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viernes, abril 03, 2026

¿La OTAN en fase de colapso? Por Jonathan Benavides


Como vengo diciendo desde que el Estrecho de Ormuz se puso sobre el tapete hay principalmente dos afectados por el precio del petróleo: China y Europa. En Europa esta la mayor parte de la OTAN, en ella a la vez conviven aspectos interesantes: 1) El fogoneo permanente por continuar la guerra contra Rusia en Ucrania; 2) La idea que Rusia avanzará sobre ellos en poco tiempo más; 3) Una desidia gigantesca en relación a invertir en su Defensa, algo que solamente de manera reciente han comenzado a cambiar, pero que les demandará décadas; 4) Una dependencia absoluta del poder nuclear de Estados Unidos para su defensa; 5) Una presencia masiva (salvo quizá en Polonia y Hungría) de musulmanes dispuestos a cambiar a Europa y hacer de ella parte del Islam, con Sharia incluida; 6) Liderazgos mayormente cobardes frente al desafío islámico en Europa.

En el contexto que hemos descrito, y con un gobierno de Estados Unidos que claramente definió su estrategia de seguridad nacional, donde las Américas son la prioridad principal, buscando un modus vivendi con China y Rusia, lo que lleva irremediablemente al establecimiento de “zonas de influencia” que eviten una guerra entre ellas; los socios europeos de la OTAN se muestran no sólo renuentes a colaborar con el suministro del petróleo proveniente del Golfo Pérsico, sino que algunos directamente obstaculizan lo que Estados Unidos, su aliado imprescindible, considera crítico llevar adelante contra Irán, Estado este último que desde hace décadas promueve la destrucción de esa misma Europa y ha sido liderada por el sistema teocrático más peligroso de la Historia desde las Cruzadas.

Europa no se equivocó cuando en 2003 no siguió el delirio “globalista” de baby Bush en Irak, pero lo que se desarrolla contra Irán en modo alguno es lo mismo. Profundicemos esto último: En Irak se llevó a cabo una campaña militar inicialmente convencional que derivó en una contrainsurgente; en Irán asistimos a una campaña exclusivamente convencional, centrada en las dimensiones aérea,  espacial, ciberespacial y electromagnética; en Irak no había amenaza alguna de armas de destrucción masiva; Irán si viene dedicando enormes esfuerzos para obtener armas nucleares, algo que solamente los todólogos son incapaces de comprender.

Todo lo que describimos tiene relación con un cambio de paradigma gigantesco que ocurre ante nuestros ojos. Una OTAN que viene de haber cometido un error estratégico garrafal al apostar con el “estadista” Biden por la destrucción de Rusia como Gran Potencia de una vez y por todas en los campos de Ucrania, que se negó a comprender el “pivot al Asia” que el propio Obama oficializó, que sus socios europeos pensaron que podía desentenderse de su Defensa como venían haciendo desde 1991 y que permitieron el crecimiento de una masa islámica en su territorio que no saben cómo controlar.  Esa Europa hoy coincide en su mirada con quien gobierne en Irán: que Trump sea un mal sueño y vuelva “un Biden” para seguir haciendo lo que saben. El problema es que para ello faltan por lo menos más de dos años y que en el interregno, quizá Trump produzca un cambio geopolítico que no pueda revertirse y asegure la continuidad con un nuevo presidente impulsado por el propio Trump. Veremos.

Actualizando el conflicto en el Golfo Pérsico

El régimen en Irán es (o era según algunas estimaciones) un régimen islámico, revestido de justificaciones religiosas e ideológicas en el que se justifica una guerra que, a los ojos de Irán, es existencial ya no solo del propio sistema que impera desde 1979, sino del propio liderazgo chiita que representa a millones de musulmanes que integran la facción de los duodecimanos. El continuismo radical instaurado en 1989 con el Líder Supremo Alí Khamenei, que durante años dio un carácter místico a la guerra contra Israel y Estados Unidos, terminó el 28 de febrero cuando fue alcanzado por los ataques norteamericanos e israelíes.

Desde el comienzo de esta conflagración también he señalado que, en caso de una apertura política, la posibilidad podía recaer en Masoud Pezeshkian (actual presidente de Irán) o el propio Ali Larijani, eliminado hace unos días por Israel, pero que increíblemente tenía aceptación en no pocos rincones de la política occidental. Con el daño de magnitud que ha recibido la estructura de mando (operativa y de inteligencia) en la Guardia Revolucionaria y las Fuerzas Basij, veremos cómo se las ingenia la oposición a los Ayatolá (recuerden que en su mayoría están en el exilio) para tomar el control de la situación una vez que la guerra termine.

¿Trump aprueba una dictadura militar de la Guardia Revolucionaria?. Atención con este punto porque hablamos de una fuerza militar bajo los intereses del Líder Supremo (hoy Mojtaba Khamenei) y no de las propias Fuerzas Armadas iraníes, quienes han demostrado poca o nula capacidad de desprenderse del régimen. Hay dos señales que nos indican que podemos estar delante de dos semanas críticas en cuanto definiciones: 1) Ultimátum de Trump para destruir la infraestructura energética de Irán (algo que la oposición rechaza y perjudica a un nuevo régimen) o lanzar una operación espacial en la Isla de Kharg; cúmulos de ultimátums o “preparar el terreno” para legitimar golpes más fuertes o prolongados. 2) El cambio de Israel que pasó de enfocar objetivos que puedan socavar la estabilidad del régimen a objetivos netamente militares que permitan reconstruir estas capacidades al terminar la guerra o al finalizar el mandato de Trump.

Cierro con dos ideas. El problema del acuerdo con los ayatolás radica en su propia naturaleza criminal: estos no pueden brindar ninguna garantía creíble de no intentar reconstruir sus capacidades militares (y mucho menos si la Casa Blanca pasa a ser gobernada en tres años por un destructor de la credibilidad estratégica de Estados Unidos). No creo que debamos comprar esa idea de que Estados Unidos inició esta guerra “sin objetivos estratégicos” y mucho menos confundirla con el desarrollo y final que son inciertos no por falta de estrategia: La República Islámica es un monstruo enquistado durante años cuya expansión fue solo limitada por Israel, esporádicas apariciones de Estados árabes y algunas administraciones de Estados Unidos (Obama fue muy perjudicial para esto). No olvidemos que tenemos que convivir con sanguijuelas como Pedro Sánchez que abiertamente bloquea el espacio aéreo para afectar la operativa de Estados Unidos. Pero al momento de escribir esto resaltamos la intervención del presidente Trump el miércoles 1 de abril por la noche y su amenazante frase “Stone Age”.

@J__Benavides

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