Donald Trump anunció este viernes la muerte del venezolano Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero», el fundador y máximo líder del Tren de Aragua, en una operación militar estadounidense que presentó como una de las mayores victorias de su campaña contra las organizaciones criminales transnacionales que operan en América.
El presidente de Estados Unidos hizo el anuncio a través de la red Truth Social, donde afirmó que, por orden directa suya, el Comando Sur de Estados Unidos había ejecutado una operación «rápida y letal» en Venezuela para acabar con quien describió como el dirigente de «una de las organizaciones terroristas más sanguinarias del planeta».
Trump difundió también un vídeo en el que se observa el ataque. Las imágenes muestran lo que parece ser una construcción aislada en una zona remota, con techo verde y rodeada de vegetación. Segundos después, un misil impacta directamente sobre el edificio, provocando una explosión y una gran nube de humo.
La Casa Blanca no ha ofrecido por ahora detalles sobre la ubicación exacta de la operación ni sobre los medios militares empleados, pero el vídeo fue presentado por el presidente como prueba de la eliminación del líder criminal venezolano, con apoyo, dijo «de nuestros amigos en Venezuela, con quienes trabajamos muy bien».
«El Ejército de Estados Unidos ha llevado justicia a las familias de sus víctimas», escribió Trump. En su mensaje vinculó la operación con varios delitos de sangre que han marcado el debate político sobre inmigración y seguridad durante los últimos años, citando expresamente a Jocelyn Nungaray, una niña de doce años asesinada en Texas, y a Laken Riley, la estudiante universitaria cuyo asesinato se convirtió en uno de los símbolos de la campaña republicana sobre la crisis fronteriza.
La muerte del Niño Guerrero representa el final de una de las búsquedas más importantes emprendidas por las autoridades estadounidenses contra una organización criminal latinoamericana. Durante años, Guerrero fue considerado uno de los hombres más buscados del continente. Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta cinco millones de dólares por información que condujera a su captura o condena.

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