
El proceso de cambio, iniciado el 3 de enero, avanza, pero como mencioné en mi anterior columna (Un proceso inédito e irreversible), procede pausadamente con altibajos, crisis, retrocesos y aceleraciones. Ya más de la mitad de los presos políticos han sido excarcelados, incluyendo los líderes políticos más relevantes, que por cierto han empezado a declarar en reuniones políticas y en los medios de comunicación. Sin embargo, faltan todavía muchos, particularmente casi todos los presos políticos militares. El próximo paso debería ser el retorno de los líderes políticos exiliados, pero para eso hay obtener las garantías de seguridad necesarias y que se amplíe considerablemente la incipiente apertura en la libertad de expresión, de prensa, de manifestación y de asociación política. Por imperativo geopolítico y por razones de política interna norteamericana, la administración Trump no puede terminar sin que Venezuela no tenga un gobierno producto de unas elecciones libres y transparentes y además deje de tener relaciones especiales con el Irán de los Ayatollas, Rusia y grupos extremistas del Medio Oriente. Obviamente, el proceso puede concluir antes de los dos años y medio largos que faltan, pero nunca después. El “cuándo” depende de muchas variables, en buena parte impredecibles. Pero otras, pueden descifrarse, como el tiempo necesario para limpiar y actualizar el registro electoral y para que, por lo menos, una buena parte de los venezolanos en el exterior puedan votar. Para eso es obvio que tiene que haber un nuevo Consejo Nacional Electoral, que le dé garantías de pulcritud a todos los grupos políticos participantes. El proceso de cambio, tiene las fases presentadas por Rubio: estabilización, recuperación y transición política, que no son temporales, sino que se solapan. Pero, es muy probable que haya etapas temporales. La primera es el interinato actual, que probablemente podrá ser sustituido por otro, con presencia de figuras aceptables a la oposición democrática, tanto civiles como militares. La próxima elección de un nuevo Fiscal y un nuevo Defensor del Pueblo demostrará si habrá un avance sustancial en el proceso. Aun cuando los nombramientos que hará la actual Asamblea Nacional, incluyendo un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, son parte del proceso de transición y por tanto deben ser considerados temporales. Sólo la Asamblea Nacional, electa en las futuras elecciones libres, tendrá la legitimidad para hacer los nombramientos definitivos.
Dada la extrema polarización e intensidad del conflicto político de estas últimas décadas, para muchos es difícil entender que este proceso de cambio tutelado, podría implicar, antes de llegar a las elecciones libres, una etapa de gobierno interino compartido entre figuras de oposición y del chavismo, que faciliten la reinstitucionalización en paz del país. En efecto, también hay que entender que el sector del chavismo, que no haya incurrido en delitos graves de violación de derechos humanos y que esté dispuesto a respetar las reglas del juego democrático y aceptar el rol de oposición minoritaria, tendrá un espacio en el sistema político de la nueva Venezuela.
@sadiocaracas

No hay comentarios.:
Publicar un comentario