Hay un hombre que le habla al oído a Raúl Castro. Le susurra durante el Desfile del Primero de Mayo en La Habana, o interpone su mano si una señora quiere tocar la del expresidente, como si a la mujer le hiciera falta confirmar que realmente sigue vivo. Cuando Castro despachaba discursos ardientes —siempre menos que los de su hermano Fidel— en la Plaza de la Revolución, ahí estaba el hombre a sus espaldas, firme bajo el calor fulminante del trópico.
Si Raúl recibía al Papa Francisco en la capital cubana, ahí estaba el mismo hombre, vigilando sus pasos. Dicen quienes lo conocen que es “el niño de los ojos” de Castro. Dicen, además, que tiene un dedo extra debido a una condición congénita y que sus allegados le encasquetaron un apodo: El Cangrejo. Se nombra Raúl Guillermo Rodríguez Castro, es el nieto de Raúl y su guardaespaldas. Desde hace meses, sin embargo, parece custodiar algo mayor: no solo los hombros de su abuelo, sino el destino de su país.
Rodríguez Castro ha pasado de ser el “escolta” no solo de Castro, sino también de las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. En las conversaciones que ya estaban teniendo lugar desde inicios de año y que Cuba negaba, estaba presente El Cangrejo. A la cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM) quien viajó fue El Cangrejo para reunirse con los asesores del Secretario de Estado, Marco Rubio. Cuando en marzo el gobernante Miguel Díaz-Canel reconoció por primera vez que estaban negociando con la administración de Donald Trump, allí estaba El Cangrejo. En la despedida de los militares cubanos fallecidos durante la operación en la que capturaron a Nicolás Maduro, se le vio al Cangrejo en posición solemne. Durante la visita que hicieron funcionarios estadounidenses a La Habana el pasado 10 de abril, en la que se puso sobre la mesa el ultimátum de excarcelar a los presos políticos que Cuba no cumplió, participó El Cangrejo. Y este jueves, que el jefe de la agencia Central de Inteligencia Americana (CIA) aterrizó en la isla para “abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad”, El Cangrejo no podía faltar.
Aun así, casi ningún cubano se explica a día de hoy qué rol juega Rodríguez Castro en el momento de más tensión entre Washington y La Habana en décadas. La gente apenas sabe cómo habla, cuál es el tono de su voz, qué piensa o expresa. “El Cangrejo es importante porque es de la familia, no porque él en sí mismo tenga algún tipo de capital político individual, más que ser gente de confianza de un clan familiar”, asegura la intelectual cubana Alina Bárbara López.
Una vez, en 2017, se vio a un joven subido a una tarima en la playa Varadero, sudando, cantando, perreando al ritmo del reguetón del popular dúo Gente de Zona. Hubiese pasado desapercibido si no es por el nombre de su camiseta: usaba una de los Yankees de Nueva York, donde se leía en letras grandes: El Cangrejo. Otras de sus extravagancias por esos años también llamaron la atención: los paseos en yate, la pesca de langostas, las fiestas VIP o los viajes en aviones privados.
Aun así, la gente sigue sabiendo muy poco de Rodríguez Castro, más allá de lo que él y su familia han dejado que se sepa. Juan Juan Almeida García, hijo del fallecido vicepresidente cubano Juan Almeida Bosque, quien vivió en la casa de Raúl cuando niño, dice que, sin dudas, El Cangrejo es “su nieto favorito”. El hecho de ser el primer nieto varón, y los complejos que tenía por haber nacido con un sexto dedo, hicieron que Castro lo sobreprotegiera. “Raúl Castro siempre ha estado muy apegado a él, y el niño creció con una protección bastante exagerada por parte de su abuelo”, dijo Almeida, quien estuvo presente el día de su nacimiento, el 24 de marzo de 1984.
De 41 años hoy, Rodríguez Castro es hijo de Deborah y del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, el hombre que levantó el emporio militar y económico GAESA, y que murió repentinamente en 2022, una figura de la que se especulaba que podía llegar a dirigir Cuba. Estudió en la escuela militar Los Camilitos, se graduó de Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana, y en el año 2016 fue nombrado teniente coronel del Ministerio del Interior y jefe de la Dirección General de Seguridad Personal de Castro.
Aunque Castro lo hizo su guardaespaldas, en realidad “el abuelo es el que cuida al nieto y no el nieto el que cuida al abuelo”, dice Almeida, quien asegura que El Cangrejo cosechó una personalidad “bastante egocéntrica”.
Por mucho tiempo, la gente no adivinaba quién era ese hombre joven que aparecía todo el tiempo custodiando a Raúl. Hoy no pasa inadvertido para casi nadie. Maidelys Solano, quien ahora mismo está desesperada por la falta de luz en su barrio de Bayamo, ha oído muchos comentarios últimamente sobre la figura de El Cangrejo. “La gente sabe quién es y muchos dicen que es quien va a hacer la transición en Cuba, es lo que se comenta. Pero yo pienso que él también se tiene que ir, porque él también se ha beneficiado de todo esto”, dice.
En medio de unas negociaciones que suben y bajan de tono cada mes, donde La Habana niega detalles que Washington afirma, o alrededor de las cuales hay un secretismo que tiene a los cubanos en vilo, existen muchas preguntas alrededor de la figura de El Cangrejo: ¿Cuál es el rol de una persona que no ocupa cargos institucionales o políticos, al menos al ojo público? ¿O por qué es él una constante en los diálogos con Washington, en los que nunca se ha visto, por ejemplo, a Díaz-Canel, o ni siquiera aparece su tío, Alejandro Castro Espín?
Para el historiador y escritor cubano Enrique del Risco, hay varias posibilidades en este tablero: “La más evidente es que El Cangrejo sea el testaferro de Alejandro Castro Espín, hasta hace unos años el más claro sucesor de Raúl”, sostiene. Espín, el único hijo varón de Castro, medió durante las conversaciones con la Administración de Barack Obama que llevaron al restablecimiento de relaciones diplomáticas, pero desapareció de la vista pública tras el llamado Síndrome de La Habana.
La otra probabilidad que ve del Risco es que al Cangrejo “lo estén preparando como sucesor real de la dinastía, y sin haber ocupado nunca ningún cargo en el gobierno quieran presentarlo en sociedad como nueva figura de poder”. “Su presencia en los diálogos se justificaría por la necesidad de investirlo con una autoridad que no había adquirido hasta ahora como miembro del aparato castrista. Que nadie dentro del régimen se atreva a cuestionar la decisión de que sea representante del Gobierno cubano sin haber sido nunca parte de este, nos da una idea de la absoluta falta de criterio de un régimen que una familia maneja como asunto particular”, asegura el historiador.
El poder oculto en Cuba
La CIA llegó con una misión a La Habana: “transmitir personalmente el mensaje del presidente Trump de que Estados Unidos está dispuesto a abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero solo si Cuba realiza cambios fundamentales”, según dio a conocer un funcionario de la agencia a Fox News, el mismo que adelantó que El Cangrejo había participado del encuentro.
A pesar de que se ha confirmado que el nieto de Castro es parte del proceso de negociaciones, la imagen hecha pública por la CIA pone el foco en Ramón Romero Curbelo, el jefe de los servicios de inteligencia en Cuba, un rostro que los cubanos apenas reconocen o que no imaginan que es quien puede estar al mando de las decisiones del país. La imagen ha puesto sobre el debate público una interrogante incontestable hasta hoy: ¿Quiénes son los que realmente mandan hoy en la isla o si es identificable el aparato de poder?
La intelectual Alina Bárbara Rodríguez, quien ha enfrentado la represión de manera directa, asegura haberse percatado de que en la isla existe lo que llama “un poder formal y otro informal”. El primero, lo ocupan el presidente Miguel Díaz-Canel, junto al Primer Ministro Manuel Marrero, y otros nombres que ostentan cargos en el Gobierno o el Partido Comunista. El segundo poder es innombrable. “Es ese estado oculto, profundo, informal, es difícil de saber, porque no está hecho para que lo sepamos. Pero está claro que entre ellos hay una relación muy estrecha que tiene que ver con lo familiar, lo clientelar, y lo militar tecnocrático. Y la figura de Curbelo es fundamental en ese aparato. Por eso en las reuniones más importantes no están ninguna de las personas que tienen que ver con el estado formal”, sostiene Rodríguez.
Más allá del comunicado del Partido Comunista de Cuba, donde insisten en que en la reunión con la CIA quedó claro que Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, el encuentro con el director de la agencia, John Ratcliffe, deja varios mensajes implícitos. “Primero, la constatación de que hay un esfuerzo por parte del gobierno norteamericano por producir algún tipo de cambio en Cuba, más allá de lo que han hecho las administraciones anteriores”, asegura el historiador y politólogo Armando Chaguaceda. “Si ese cambio se traduce en un cambio económico, un paso hacia un capitalismo, con un realineamiento político a favor de EEUU sin una democratización, que no es la meta por la que hemos luchado los cubanos, habría que ver”.

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