María,
deja por hoy tu propio universo
y teje conmigo este momento
donde el lago se vuelve espejo
y derrama su verso.
No temas, hoy
no vengo a juzgar
tus alas fatales,
ni el escándalo de
tu falda arremolinada
que asustó a las damas
de levita y sombrero.
Calcaño,
soy yo, el que llega tarde a tu fiesta,
y solo encuentra en la orilla
recuerdos de tu dulce trajinar,
en estas horas tranquilas de tu siesta.
Tú, María José Francisca del Carmen,
niña de catorce con piel de porcelana,
pariste seis hijos antes de asomarte a la ventana,
como si la vida fuera un río de lágrimas
por donde la sangre se desborda y esparrama.
Cómo no van a verte buena, María,
si te truena la vida en las venas.
Si tienes sangre insubordinada,
y no puedes mostrarte dócil como una criada,
mientras tengas un retazo de cielo
y una cresta de monte para vivir con ellos.
Yo te pregunto, mujer de 1906.
Cómo hiciste para que tu voz indomable
atravesara las paredes
y tus poemas revolotearan tras las ventanas
como solo vos hacerlo sabéis.
Yo solo sé que el eros se manifestó en mí
de manera sencilla y directa,
como un puerto nuevo que golpea el mar.
Soñar y soñar, pero estar despierta,
aturdida de este hondo placer doloroso.
Y el amor, María.
¡Hombre! Qué me has hecho.
Qué me diste de beber en un beso
que tengo en el pecho alegría y dolor.
Y Dios.
Vengo sin Dios y sin miedo.
El hombre y yo somos la quimera.
Dios en su grave verdad.
Y sobre nosotros, como una maldición,
esta sombra monstruosa…
Y la vida, María, la vida.
La vida es un grito que no se calla.
Ni tú, ni el cielo, ni nada
podrán con mi grito indomable.
María,
hoy, en esta orilla de versos,
yo converso contigo,
y mientras tu falda se arremolina
y se levanta como un barco,
yo entiendo que tu poesía
fue siempre un barco que zarpa,
un grito indomable,
una desnudez de cuerpo y de noche
que aún hoy, en el alba,
sigue soñando.
Y aunque ya empiece a llover
sobre el muelle de los años,
cuando cierre los ojos,
verás que, a pesar de todo,
él no era el puerto:
era apenas la tormenta
que tú supiste enaltecer.
Tomado de mi lIbro “Canto a Maracaibo”
Publicado por Sultana del Lago Editores

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