiempo de una crisis  donde cada día se mide en vidas y el de Washington, donde noviembre y el voto latino pesan tanto como cualquier declaración sobre democracia.


María Corina Machado ha dicho hasta el cansancio que ella entiende el plan de las tres fases de Washington y su lógica institucional, pero no renuncia a lo esencial. Pese a las fricciones y a su exclusión de las rondas de diálogo en Caracas, ha manifestado que no torpedeará evita el proceso, pero insiste en que la prioridad absoluta es abrir paso a un compromiso democrático real.


Su distancia creciente de la forma como Rubio conduce el tutelaje con Delcy Rodríguez y Dinorah Figuera no es un capricho, ella al igual que el venezolano de a pie  sospecha de que el pragmatismo, cuando se disfraza de realismo, termine produciendo un abismo entre dirigentes y ciudadanía.


Dinorah Figuera responde que “el que quiera participar está invitado”. El mensaje suena conciliador, pero no oculta las diferencias. Si la unidad opositora se fractura y la mesa de negociación excluye a figuras centrales, el proceso perdería credibilidad. No basta con invitar; hay que asegurar que la invitación no sea una forma elegante de marginar a quienes incomodan. María Corina debe tener presencia en las negociaciones y Perkins Rocha sería un excelente vocero.


Machado en su mensaje a la Plataforma Unitaria acaba de señalar: “Solo la verdad nos llevará a la libertad y a la confianza entre ciudadanos”,  y además advirtió que es éticamente inaceptable perder tiempo cuando el clamor de la gente no puede esperar.


 En una negociación con el oficialismo, esos principios deberían ser el piso mínimo, no un adorno. Si se sacrifican para acelerar un acuerdo, el acuerdo nace choreto. Washington tiene derecho a defender sus intereses, pero no debería confundir lentitud con solución.


La Casa Blanca sabe que puede provocar una nueva frustración para los venezolanos. También sabe que  el voto latino castiga el cinismo y la improvisación. Por eso, la salida no puede ser un traje a la medida solo para calzarselo Trump en noviembre, sino una ruta con garantías reales de que Venezuela necesita cambiar cuanto antes.


Una negociación que ignore a Machado, que fracture la oposición o que convierta la democracia en moneda de cambio puede dar titulares hoy y problemas en noviembre y eso lo debe saber Marcos Rubio. De lo contrario, la Casa Blanca terminará en apuros por andar  administrando la “democracia” venezolana a sus antojos. 

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