Por Joaquín Chaparro Oliveros
Cuando nos planteamos el dilema estratégico sobre qué ruta debe priorizar la nación, la pregunta surge clara y directa: ¿cómo te gusta más, elecciones presidenciales o elecciones regionales?
Al revisar la realidad de la calle, los estudios de opinión y el sentir nacional, la respuesta es contundente: lo que quiere la gente y lo que reflejan todas las encuestas son las elecciones presidenciales. El país no está pidiendo pañitos calientes ni distractores locales; la voluntad mayoritaria exige definir el destino de la magistratura nacional.
El mandato del Artículo 5° y la ilegitimidad de origen
El fundamento de este reclamo no es solo político, es profundamente constitucional. El Artículo 5° de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece con claridad soberana que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente e indirectamente mediante el sufragio.
Es la voluntad popular la que legitima a los gobiernos. Y hay que decirlo sin rodeos: este régimen carece de legitimidad porque Nicolás Maduro no ganó las elecciones. Pretender tapar la crisis de fondo con comicios regionales es ignorar la ilegitimidad originaria que afecta a toda la cadena de mando e institucional del país.
Un CNE parcializado y un poder viciado
Si la Constitución lo exige y el pueblo en la calle lo demanda, ¿por qué no convocar las elecciones presidenciales?
La respuesta está en la falta de independencia institucional. Para avanzar hacia una solución real, Venezuela necesita con urgencia un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) que sea verdaderamente imparcial, un árbitro de la República y no una extensión del régimen.
Aquí no hay espacio para medias tintas: no podemos comernos el cuento ni aceptar un árbitro manejado por fichas puestas a dedo por quien usurpa el poder. Quien colocó allí a los jefes de este CNE fue el propio Nicolás Maduro, un personaje señalado por graves delitos e investigado en la cancha internacional. En la función pública y en la vida real, las cosas por su nombre: si a ti te nombra un cuestionado como su persona de confianza, tú no te puedes hacer el loco ni lavar las manos. Aquí no vale excusarse en la ignorancia; quien acepta el cargo con ese padrino, asume la misma mancha, el mismo sesgo y la misma responsabilidad.
Mi postura sigue siendo la misma: Luchemos por la presidencial
Frente a la disyuntiva de ¿qué es lo que más te gusta?, mi posición es firme e inamovible: las elecciones presidenciales son la única vía real para restituir la soberanía y la democracia.
Las elecciones regionales en medio de un esquema autoritario solo sirven para darle oxígeno al régimen viciado. A veces nos enredamos en el dilema de qué fue primero, si el huevo o la gallina, debatiendo si hay que ganar espacio abajo para llegar arriba. Pero la realidad es una sola: sin cambiar la cabeza, el resto del cuerpo sigue amarrado.
El llamado de la hora histórica es a no desviarnos del objetivo central. Hay que luchar de manera decidida, organizada y firme para conquistar unas elecciones presidenciales con un CNE independiente, donde la voluntad de los venezolanos expresada en la Constitución vuelva a ser respetada.
DC / Abogado Joaquin Chaparro Oliveros/ Demócrata Cristiano pero diferente...Sociedad Civil-Zulia.&

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