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miércoles, marzo 11, 2026

Maduro, Jamenei y el principio de sobredeterminación Por Fernando Mires


A Freud debemos el concepto de sobredeterminación. Su origen es psicoanalítico y fue formulado por Freud en 1900 en su Interpretación de los sueños. Bajo sobredeterminación entendía Freud un motivo predominante en los sueños de cada paciente, el que, desde el inconsciente, hacía su aparición onírica.

Para Freud, el concepto sobredeterminación no es determinación ni mucho menos causalismo.
Más bien se trata de una reincidencia temática, una que permite al especialista averiguar traumas, miedos y obsesiones de los pacientes.

Extraído del psicoanálisis, el principio de sobredeterminación puede ser entendido como un motivo que reaparece en diversos episodios personales e históricos.

En el texto que escribiré a continuación, por ejemplo, puede verse de qué manera la existencia de tres imperios sobredetermina acontecimientos aparentemente muy locales, dándoles un sentido que no se deduce solo del hecho en sí.

Analizados desde esa perspectiva, hechos como la decapitación del gobierno de Maduro en Venezuela, así como la eliminación de Alí Jamenei en Irán, aún siendo muy distintos entre sí, se encuentran sobredeterminados por la lucha que libran imperios como China, Rusia y Estados Unidos.
Veamos:


1. Intervenciones militares y sus motivos reales

Nunca las intervenciones e invasiones militares corresponden con las razones que esgrimen los mandatarios de los países invasores. Recordemos que Putin comenzó invadiendo Ucrania con el pretexto de que se trataba solo de una operación especial destinada a des-fascistizar ese país, cuando hasta el menos avisado de los observadores podía darse cuenta de que se trataba lisa y llanamente de un proyecto cuyo objetivo era “hacer grande a Rusia otra vez”. De la misma manera, Trump intervino en Venezuela, decapitando al gobierno, en el marco de la llamada por él misma, guerra al narcotráfico.

Poco después, Estados Unidos e Israel desatarían una guerra en Irán.

En el primer caso, ya sabemos que Trump se hizo del gobierno de Venezuela mediante la gentil cooperación de la presidente Delcy Rodríguez, hoy convertida, por fuerza de las circunstancias, en representante inoficial del gobierno estadounidense en Venezuela.
Operación absolutamente inmoral, pero estratégicamente brillante, que impidió un baño de sangre de dimensiones descomunales.

En el segundo caso, se trata de una operación conjunta entre el gobierno estadounidense y el gobierno de Israel en Irán.

2. Estrategia de Estados Unidos

Quienes intentamos transitar a través de los vericuetos de la política internacional nos dimos cuenta de que, con o sin narcotráfico, el destino del gobierno de Maduro ya estaba sellado en el texto de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicado poco antes de la intervención en Venezuela.
Ahí se establece con meridiana claridad que el gobierno estadounidense asume la "protección" del llamado Hemisferio Occidental y, mediante una alusión a la Doctrina Monroe, deja claramente establecido que Estados Unidos no tolerará la presencia de otras potencias imperiales en “su” hemisferio. Venezuela, Cuba y quizás Nicaragua ya estaban avisadas.

Justamente, las dictaduras de esos tres países habían establecido estrechas relaciones militares con la Rusia de Putin.
Más preocupante aún para el gobierno estadounidense era, sin embargo, la activa intervención económica de China.

El eslabón más débil de esa cadena dictatorial era, por cierto, Venezuela, pues ahí, bajo el mandato de Maduro, había tenido lugar el más descarado fraude electoral de la historia política latinoamericana. En la perspectiva expuesta, la presencia de Rusia y China en Venezuela e Irán aparece como un hecho sobredeterminante.

Maduro aparecía ante los ojos del mundo como un presidente ilegítimo. De ahí que, aparte de protestas formales, casi nadie salió en defensa de esa dictadura.

3. La perspectiva global

La mayoría de los gobiernos democráticos del mundo señaló que no se podía defender a un dictador como Maduro, pero a la vez tampoco se podía estar de acuerdo con la acción estadounidense, pues esta contradecía la legislación internacional.
Un recurso puramente retórico.

Desde que Putin invadió Ucrania, todo el mundo sabía que ya no existen reglas ni normas en la política internacional.
El gobierno de Trump solo se adaptó a ese mundo ilegal.

En cierto modo, podemos decir, usando la lógica de Arnold Toynbee, que Trump no hizo más que responder al desafío que provenía de la Rusia de Putin, amparada por la China de Xi.
Primero vino el reto, después la respuesta.

El mundo pertenece a los fuertes y no a los débiles, es una premisa en la que están de acuerdo Trump, Putin y Xi.

4. Intervención de Estados Unidos en Venezuela

La intervención en Venezuela fue, también desde esa perspectiva, una demostración de que Estados Unidos no dudaba en asumir el rol que se había autoconferido. Putin y Xi aceptaron esa lógica, pues al fin es también la de ellos. Por eso dejaron a Maduro solo, abandonado a su miserable suerte.

Venezuela es de Estados Unidos, nos quiso decir Trump.
Como Ucrania es mía, debe haber pensado Putin.
O como la economía mundial será mía, pudo haber pensado Xi.

5. Repartición del mundo

Nos encontramos definitivamente frente a una nueva repartición del mundo entre tres imperios. Esa es la premisa que sobredetermina la historia de las guerras de nuestro tiempo.
De esa premisa debemos partir antes de comenzar a estudiar las particularidades de cada guerra o conflicto internacional.

El hecho de que Estados Unidos, a partir de la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional, se haya declarado propietario del Hemisferio Occidental, no significa que no actuará fuera de ese hemisferio.
Lo que está en juego no es la propiedad de hemisferios, sino el lugar que ha de corresponder a cada una de las tres grandes naciones en el mundo.

6. Conflictos en Eurasia y Medio Oriente

Hoy, la guerra de los tres imperios se transforma rápidamente en una guerra de dos imperios:

  • China con Rusia como poder militar subalterno.
  • Estados Unidos con Europa, si es que Europa logra rearmarse (en contra de Rusia), como quieren Merz, Macron y el mismo Trump.

Trump permitirá a Rusia ampliarse geográficamente si Europa no asume su propia defensa. Ucrania no es la guerra de Estados Unidos. Lo dijo el mismo J. D. Vance.
Putin solo plagió esa frase.

Estados Unidos entró en guerra con Irán solo después de haber solidificado sus relaciones con otra subpotencia islámica, Arabia Saudita, en espera de que Israel eliminara al Hamas y a Hezbolá, ambos tentáculos militares de Irán.

Aprovechando las circunstancias, la ex república soviética de Azerbaiyán se levantó en armas contra Irán, desertando de Rusia y sumándose a la ofensiva estadounidense e israelí contra el régimen chií.
Con este hecho, la guerra del Medio Oriente está a punto de extenderse hacia el Cáucaso Sur, considerado por Putin como reserva natural de Rusia.

7. Rivalidad entre Estados Unidos y China

Nadie sabe cómo será resuelta la lucha final entre China y Estados Unidos, o si habrá alguna vez un enfrentamiento directo entre los dos imperios.
Lo que sí está claro es que la rivalidad será decidida por la capacidad militar, económica y estratégica de cada imperio para ejercer hegemonía a nivel mundial.
¿Cuál de esas naciones logrará atraer a más potencias intermedias?
Esa es una pregunta decisiva a la que por ahora nadie puede responder.

8. Intervenciones estratégicas recientes

Azerbaiyán muestra que en la guerra de los tres imperios cada superpotencia actúa en el momento preciso.
Estados Unidos actuó solo después de consolidar alianzas estratégicas con Arabia Saudita y tras la eliminación de Hamas y Hezbolá por Israel.

Irán acusa a Azerbaiyán de cooperar militarmente con Israel.
Con Azerbaiyán del lado de Estados Unidos e Israel, no solo Irán, también Rusia pierde un gran aliado.

9. Estrategia petrolera y sobredeterminación

En los casos de Venezuela e Irán, los sucesos están siendo sobredeterminados por la lucha de poder que libran China y Estados Unidos a nivel global.
Los jerarcas chinos aparecen como espectadores, pero son grandes actores.
La diferencia es que los gobernantes de Estados Unidos piensan a corto plazo y los de China a muy largo plazo.

10. Conclusión: descabezamiento y geopolítica

La erradicación de Maduro en Venezuela fue para Estados Unidos el preludio de una estrategia que días después se aplicaría en Irán.
En Venezuela, tomó la forma quirúrgica de una extracción.
En Irán, tomó una forma más brutal: la eliminación física de Jamenei y de sus posibles sucesores.

Estados Unidos posee suficientes reservas petroleras en su territorio y en naciones clientes como Arabia Saudita y los Emiratos, por lo que no necesita embarcarse en guerras económicamente catastróficas. Sin embargo, desea que el petróleo venezolano no lo tenga, al menos no a precios reducidos, China.

Artículo publicado en Polis: política y cultura

https://www.elnacional.com/


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