Esta vez resolví ser más preciso hablaré muy poco y bien clarito de lo hermoso y lo conciso.
DE LA POESÍA
Si piensas que por semejante osadía
podrás descubrir el tiempo
en garabatear estas grafías.
Ve acumulando paciencia,
porque ha llegado la hora
de volver a preguntarte
cómo es que, a punta de prosas y otras gracias,
lo que así escriben
han recreado su poesía.
DE LA VIRTUD
Desde hace tiempo
he cambiado la voluntad
por la sapiencia
de ver en los demás
dónde está lo esencial
de su atribulada existencia.
Del primer sabio aprendí
lo olvidado por el último.
De esas cosas terribles,
zarandeadas por la ética,
nadie, en medio de tanta
ingratitud, puede venir
a promover lo que nunca
tuvo por virtud.
DE LA CONCIENCIA
Andaba sin farol,
con brújula y norte,
deslizando recovecos
de vigilias incandescentes.
En la noche fría,
sin piragua y cabotaje,
anunciaron los ladridos
del cancerbero taciturno.
Hoy vuelve,
sin amoríos
ni tutela,
tras la huella
de su extraviada conciencia.
DE LAS CONTEMPLACIONES
Ni Sócrates
pudo calmarme
con sus alegorías,
ni saber más allá de sus sabidurías.
Ya lo sabía que ante esta manía de vomitar letras,
sólo el mal aliento de la ignorancia levantaría su voz.
En cualquier momento, y cuando se agoten las emociones,
les diré mis verdades a los desprevenidos en sus contemplaciones.
DE LA ESPERA
Todos han de regresar
a los floreados laberintos
de amaneceres sin término.

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