
Este sábado se instalará un mecanismo de negociación sui generis que, ciertamente, no está previsto de manera expresa en la Constitución. Sin embargo, durante los últimos veintisiete años Venezuela ha sido escenario de decisiones, actuaciones y resoluciones que, con frecuencia, se han apartado —e incluso han contradicho— el texto constitucional. La paradoja es que este nuevo mecanismo nace precisamente con el propósito de corregir ese prolongado proceso de desinstitucionalización.
Su objetivo fundamental debería ser reconstruir las instituciones indispensables para que el país pueda celebrar unas elecciones presidenciales libres, competitivas y creíbles, capaces de otorgar legitimidad al poder y abrir un período de estabilidad política.
Para ello será indispensable alcanzar acuerdos sobre aspectos esenciales: la conformación de un Consejo Nacional Electoral verdaderamente imparcial, la designación de un Tribunal Supremo de Justicia independiente y profesional, y la recuperación de las garantías institucionales que exige todo Estado democrático.
Pero existe una condición adicional que resulta ineludible si se quiere que los acuerdos sean creíbles y generen confianza dentro y fuera del país: la liberación de todos los presos políticos, civiles y militares; el levantamiento de las inhabilitaciones impuestas arbitrariamente; y la restitución de los partidos políticos a sus legítimas autoridades.
La tarea es inmensa y nadie puede garantizar de antemano su éxito. El resultado dependerá de que este mecanismo sea capaz de producir avances reales y verificables en cada uno de estos objetivos. Si lo consigue, habrá dado un paso decisivo para abrir el camino hacia una auténtica transición democrática, basada en instituciones legítimas y en el pleno restablecimiento del Estado de derecho.
Más allá de las dudas legítimas que hoy puedan existir, lo importante será juzgar este esfuerzo por sus resultados y no por los prejuicios de partida. Lo que está en juego no es el éxito de una negociación, sino la posibilidad de que Venezuela recupere, finalmente, la institucionalidad democrática que durante tantos años ha perdido.
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