CRÓNICA NO TAN SANTA PARA ESTE JUEVES SANTO
Vos sabéis que, para entender lo que pasó en Maracaibo aquel diciembre de 1935, hay que recordar quién era Juan Vicente Gómez. Durante veintisiete años, el tirano de Los Andes gobernó Venezuela con puño de hierro: sin prensa libre, sin partidos, sin sindicatos, y con una policía secreta que sembraba el terror.
Su muerte, el 17 de diciembre de 1935, abrió una rendija de esperanza. El pueblo, harto de tanto silencio y tanta muerte, saltó a las calles en distintas ciudades. Pero los esbirros no se fueron con el dictador; muchos siguieron en sus puestos, dispuestos a mantener el orden a balazos.
Cuando se supo en Maracaibo la muerte de Juan Vicente Gómez, los estudiantes salieron a las calles a exigir el fin de la dictadura. Los más fogueados en la lucha clandestina tomaron la emisora “Ecos del Caribe” y desde allí arengaron al pueblo para que se concentrara en la plaza Bolívar.
La manifestación no se hizo esperar, pero los esbirros de la dictadura, con el coronel Pablo García al frente, ante tan multitudinaria demostración, mantuvieron el mismo comportamiento de cuando el dictador vivía, y arremetieron con violencia provocando la muerte del estudiante Severiano Rodríguez.
Aquel diciembre de 1935 los alrededores de la plaza Bolívar era un campo de batalla. Hubo saqueo y violencia ante los disparos de la policía, quienes sin cesar iban dejando una estela de muertos y heridos frente al Palacio de las Águilas, la Catedral y el Concejo Municipal.
El prelado Olegario Villalobos, demostrando su fe cristiana, cuando todavía se cruzaban los disparos, salió en auxilio de los heridos moribundos, dándoles su última bendición. Terminó el padre Olegario recogiendo con una carretilla los últimos muertos de la dictadura de Juan Vicente Gómez en Maracaibo. Pa’ que vos sepáis.
Crónica tomada de mi libro
Pá que Vos Sepáis.
Sultana del Lago Editores.
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