Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

jueves, abril 30, 2026

¡HONOR Y GLORIA A LOS TRABAJADORES Por Douglas Zabala!



Cada 1° de mayo, el mundo entero se detiene para mirar hacia atrás y hacia adelante. Hacia atrás, para honrar a aquellos obreros de Chicago que, en 1886, alzaron su voz contra la voracidad patronal para exigir algo que hoy parece elemental: la jornada laboral de ocho horas. Hacia adelante, para renovar la promesa de que la explotación no tendrá la última palabra.

 

Aquella revuelta de Chicago, donde la policía asesinó a trabajadores y líderes sindicales, se convirtió en el bautismo de fuego de una lucha que cruzó océanos y montañas. Desde entonces, el 1° de mayo no es un simple día feriado; es el símbolo universal de la resistencia obrera, el recordatorio de que los derechos no se mendigan, se conquistan con constancia, sudor y organización.

 

El movimiento obrero venezolano nació en la tolvanera y el betún de las tierras calientes de Cabimas, San Lorenzo, Mene Grande, Bachaquero y Mene Mauroa, en el año 1936. Fue allí, entre los pozos y la furia petrolera, donde los obreros se alzaron contra la voracidad de la Caribbean Petroleum Company, la Lago Petroleum Company y la Venezuela Oil Company.

 

Aquellos hombres y mujeres armados solo de coraje, fundaron las primeras organizaciones que después darían vida a la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV) a la Confederación de Sindicatos Autónomos (Codesa) a la Confederación General de Trabajadores (CGT) y a la Central  Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV). Sin ellos, no habría historia que contar.

 

Debemos recordar que, en el Zulia, cuna de la rebeldía obrera, la desaparecida “Unión de Trabajadores del Zulia” (UDTZ) dio paso a la Federación de Trabajadores del Estado Zulia (FETRAZULIA) aquel 2 de diciembre de 1944 con su primer presidente, el destacado dirigente obrero Luis Hurtado Higuera, quien pagó con su vida su férrea defensa de los trabajadores.

 

Así mismo, caída la dictadura de Pérez Jiménez, aquí en Maracaibo, el 11 de julio de 1958 en la sede de la Asociación Nacional de Empleados (ANDE), se reunieron los sindicatos para elegir un nuevo Comité Ejecutivo de la Federación de Trabajadores del Zulia (FETRAZULIA). Integrados por Juan José Del Pino, Hugo Soto Socorro, Pantaleón García, Anel Semprum, César Vergel, Efrén Parra Ríos, Juan Rincón Barboza, Julio Fuenmayor y Ali Morales. Esta es la estirpe de dirigentes que deben reivindicar quienes hoy claman por la unidad y la acción.

 

En tiempos de democracia, la lucha no cesó. Los obreros de la Compañía Ford en Valencia, los trabajadores del Aseo Urbano en Maracaibo, los textileros de Aragua, los caucheros de Firestone, Goodyear y Uniroyal en Carabobo: todos emprendieron combates clasistas que hicieron temblar a los patronos. Y cómo olvidar las permanentes y aguerridas huelgas de los matanceros de Sidor y las ferromineras de Guayana.  Así ha sido la eterna cadena de dignidad que ningún decreto oficialista ha podido romper ni romperá nunca.

 

En el año 2002, los trabajadores petroleros de todo el país impulsaron una huelga valiente. Ese movimiento llegó a su fin no por derrota patronal, sino cuando el presidente de entonces, en los medios de comunicación, pitazo en mano, ordenó el despido de más de nueve mil trabajadores de Pdvsa. Desde ese día, quienes continuaron gobernando al país, no han cesado en su afán de destruir las conquistas laborales logradas durante más de un siglo. Han violado contratos colectivos, desconocido la autonomía sindical, impuesto salarios de hambre y perseguido a todo aquel que alce la voz.

 

Hoy, en Venezuela, esa llama se ha vuelto a encender.   Los padecimientos de la clase trabajadora actual quedarán grabados como uno de los más crueles y humillantes desde aquellas primeras jornadas heroicas del siglo XIX. Salarios que no alcanzan ni para hacer un mercado, cercenamiento de la libre sindicalización, persecución policial contra dirigentes clasistas: esa es la triste cosecha de un gobierno que se autodenominaba obrero.

 

Por eso, este 1° de mayo, hagamos un alto. Recordemos también a Manuel Taborda, Max García, Luis Emiro Arrieta, Valmore Rodríguez, al legendario petrolero Jesús Faria. Y también recordemos a los caídos en Haymarket, a los huelguistas de 1936, a los despedidos de Pdvsa.

 

La historia también nos enseña que las dictaduras se acaban, que los trabajadores no se rinden. Levantemos hoy nuestras banderas sindicales. Que este 1° de mayo sea el principio del fin de la humillación. Es tiempo de luchar y vencer por la Venezuela que volverá a ser democrática.

 

¡Honor y gloria a los trabajadores venezolanos!

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