
El acuerdo petrolero con Venezuela anunciado este viernes por Donald Trump es una de las medidas más polémicas que el presidente de EE.UU. ha tomado con respecto al país sudamericano.
Por bbc.com
Y eso no es poca cosa si se considera que en los últimos 12 meses el mandatario estadounidense estableció un bloqueo marítimo sobre Venezuela, ejecutó una operación militar para detener al entonces presidente Nicolás Maduro, para finalmente -en lugar de impulsar una transición democrática- terminar reconociendo a su entonces vicepresidenta, Delcy Rodríguez, como gobernante interina del país.
Este viernes, Trump informó a través de un mensaje en Truth Social que había logrado «el mayor acuerdo petrolero de la historia», a través del cual EE.UU. habría conseguido «el control mayoritario» sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo venezolano «sin coste alguno para el contribuyente estadounidense».
La información fue confirmada poco después por Rodríguez, quien señaló que el acuerdo traerá consigo inversiones por más de US$100.000 millones, así como un ingreso en tributos para el Estado venezolano de unos US$209.000 millones.
Inmediatamente comenzaron a hacerse públicas duras críticas y cuestionamientos procedentes de muy distintos sectores de la vida venezolana.
En un mensaje dirigido al secretario de Estado, Marco Rubio, uno de los artífices del acuerdo, el economista venezolano Ricardo Haussmann, profesor de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard y firme opositor al gobierno venezolano, criticó en términos muy duros lo ocurrido.
«Usted decidió utilizar el poder de Estados Unidos no para liberar a los venezolanos, sino para aliarse con nuestros opresores. Optó por impulsar una apropiación de activos, un acuerdo inconstitucional con un gobierno ilegítimo y opresivo, en lugar de utilizar el liderazgo de Estados Unidos para restablecer primero el orden constitucional y la democracia», escribió Haussmann en X.
En el otro extremo ideológico, Rafael Ramírez, quien fue presidente de la estatal Pdvsa y ministro de Petróleo durante gran parte del gobierno de Hugo Chávez, dijo que el acuerdo pasaría a la historia «por entreguista y por abrir las puertas al nuevo colonialismo de los EEUU».
«Un acuerdo de espaldas al país, evidentemente inconstitucional, que cede el control del territorio y del petróleo a una potencia extranjera», escribió en X.
BBC Mundo te explica las claves para entender este acuerdo petrolero y la polémica que ha generado.
¿En qué consiste?
El acuerdo prevé entregar a EE.UU. el control mayoritario de 17 yacimientos que representan unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano.
Esto equivale aproximadamente al 21,5% de las reservas de Venezuela, que es el país con las mayores reservas probadas del mundo, estimadas en unos 303.000 millones por la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés).
Partiendo de los datos anunciados inicialmente, el economista Francisco Rodríguez comparó el acuerdo con los términos en los que las petroleras internacionales explotaban el crudo venezolano durante la dictadura de Juan Vicente Gómez hace un siglo.
«Presidenta: según sus cifras, este acuerdo generará ingresos fiscales de apenas US$3,22 por cada barril de petróleo venezolano. Ello representa un 4,7 % del precio actual, y menos de la mitad de la tasa de regalías contemplada en concesiones otorgadas por Juan Vicente Gómez», escribió Rodríguez la noche del viernes en X.
En una alocución televisada la noche del sábado, la gobernante pareció acusar recibo de estas críticas, dijo que los venezolanos tenían derecho a saber más sobre el acuerdo y ofreció nuevos detalles.
Dijo que había sido suscrito por 25 años para el desarrollo de 17 campos estratégicos «con un objetivo de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios».
«¿Cuánto recibe Venezuela? Tomando como referencia un precio del barril de US$65 -que puede ser más, puede ser menos- los ingresos de nuestro país llegarían a un total de US$209.335 millones para el Estado venezolano».
«En términos concretos, esto significa que por cada barril producido y vendido, cerca de US$19 ingresan directamente a nuestro país», señaló.
Y aclaró que esa era la meta del acuerdo con EE.UU, pero que la producción será mayor gracias a acuerdos con petroleras internacionales como Repsol, Eni, Shell y BP.
Según Delcy Rodríguez, el acuerdo con EE.UU. buscará el desarrollo de ocho bloques verdes -aquellos en los que ya se identificó la existencia de crudo pero que aún no han sido desarrollados- con un cobro de regalías mínimas de 16% y una tasa de impuesto sobre la renta de 34%.
Además, aseguró que Venezuela mantendrá la propiedad y la soberanía sobre sus recursos.
La presidenta interina justificó este acuerdo argumentando que tener las mayores reservas de petróleo del mundo no era suficiente y que hace falta «inversión, tecnología, infraestructura, capacidad productiva» -que es lo que aportaría EE.UU.- para convertir esa riqueza en bienestar.
Luis Pacheco, académico no residente del Instituto Baker de la Universidad de Rice (Houston), le comentó a BBC Mundo que esa justificación de Rodríguez era la misma que se había usado en la década de 1990 durante el proceso de apertura petrolera que durante décadas fue satanizado por el chavismo.
«El discurso que ella dio es básicamente el discurso de la apertura petrolera de los años 90. Es un reconocimiento de que la política nacionalista ideológica del chavismo nos hizo perder 35 años, toda una generación», critica Pacheco.
¿Qué gana Venezuela con este acuerdo?
A pesar de ser el país con las mayores reservas probadas de crudo, la industria petrolera venezolana está quebrada.
En poco más de 25 años, la producción de crudo del país pasó de un récord de poco más de 3 millones de barriles diarios -justo antes de la llegada al poder de Hugo Chávez- a unos 500.000 barriles diarios en su peor momento en 2019, cuando se ubicó así en niveles similares a los del año 1950.
Ese deterioro es considerado como el resultado de años de desinversión, corrupción y politización vivida durante el chavismo, a los que en los últimos años se sumaron las sanciones de EE.UU.
«El chavismo dejó a PDVSA, a la industria petrolera y a Venezuela, en general, totalmente destruida en su infraestructura, en su industria. El chavismo simplemente acabó con eso, por ideología, por corrupción, por incompetencia», dice Ricardo Sucre, director de la firma de análisis político de SmartThinkers, a BBC Mundo.
Luis Pacheco estima que para que Venezuela pueda volver a producir aquellos tres millones de barriles diarios de 1998 hace falta invertir unos US$100.000 millones a lo largo de unos ocho años.
Ese es el mismo monto previsto en el acuerdo anunciado por Trump y Delcy Rodríguez y también la cifra de referencia que circuló en enero de este año cuando, poco después de la captura de Maduro, el mandatario estadounidense reunió a los jefes de las principales petroleras de EE.UU. para animarlas a invertir en la recuperación de esa industria en Venezuela.
Más de seis meses después, esa inversión no parece haber empezado a materializarse aún, por lo que Pacheco considera el acuerdo reciente como un segundo esfuerzo de Trump para hacerlo realidad.
Sea como sea, existe un consenso en torno a la necesidad que tiene Venezuela de esas inversiones millonarias -con las que el país no cuenta- para recuperar y modernizar su industria petrolera.
Desde ese punto de vista, ese sería un primer beneficio en caso de llegar a materializarse.
A este se sumaría el impacto que la actividad petrolera tiene sobre la economía venezolana.
«Si invierto US$100.000 millones en petróleo, también voy a vender más empanadas, más electricidad, más ropa, más de todo, porque eso tiene un efecto dinamizador de la economía importantísimo. Entonces, más allá de lo que reciba el gobierno, no es simplemente la actividad petrolera lo que interesa, sino el efecto dinamizador que tiene en todo el resto de la economía», afirma Luis Pacheco.
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