Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

domingo, septiembre 20, 2026

MARÍA CALCAÑO Por Douglas Zabala



María,

deja por hoy tu propio universo

y teje conmigo este momento

donde el lago se vuelve espejo

y derrama su verso.

No temas, hoy

no vengo a juzgar

tus alas fatales,

ni el escándalo de

tu falda arremolinada

que asustó a las damas

de levita y sombrero.

 

Calcaño,

soy yo, el que llega tarde a tu fiesta,

y solo encuentra en la orilla

recuerdos de tu dulce trajinar,

en estas horas tranquilas de tu siesta.

 

Tú, María José Francisca del Carmen,

niña de catorce con piel de porcelana,

pariste seis hijos antes de asomarte a la ventana,

como si la vida fuera un río de lágrimas

por donde la sangre se desborda y esparrama.

 

Cómo no van a verte buena, María,

si te truena la vida en las venas.

Si tienes sangre insubordinada,

y no puedes mostrarte dócil como una criada,

mientras tengas un retazo de cielo

y una cresta de monte para vivir con ellos.

 

Yo te pregunto, mujer de 1906.

Cómo hiciste para que tu voz indomable

atravesara las paredes

y tus poemas revolotearan tras las ventanas

como solo vos hacerlo sabéis.

 

Yo solo sé que el eros se manifestó en mí

de manera sencilla y directa,

como un puerto nuevo que golpea el mar.

Soñar y soñar, pero estar despierta,

aturdida de este hondo placer doloroso.

 

Y el amor, María.

¡Hombre! Qué me has hecho.

Qué me diste de beber en un beso

que tengo en el pecho alegría y dolor.

 

Y Dios.

Vengo sin Dios y sin miedo.

El hombre y yo somos la quimera.

Dios en su grave verdad.

Y sobre nosotros, como una maldición,

esta sombra monstruosa…

 

Y la vida, María, la vida.

La vida es un grito que no se calla.

Ni tú, ni el cielo, ni nada

podrán con mi grito indomable.

 

María,

hoy, en esta orilla de versos,

yo converso contigo,

y mientras tu falda se arremolina

y se levanta como un barco,

yo entiendo que tu poesía

fue siempre un barco que zarpa,

un grito indomable,

una desnudez de cuerpo y de noche

que aún hoy, en el alba,

sigue soñando.


Y aunque ya empiece a llover

sobre el muelle de los años,

cuando cierre los ojos,

verás que, a pesar de todo,

él no era el puerto:

era apenas la tormenta

que tú supiste enaltecer.

 

Tomado de mi lIbro “Canto a Maracaibo”

Publicado por Sultana del Lago Editores

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