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miércoles, septiembre 23, 2026

Las 1.000 empresas de Polar: ¿un salvavidas para el ecosistema venezolano? Ariana Briceño Rojas

 

Con el crédito bancario en solo 3,6% del PIB y apenas 2 de cada 100 emprendimientos sobreviviendo, el programa de Polar asume el gran reto de llevar las ideas a convertirse en empresas que perduren


mpresas Polar abrió este martes el registro de su Programa 1.000 Empresas, con el que aspira a acompañar la creación de mil nuevas empresas en Venezuela antes de su centenario, dentro de 15 años. La formación arranca en octubre. En total son nueve módulos gratuitos y online, y el primero lo dicta Lorenzo Mendoza.

Pero el programa no se queda en la formación. Contempla capital semilla no reembolsable, que Álex Gómez, gerente de Desarrollo Empresarial de Fundación Empresas Polar, describió como un capital de empuje «libre de equity», ya que Polar no se queda con acciones de las empresas que apoya. También incluye una vía para que los emprendimientos se conviertan en proveedores de su cadena de valor. Los montos y las fechas de estas dos vías todavía no se han anunciado.

La pregunta de fondo es otra. ¿Qué puede lograr una iniciativa así en el ecosistema emprendedor venezolano de hoy?

Mil empresas: ¿mucho o poco?

Mil empresas en quince años son unas 67 por año, poco más de cinco por mes. Frente al tamaño de la economía, la cifra no mueve el PIB por sí sola. Pero la pregunta correcta no es cuántas, sino cuáles.

Según el Monitor Global de Emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés) Venezuela 2025, elaborado por la UCAB y el IESA, apenas 1,9% de los emprendimientos está en la categoría de «establecidos», es decir, sobrevivió más de 3,5 años y sigue activo. La cifra casi no cambió frente a 2024 (1,8%), y el estudio la califica de estancamiento crítico, con niveles de sostenibilidad empresarial entre los más bajos del mundo.

En ese contexto, mil empresas formales, con nómina y capacidad de crecer, no son una cifra menor. Son exactamente el eslabón que falta en el ecosistema venezolano, el paso del negocio de supervivencia a la empresa que perdura.

Un ecosistema que se quedó sin gasolina

El GEM describe un país que emprende por necesidad y se cansa rápido. La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana cayó de 11,7% a 7,7% en un año, lo que equivale a 1,3 millones de emprendedores que abandonaron. Es el valor más bajo desde que empezó el estudio en 2003, cuando la tasa llegaba a 27,3% de la población adulta.

La motivación explica buena parte del problema. El 88% emprende para ganarse la vida ante la falta de empleo, y 77,8% de los emprendimientos tempranos tiene menos de tres meses y sus dueños todavía no pagan salarios. El estudio identifica como principal filtro la incapacidad de generar flujo de caja para pagar nómina después del tercer mes.

Mendoza hizo el mismo diagnóstico durante la presentación. Según el empresario, el país está pasando del autoempleo, que es un concepto muy distinto al emprendimiento, hacia un desarrollo orgánico del emprendimiento. Y definió el ecosistema como rico en ideas pero muy débil en acceso al capital y en estructuras duraderas.

El nudo: el dinero

Aquí está el centro del asunto. El profesor Luis Lauriño, de la UCAB, estimó que el capital inicial de un emprendimiento hoy oscila entre $5.000 y $20.000, y que sale de ahorros, familia y remesas, lo que explica por qué tantos cierran por falta de financiamiento. El informe advierte que se agotaron los ahorros familiares que servían para autofinanciarse, lo que eleva el costo de entrada más allá de lo que puede pagar la mayoría.

La banca no llena ese vacío. La cartera de crédito del sistema bancario equivale apenas a 3,6% del PIB, contra un promedio de 30% en América Latina, y el BCV mantiene el encaje legal en 73% y endureció las penalizaciones para los bancos que lo incumplan. El economista Asdrúbal Oliveros prevé, como resultado, menos financiamiento para empresas y hogares.

Mendoza lo resumió en una frase: «En Venezuela hay muchos bancos, pero no hay banca». Y agregó que muchas empresas se descapitalizaron porque no resistieron la inflación y la contracción de los mercados.

Por eso el capital no reembolsable es el componente con más peso del programa. En un mercado donde el crédito está apagado por política monetaria, un aporte sin deuda y sin cesión de acciones es de las pocas formas de financiamiento que no ahorcan a un negocio en su primer año.

Lo que el programa sí puede mover

El puente hacia la formalidad. La Fundación sostiene que las herramientas sobre estructura de costos, formalización jurídica y planificación de ventas buscan subir el porcentaje de negocios que sobreviven. Esa es precisamente la brecha que señala el GEM.

Una cadena de proveedores. La tercera vía puede tener más impacto que el capital semilla. Un emprendedor que se convierte en proveedor de Polar tiene demanda asegurada, que es lo más difícil de conseguir. Esto importa porque en el primer trimestre de 2026 la gran industria creció 13,5% y la mediana 4,5%, mientras que la pequeña retrocedió 6,2%.

Un efecto multiplicador. Fundación Empresas Polar adelantó que habilitará mecanismos para recibir aportes de fondos de cooperación internacional, bancos y organismos multilaterales. Si eso se concreta, el programa deja de depender del bolsillo de una sola empresa y se convierte en una plataforma de coinversión.

Alcance nacional. La plataforma permite descargar materiales para que la falta de conectividad no sea un impedimento, y el programa no se limita al sector agroalimentario, sino que tienen cabida salud, tecnología, servicios o turismo.

Los retos del camino

El programa enfrenta un entorno que ninguna iniciativa privada puede cambiar sola. Conindustria registró un promedio de 47 cortes eléctricos no programados en un trimestre, y la inflación interanual llegó a 534,21% en agosto. Con esas condiciones, planificar un negocio a tres años sigue siendo un desafío, incluso para el emprendedor mejor formado. Por eso el valor del programa está en preparar a los emprendedores para sobrevivir a esas condiciones mientras cambian, no en esperar que cambien primero.

El otro reto es de escala y de seguimiento. La formación es abierta a todos, pero el capital semilla llegará a un grupo seleccionado, así que la demanda seguramente superará la oferta. Cuando Polar publique los montos, las cohortes y los criterios del jurado, el programa podrá mostrar resultados concretos: cuántas empresas siguen activas, cuánto empleo generan y cuántas se integran a la cadena de valor. Esos datos serán su mejor carta para sumar a la banca, la cooperación internacional y los multilaterales que la Fundación ya aspira a incorporar.

Guía práctica: cómo aprovecharlo

  • Completa los nueve módulos. El registro es gratuito en polar1000empresas.com. El curso no es requisito excluyente para el capital semilla, pero completarlo dará ventaja ante los comités de evaluación.
  • Formaliza tu negocio. RIF, registro mercantil y cuentas en orden. El programa apuesta por empresas formales, y un jurado verá con mejores ojos un negocio que ya dio ese paso.
  • Ten números, no solo ideas. Estructura de costos, flujo de caja proyectado y evidencia de clientes. Mendoza lo advirtió, al decir que cuando el entorno es duro, las ideas también tienen que ser más sólidas.
  • Piensa en la cadena de valor. Si tu negocio puede venderle a una empresa de consumo masivo (empaques, logística, mantenimiento, tecnología, insumos agrícolas), la vía de proveedores puede ser más valiosa que el capital.
  • Sigue @1000EmpresasPolar. Allí se anunciarán las convocatorias de capital semilla y proveedores

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