Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

jueves, mayo 14, 2026

ESPUMA Y PROGRESO Por Douglas Zabala



Las primeras guayacolitas bien frías, tomadas por los maracuchos, distintas a la ya existente Cerveza Zulia, salieron a la calle un 14 de mayo de 1929. Aquel día, Maracaibo no solo estrenaba una nueva espuma, sino que inauguraba un emblema industrial que, casi un siglo después, sigue latiendo al ritmo del Lago.

 

Para entender el nacimiento de la Cervecería Regional, hay que situarse en el Maracaibo de los locos años veinte. Para 1929 cuando se fundó la Cervecería Regional, Maracaibo era una ciudad cosmopolita y caótica que se debatía entre su herencia colonial y el frenético embate de la modernidad.

 

La competida Cerveza Regional vio la luz en una ciudad que bullía de petróleo y contrastes, bajo la mirada de hierro de una dictadura que, paradójicamente, impulsó la modernidad. Era el debut de la «Catira» que hoy, entre memorias y el fresco aroma del tobo, nos convoca a recordar.

 

Venezuela y el Zulia de 1929 estaban firmemente sujetas a la voluntad del general Juan Vicente Gómez, el andino que gobernó con mano de hierro desde 1908 hasta su muerte en 1935. Fue en esta Maracaibo vibrante y contradictoria, bajo la presidencia en el Zulia de Vicencio Pérez Soto y a la sombra de Gómez, donde un grupo de jóvenes empresarios decidieron apostar por la industria regional.

 

Entre los que se contaban para esta iniciativa empresarial estaban Felipe Amado (quien asumiría como primer presidente), Amílcar Morales (vicepresidente), José Trinidad García, Emiro Pérez Luzardo y Alfonso Urdaneta. Ellos, junto a un grupo total de 41 accionistas, que incluía a las firmas Martínez & Atencio y Emiro A. Pérez & Co, materializaron un sueño que venía gestándose desde 1927.

 

El capital inicial para echar a andar la aventura fue de 2 millones de bolívares. Una anécdota curiosa de la época es que los estatutos iniciales establecían que, para ser accionista, se requería ser propietario de un establecimiento que comercializara cerveza en el Zulia, una ingeniosa fórmula para garantizar una red de distribución cautiva desde el principio.

 

La fábrica se construyó en un punto estratégico: La Avenida Los Haticos, a orillas del Lago de Maracaibo. Los equipos y maquinarias fueron importados desde Alemania, la meca de la cerveza en ese entonces, lo que habla de la ambición de calidad del proyecto.

 

Esa ubicación no fue casual: permitía recibir las materias primas directamente de Europa por vía marítima, lacustre o fluvial, así como despachar el producto terminado con la misma facilidad. El primer maestro cervecero fue otro alemán, Franz Budell, a quien todos en la planta, con el cariño maracucho, apodaron «Don Pancho».

 

Apenas ocho años después de su fundación, en 1937, la “Regional” alcanzaría un hito internacional al recibir la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de París, un logro que la convierte, hasta el día de hoy, en la única empresa cervecera venezolana en ostentar esa distinción.

 

Parte fundamental de la identidad de la marca, especialmente a partir de su renacimiento en los años 90, fue su imagen comercial: «La Catira Regional». Esta figura de una mujer rubia y exuberante se convirtió en un ícono de la cultura popular venezolana.

 

Durante casi dos décadas, entre 1995 y 2011, la identidad de la modelo que encarnaba a «La Catira» fue un misterio celosamente guardado por contrato de exclusividad. Posteriormente, se reveló que se trataba de la maracucha Alexandra Cardona, quien se convirtió en el rostro y cuerpo de la marca, asociándose instantáneamente al sabor ligero y refrescante de la Regional Light.

 

Décadas después, ya en el ocaso del siglo XX, la historia de la cervecera dio un nuevo giro. En 1992, el poderoso Grupo Cisneros adquirió la Cervecería Regional. Con una inversión millonaria, no sólo expandió el mercado de la marca a todo el país, sino que apostó por la tecnología de punta.

 

Hoy, la Cervecería Regional sigue en pie, con su planta madre en la avenida Los Haticos conservando sus históricas pailas de cobre como testigos mudos de casi un siglo de historia, reflejo de la propia Maracaibo: forjada en el tesón, que supo navegar el auge petrolero y las dictaduras, que se modernizó para conquistar nuevos paladares.

 

¡Salud! Por esos maracuchos que hace 97 años tuvieron la osadía de soñar en grande trayendo espuma y progreso al Zulia.

 

¡Luis, pásame esa catirita regional, pero la del tobo que están bien frías!

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